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miércoles, 22 de junio de 2022

Entrevista con Paula Ayala sobre el ascenso al gobierno del Pacto Histórico.

 Una mirada sobre la llegada al gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, desde el pequeño empresariado pereirano; sopesando las propuestas del plan de gobierno del Pacto Histórico.

En entrevista con el Diario El Politicón de Risaralda.




sábado, 26 de febrero de 2022

Economías colaborativas en Risaralda

 


Olla comunitaria a cargo de Las Weras/ Foto: Carlos Mario Marín Ossa


En el mes de febrero se ha dado inicio a la actividad de gran cantidad de propuestas de economías colaborativas, circulares, campesinas y agro ecológicas en el departamento de Risaralda. De forma especial, la actividad es más dinámica en los municipios de Pereira y Dosquebradas.

Muestras y ferias que destacan la oferta de productos y servicios que nacen desde el interés de personas y colectivos, quienes basan su propuesta en la utilización de materias primas que tienen origen en el reciclaje, en la utilización de semillas nativas y ancestrales, procesos productivos artesanales con baja utilización de agua, con materiales altamente biodegradables, orgánicos o agroecológicos. Una filosofía común se basa en los principios de cooperación y relación respetuosa entre las personas productoras, consumidoras y el medio ambiente.

Arte, espacio urbano y economía solidaria.

Mercado economías colaborativas
/ Foto: Carlos Mario Marín Ossa


La red de trueque y economía solidaria, a partir del liderazgo de varios de sus integrantes, organizó y desarrollo la jornada denominada “Arte de Calle”. La misma se llevó a cabo el pasado 6 de febrero, en el sector aledaño al Parque Olaya Herrera, ahora conocido también como Parque de la Resistencia.

Con la participación de emprendedores artesanales de la economía cooperativa de la región, se tuvo muestra de productos agrícolas, agroindustriales, ropa, libros, bebidas a base de frutas y plantas, alimentos vegetarianos, entre otros. Además de ello, se hicieron presentes artistas plásticos y grafiteros, que recuperaron una zona contigüa tomada por habitantes de la calle para el consumo crónico de sustancias psicoactivas. A través de la propuesta plástica se buscó sensibilizar a las personas del sector, para mantener en condiciones de disfrute comunitario el área intervenida; lo cual también contó con el apoyo de la empresa Autoniza.

Hacia el medio día, comenzaron las presentaciones musicales, que estuvieron a cargo de Augusto Franco, Las Polas, Otumbá, entre varias agrupaciones más.

Las Polas / Foto: Carlos Mario Marín Ossa


El almuerzo corrió por cuenta de la olla comunitaria a cargo del colectivo feminista Las Weras.


Aniversario en la Casa Verde.

En el tradicional barrio Providencia, de la capital risaraldense, se celebró el aniversario de la tienda ecológica OIKOS GREEN, que se encuentra ubicada en la calle 21 No. 20 -08.

Entrada de la tienda OIKOS GREEN
/ Foto: Carlos Mario Marín Ossa


Este 12 de febrero, las personas vinculadas al proceso económico y de intercambio en la tienda, celebraron su primer aniversario. Allí, los diferentes productos y servicios se obtienen a través del trueque con reciclaje. De acuerdo al material que las personas usuarias lleven, obtienen unos puntos, moneda llamada por los asociados como Oikoins, la cual es acumulable y no se vence en el tiempo. Cuando el usuario o la usuaria alcanzan la cantidad suficiente de oikoins, pueden acceder al producto o servicio de su preferencia.

Emily Zuluaga, una de las fundadoras de la tienda, y quien viene desarrollando desde hace años procesos de recuperación de quebradas y zonas verdes con diversos colectivos , nos cuenta que en la tienda se ofrece desde plantas, semillas y tierra abonada; hasta vinos, cervezas artesanales, ropa, jabones, pomadas, accesorios para la casa y alimentos orgánicos. Todo ello, dentro de una visión de economías circulares y sustentables.

Muchos de los productos son producidos por OIKOS GREEN, pero también tienen espacio otras personas emprendedoras, que ofrecen sus productos a quien se interesa por ellos.


Puntos y "Oikoins" / Foto: Carlos Mario Marín Ossa 





Toda esta propuesta es autogestionada y establece convenios con colegios y organizaciones sociales, para enseñarles sobre ecología y economía solidaria.


GALERÍA FOTOGRÁFICA 

Fotografía: Carlos Mario Marín Ossa

Arte de Calle.















 

OIKOS GREEN 









lunes, 10 de mayo de 2021

Hoy lloramos


 

Hoy el cielo lloró porque Lucas se despedía de su última lucha. Lloró de una forma tenue y sostenida, como cuando un dolor nos carcome muy adentro, como cuando las fuerzas sólo nos alcanzan para ir soltando nuestra angustia de a pocos. Lloramos, y el diluvio que llevamos dentro va llenando las honduras del alma, y no termina nunca de vaciarse.

Lucas se va fundiendo con el cosmos, con las gotas de lluvia, con el sol de mañana, con las aves que despiden el día. Su sonrisa está suspendida en el aire, su mágica alegría está enredada entre las ramas de los árboles. Arriba, por los cielos, pasa el helicóptero de los asesinos, con los verdugos dentro. Lo manejan las manos amputadas de quienes dispararon contra el Pueblo que los vio nacer. Las entrañas que parieron a los monstruos están secas, como secas están las almas y las bocas de quienes dieron la orden de forma soterrada. Las biblias con que rezan tienen las hojas podridas de odio y de soberbia. De allí salen versos de maldad disfrazada de armonía. Los asesinos ya no tienen sombra, porque no son humanos. Respiran pero sus ojos están opacos, porque están muertos por dentro.
A muchos kilómetros de distancia, encerrado en sus haciendas y riquezas materiales, un hombre vil y malvado desvaría con la muerte. Esa es su divisa. La maldad carcome su rostro y sus vísceras. Antes de morir intentará matar la alegría y la esperanza. Pero estas son semillas que se aferran a la vida, y el sol sale cada día. Allí pierde el asesino de miles.
Hoy estamos tristes, lloramos. El cielo está opaco, la noche apesadumbrada, el aire espeso, difícil de respirar. Lucas se funde con la tierra, con el agua, y las aves les prestan sus alas. Vuela hacia la memoria de los tiempos, de las gentes que reirán mañana, y cantarán sus canciones y bailarán sus bailes.
Los que dispararon ya se consumieron el pago en licor y en drogas. Los que pagaron para que dispararan se están comiendo un manjar a manteles, pero tiene un sabor agrio, porque su boca es amarga. El retrato que tienen en su sala ha cambiado. Ahora la maldad que disimulan con sus trajes de diseñador se refleja en los rostros de sus retratos, y quedará como herencia para sus hijos que verán como fueron de crueles y criminales sus padres; que entenderán algún día que los privilegios que les fueron dados costaron la vida y la risa, y el llanto de millones. Ese es el legado que recibirán los hijos de los asesinos.
Hoy lloramos, pero mañana sale el sol de nuevo. Y volverán a sonar los tambores y las guitarras. Y los amantes se besarán de nuevo. Mañana sale el sol, y leeremos de nuevo poesía, y cantaremos las canciones de Lucas, y volveremos a la Lucha, y seremos semilla de nuevo. Pero hoy lloramos.

@MarioossaM

miércoles, 26 de agosto de 2020

Semiótica de una violación

 


(Publicado originalmente en https://elcuartomosquetero.com/semiotica-de-una-violacion/ )

La violación de una niña indígena de la etnia Embera Katío, el pasado mes de junio, en zona rural del corregimiento de Santa Cecilia – Risaralda, por parte de siete soldados adscritos al batallón de artillería San Mateo, es uno de los más recientes casos ocasionados por la institución castrense, dentro de una actuación sistemática, a pesar de que dicha entidad lo niegue. 

Los perpetradores son soldados jóvenes y de extracción humilde, al igual que su víctima; pero adoctrinados en el desprecio por los indefensos y desvalidos ante la fuerza que les otorga el entrenamiento, el uniforme, las armas y la cultura de encubrimiento llamada “solidaridad de cuerpo” al interior de estas fuerzas armadas. No es nuevo el desprecio que la institución de marras tiene por los derechos humanos que protegen en particular a los habitantes de las zonas rurales de este país, pues es allí donde se ha librado una guerra declarada por las élites coloniales que han practicado a ultranza el despojo en las personas del campesinado y de las naciones étnicas. 

Simbólicamente, desde estos sectores despojadores se ha señalado a sus víctimas como facinerosos, bandoleros, guerrilleros, bandidos; y con ello, son declarados “enemigos internos” del Estado (entendiendo que el Estado al que se refieren son ellos mismos, la gente de “bien”). Como lo manifestaba la familia del asesinado Héctor Abad Gómez, en un documental recientemente transmitido con ocasión de la conmemoración de su martirio: “…ellos (la élite económica y política) invitan a los militares a sus reuniones, cenas y cócteles, mientras van hablando de aquellos “enemigos” que consideran afectan de manera grave sus intereses; y los matriculan en la categoría de aquellos que se debe eliminar. Los militares escuchan y actúan creyendo que hacen lo que los miembros de ese Estado necesitan”.

La violación, el asesinato, el abuso de fuerza, lo sustentan en su uniforme, en las armas que pagamos con nuestros intereses y en la interpretación particular que hacen de la Constitución Política. El pueblo humilde, enajenado a su vez durante siglos de enseñanza señorial, agacha la cabeza ante aquellos que les han indicado son “superiores” porque representan “la fuerza legítima del Estado”. 

En diferentes ocasiones, he hablado con militares y policías retirados o en actividad; y me han relatado la dinámica, los procedimientos y la doctrina con la cual los entrenan y los forman. Son de dominio público diferentes videos en donde se muestran a los soldados y policías cantando arengas sobre cómo van a perseguir, matar y violar a guerrilleros y guerrilleras (recuérdese que en Colombia, desde hace unas décadas, el profesorado, el campesinado, el movimiento sindical y social; y cualquiera que proteste en contra de las injusticias, es señalado como guerrillero). En varias ocasiones, me han contado estos uniformados cómo en los años setenta y ochenta se espiaba e interceptaba a los sindicatos; cómo recibían alguna orden a través de sus radios, para que se retiraran de un sector en donde poco después se “daba de baja a un señalado de enemigo interno”, para regresar luego ellos a realizar los trámites para el levantamiento del cadáver. Son conocidas las sistemáticas denuncias que pesan sobre militares por ejecuciones extrajudiciales, pese a lo cual, son ascendidos en el Congreso de la República por parte de las élites que allí hacen presencia. Los entes de control, acaparados por los amigos y socios de este status quo, completan el rompecabezas del dominio. Es todo un ejercicio de poder que avasalla a las minorías y esas clases indefensas y despojadas por dicha conspiración histórica. Y las iglesias diversas hacen parte de este entramado, porque tienen importantes intereses de vieja data. El poder “divino” y el terrenal van unidos en contra de los miserables.

Volviendo al hecho de la violación de la niña indígena, en Risaralda, tenemos la visita del comandante del ejército (Coronel entonces, y General recién ascendido, Eduardo Zapateiro Altamiranda, señalado desde diversas organizaciones como presunto responsable de ejecuciones extrajudiciales) al corregimiento de Santa Cecilia, con el fin de manifestar su malestar por el hecho criminal de sus subordinados. La escena no podía ser más evocadora de los días de la colonia: Los indígenas en el nivel bajo de un auditorio y el señor Zapateiro, junto con las autoridades civiles, en el nivel más alto del mismo edificio. El uso del micrófono utilizado con fruición por los representantes de la élite, y dosificado para los agraviados. Así mismo se ordenan los proyectos de Ley en el Congreso, se aprueban y se hacen cumplir: sin consultar ni escuchar a los de abajo.

Los medios de comunicación que tiene las concesiones del espectro nacional, que también son propiedad de las élites, en un intento por mostrar un equilibrio e imparcialidad que no tienen, presentan las noticias dando prioridad a las fuentes oficiales, otorgándoles mayor tiempo o generando mayorías sobre las voces divergentes y críticas. Así se maneja el poder en este platanal.

Pero no sólo se viola a los indígenas, a las comunidades afro y campesinas. También a los desarrapados de la ciudad (la clase media anda cada día más desarrapada) se les da su dosis sistemática de “vigor” policial, burgomaestre regional y local. Desde gobernaciones, alcaldías, concejos y asambleas, subidos en sus despachos o curules, se legisla y ejecuta en detrimento de la población. Son contadas las ocasiones en donde resultamos favorecidos con una decisión política. En la mayoría de los casos, está la fuerza pública para hacer cumplir la injusticia. Así ha sido desde que los gobernantes conservadores le quitaron las cédulas a los policías y militares liberales, los vetaron y convirtieron a estas fuerzas en organismos políticos armados de ideología goda. Es decir, los convirtieron en fuerzas integradas por pobres que se adoctrinan para defender a los ricos. Por supuesto, hay excepciones en donde militares y policías cumplen con la filosofía original de defender y servir a TODOS los colombianos, hombres y mujeres.

Es importante también recordar que los salvadores militares gringos (green go home) son otros violadores impunes de cuerpos de niñas colombianas y de los derechos y soberanía de quienes habitamos estas tierras nuestras.

Mucha distancia hay de ese ejército libertador que consiguió la independencia de la corona española y que debía guardar nuestra soberanía (ahora arrodillados ante un gobierno y un ejército extranjero), al de hoy que nos ha vejado la libertad y la dignidad. Mucha distancia hay de esa policía que nació como un cuerpo armado de carácter civil, con la misión de proteger a la ciudadanía, a esta que cada vez muestra más casos de abuso, de robo, de violación, de tráfico de drogas, de redes de prostitución, de malos manejos de los recursos que están a su cargo, de complicidad con las mafias.

Ojalá algún día, surja la dignidad y el valor desde quienes integran estos cuerpos armados legales, para perseguir y desterrar a quienes los han prostituido y los han convertido en asesinos de su propio pueblo.

Hay un cambio generacional, que por sobre todo entiende de un asunto tan práctico como profundo, y es que se enfrentan ahora y lo harán, a un panorama en donde sus oportunidades son nulas por cuenta de una minoría cruel y salvaje. Dentro del marco de este Estado Nacional (que decae y se extingue), son estas nuevas generaciones un torrente incontenible que amenaza a esa clase jurásica que nos mantiene atados a las condiciones del medioevo europeo, la misma que sólo conoce como receta de respuesta la represión y la violencia. Esa misma receta que la élite ha dosificado como un remedio, en las mayores cantidades que la viene suministrando, se convierte ahora en el veneno que los está desapareciendo de la historia venidera.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Huertas campesinas para la vida digna.

@MarioossaM


Sobre la cordillera central, a sesenta y seis kilómetros de Pereira, capital de Risaralda, se encuentra el municipio de Apía. Enclavado sobre montañas verdes que constituyen un formidable sistema  biológico, viven gentes dedicadas a la ancestral labor de la agricultura. 
Apía es un municipio cuya economía se deriva principalmente de la producción y comercialización agropecuaria. Allí se cultiva y cosechan frutales como granadilla, pitahaya, aguacate, lulo, mora y tomate de árbol; plátano, yuca, arracacha, hortalizas varias, café y caña panelera. También cuenta con un comercio bien organizado, que ayuda a suplir las necesidades fundamentales de esta población.

Panorámica del municipio de Apía-Risaralda. Foto/Carlos Mario Marín Ossa


Apía consta de su cabecera municipal y de 45 veredas, las cuales constituyen más del 90% de los 214 kilómetros cuadrados de su extensión. Allí se pueden encontrar variados pisos térmicos como el medio que abarca 97 kilómetros cuadrados, el frío que abarca 108 kilómetros cuadrados y e páramo con una extensión de 9 kilómetros cuadrados en el Parque Nacional Natural de Tatamá (el abuelo de las aguas). Cuenta con tres ríos, el Apía, el Guarne y el San Rafael. De los cerca de 17.000 habitantes, en su área rural dispersa la mayor parte del campesinado productor se encuentra entre los 55 y 59 años.

Allí, en ese municipio de ancestro campesino, se desarrolló hace más de quince años un proceso comunitario llamado Asociación Centro de Gestión Alto San Rafael, en el cual campesinos y campesinas se encuentran para capacitarse, para decidir acerca del tipo de producción agropecuaria que desean trabajar y para buscar canales de distribución que los beneficie como productores, pero también que permita a los usuarios finales adquirir alimentos de calidad con producción limpia, sana de carácter orgánico y agroecológico.

Un proyecto para buscar la soberanía y seguridad alimentarias.

Silvio Orozco Giraldo es un ingeniero ambiental que lidera como representante legal esta Asociación, al lado de otras personas campesinas del municipio.  Luego de cubrir el trayecto desde Pereira y sorteando bastantes derrumbes en la vía, llegamos al municipio de Apía. Los derrumbes y el estado precario de la carretera en las sucesivas administraciones departamentales y nacionales no ha sido atendido debidamente, en una carretera que aspira conectar el desarrollo industrial y agropecuario del país con el pacífico a través del Chocó. 

Silvio cuenta que “el proyecto que se viene desarrollando hace cerca de dos años, fue formulado y presentado ante el ministerio de agricultura, para que este destinara los recursos financieros como fruto de los paros agrarios campesinos e indígenas de los años 2013 y 2014, a través de la CUMBRE AGRARIA, CAMPESINA, ÉTNICA Y POPULAR. Dicho proyecto busca mejorar la cantidad, calidad y oportunidad de los alimentos a que acceden las noventa familias beneficiadas, en Risaralda, Quindío y Norte del Valle.

Porque la familia campesina tradicionalmente ha cosechado su siembra y destina lo mejor de su producción al comercio, al mercado, dejando para sí lo de menor calidad. Aquí se trata de que el campesino y la campesina separe lo mejor de su producción para alimentarse y alimentar a su familia, que esa producción orgánica y agroecológica permita entregar excedentes de gran calidad a los consumidores finales, comida limpia, saludable”.
Veo y participo también en la construcción de los invernaderos que entrega el proyecto, de los elementos materiales con que quedan estas familias como fortalecimiento institucional de las mismas y de su asociatividad en escuelas campesinas agroecológicas.

Cultivos de pan coger. Producción orgánica-agroecológica.
Foto/ Carlos Mario Marín Ossa


Es una mirada de dignidad para el campesinado que produce la comida de este país y de respeto con quien la consume en pueblos y ciudades, al entregarle comida sana. Pero muy importante, un componente de filosofía política de unas comunidades que envían un mensaje que dice: aquí producimos lo que nosotros decidimos. Por todos lados este proceso rezuma dignidad.

El territorio lo ordenamos los habitantes.

En este proceso de asociatividad campesina, se han dado importantes avances de carácter político, por cuanto estas gentes de forma organizada han entendido y aprendido que el territorio donde ellas habitan se ordena de acuerdo a sus intereses, sueños y necesidades.

Los he seguido desde hace cerca de un año y medio, en los diversos encuentros, capacitaciones, compartir de experiencias, es decir en un diálogo de saberes. Debo reconocer que estos campesinos y estas campesinas me han hecho sentir profundamente ignorante – sin que sea su intención provocarme tal sentimiento – al hacer la reflexión que los títulos académicos, las experiencias citadinas, los apartamentos y casas lujosas, sólo constituyen esa imagen de la cárcel de cristal ya conocida. Cuando en las ciudades se nos vacia la nevera, debemos depender de nuevo de supermercados y grandes superficies (hoy extranjeras en su casi totalidad) para procurarnos los alimentos. Si no tenemos empleo ni dinero, pasamos hambre. Y nuestros conocimientos y vanidad no sirven para comer. Estas gentes son ricas, porque tienen cómo y de donde conseguir su alimentación. Reflexiono además, que esta es la razón de este largo conflicto armado colombiano, porque unos pocos siempre han buscado quedarse con la tierra y por ende con la riqueza de este pueblo nuestro.

Jhon Jairo Rodas, es otro de los socios fundadores de la asociación y quien también ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de estas comunidades. “Nosotros nos hemos juntado para trabajar y mejorar las condiciones de las gentes del pueblo. Hemos organizado un plan de vida, hecho por las gentes de aquí, y con ese plan de vida hemos influido en la organización del plan de ordenamiento territorial del municipio. Con la asociación logramos conseguir ese proyecto, para hacer huertas y que las familias beneficiarias tengan comida de forma permanente, comida de calidad y sana. Y de paso, se pueda comercializar lo que queda de las cosechas y conseguir unos pesos”.

Transformación de producción agrícola. Foto/Carlos Mario Marín O.


Con Jhon Jairo me encontré un domingo luego de hacer un recorrido desde la cabecera municipal hasta la vereda Alto San Rafael, a bordo del característico jeep Willis, pasando carreteras a través de bosques de niebla, pájaros y la presencia siempre imponente y mística del gran Cerro de Tatamá. Un real paseo por las nubes. Me enseñó entre otras cosas un manual formador para formadores que se trabaja en la escuela de la vereda, un módulo de agroecología que enseña a las nuevas generaciones el valor del campo y de la autodeterminación de sus gentes. Me enseñó su finca y me habló de sus sueños realizados, de su familia y de la alegría de estar con ellos en ese paraíso amado.

Ruta hacia la vereda Alto San Rafael. Apía-Risaralda. Foto/Carlos Mario Marín O.


Una chamán y curandera.

Subiendo hasta la vereda Alto Campana, en una casita rodeada de bosque nativo encuentro a doña Bertha. Ella es una mujer de ascendencia indígena, cuyos ancestros  han cuidado desde tiempos en que no había historia, al protector de estas tierras: El Tatamá. Allí se refugiaron sus ancestros y ella misma, luego de abrir un portal que los llevó a una ciudad de luz, para protegerse de los invasores. Ella regresó a este mundo porque debía descubrir su misión y cumplirla, nos cuenta a quienes estamos conversando con ella.

Luego de caminar muchos años por diversas partes de este país, de criar hijos, logró entender su misión y se regresó cerca de su cerro protector para entregar y recibir amor, y compartir su sabiduría ancestral, la curación de los cuerpos y de las almas.

Así es que se comprende la filosofía de la agroecología, en torno a la autonomía, la soberanía, la relación respetuosa con la naturaleza, con los territorios y las gentes, con los saberes ancestrales, la semilla nativa y la cultura popular campesina.

Doña Bertha. Foto/Carlos Mario Marín Ossa

De regreso a Apía, hablo con Mario Vergara, propietario de ferretería Depósito San Judas y quien ha hecho llave con la asociación para apalancar financieramente el desarrollo del proyecto, mientras que el ministerio realiza los desembolsos (que siempre llegan posteriores a la ejecución de las actividades). De esta manera el proyecto de huertas campesinas contribuye también a la dinámica económica de una región y un municipio, en donde las gentes se empoderan de las soluciones a sus problemáticas, con dignidad.

Gracias a la hospitalidad y gran cariño de las gentes de este proyecto, a Jhon Jairo, Mario Vergara, Hugo León y demás en Apía, a Doña Ana Lucía, Don Félix y demás familias en Dosquebradas,  a Evelio en Calarcá; y en general a las personas que con estas iniciativas nos conectan de nuevo con el campo y con la vida.

martes, 16 de junio de 2015

Sentipraxis en la construcción de Poder Popular en Risaralda

Por: Carlos Mario Marín Ossa


El proceso histórico que se viene dando en Risaralda por efecto del trabajo de aproximación y reconocimiento interétnico e intercultural, avanza en torno a necesidades manifiestas en la búsqueda de construcción de Poder Popular a la medida de nuestras características particulares tanto de las étnias indígenas vernáculas, de los asentamientos de poblaciones afrocolombianas y de la población mestiza. Este es un proceso que lidera el Magisterio Alternativo de Inclusión Social –MAIS– con aporte y acompañamiento del Congreso de los Pueblos en la región. Y digo que es histórico, porque impulsa el reconocimiento mutuo, la validación de los procesos de los otros actores y el convencimiento acerca de la necesidad de concentrarse en un movimiento social y popular más amplio que se fortalezca en la diversidad, con fuertes bases culturales y educativas que asimilan los elementos propios de cada étnia[i] y los llevan a enriquecer su proceso vital y cosmogónico.

Con la adopción de un compromiso militante en el desarrollo de dicho proceso, hemos llegado a convivir en diversos espacios con todas estas comunidades renunciando al protagonismo per se, colocándonos en el mismo nivel humano de sus condiciones de vida, eliminando la utilización instrumental de la que han sido objeto las clases populares en general, pero de forma más dramática las etnias indígenas y afros por razón de la tendencia arribista y racista que ha predominado en el criollato de origen y cultura eurocentrista.

Gradualmente las barreras de la desconfianza se han ido rompiendo de forma tal que unos y otros enriquecemos nuestro proceso humano, encontramos nuestros elementos comunes en el territorio, en los planes de vida y tomamos las decisiones para comenzar a avanzar de forma unificada pese a las taras históricas.



Los elementos de la IAP [ii] para superar el determinismo

El compromiso que genera el interactuar de forma permanente con nuestras comunidades, conlleva a un proceso de renacer en todos los sentidos, un Kaziyadu [iii] que potencia el sentimiento de Poder Popular, porque se apropian los elementos para romper las relaciones de sumisión entre el entrevistado y el entrevistador que por extensión se aplica al campesino y el terrateniente, al obrero y el patrón, entre las masas y los caciques, el pueblo y los intelectuales, entre el trabajo manual y mental. Es el rompimiento del esquema sujeto – objeto que genere una simetría real de trabajo y de vida como práctica de una verdadera participación [iv].  Rompiendo las relaciones de dependencia se da un proceso más calificado de la acción social y política en términos de reconocimiento mutuo de los pueblos y etnias y en avance unificado sobre plataformas de interés común.

La cultura popular en contraposición a la cultura elitista.

Uno de los mayores logros del proceso social interétnico, es precisamente entender que cada pueblo ( de los muchos que conforman el pueblo colombiano) tiene derecho y necesidad de una cultura propia.  Porque la cultura popular con toda su riqueza exalta la autonomía y la creatividad y se opone  a la colonización sectárea de la cultura elitista. La cultura elitista es de origen foráneo, herencia del atropello, el saqueo, la violación y la violencia. Esta cultura es extranjerizante e impone grupos de referencia foráneos que minimizan el aporte histórico de los nuestros.

Es por esta razón que en las grandes plazas de pueblos y ciudades – salvo contadas excepciones – no encontramos bustos y estatuas de Manuel Quintín Lame, de Álvaro Ulcué Chocué, del indígena Agualongo, de Benkos Biojó, de Camilo Torres, María Cano, de María Barilla, o del líder comunitario que mejoró las condiciones de vida de su comunidad.

La cultura popular y su fortalecimiento “constituye una reserva cultural y técnica de primer orden” [v] contra el imperialismo ideológico, la colonización de las formas y las costumbres y como proceso emancipatorio de alcance en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo.



Avanzar hacia el Poder Popular.

Como fruto de este proceso, las etnias se han cualificado desde dentro en la decisión de buscar el poder institucional en sus territorios, de avanzar hacia la representación y el liderazgo gremial, de ejercer la solidaridad social, económica y política, buscando dejar atrás los rezagos de la educación y costumbres impuestas por opresores y caciques politiqueros. Falta más, pero avanzamos hacia el Poder Popular. Llegaremos.



[i]  Me refiero de forma más amplia a la etnia indígena con la suma y participación de los diferentes pueblos asentados en el departamento, la etnia de origen afrocolombiano y la etnia mestiza. Una aclaración que recientemente me hiciera un indígena caucano en reunión del Cabildo urbano Kurmadó, en reemplazo del término razas que consideran de talante despectivo.
[ii] Investigación – Acción – Participativa, metodología sociológica desarrollada por Orlando Fals Borda que conlleva el compromiso con el sujeto que se observa, de forma tal que se hace parte de sus procesos vitales superando la observación desde la barrera. Es un proceso de aprendizaje en doble vía y de compromiso con el desarrollo de las comunidades.
[iii] Kaziyadu, renacer en idioma Huitoto. Renacer a niveles de entendimiento profundo del territorio y de las relaciones que en él se dan.
[iv] Orlando Fals Borda, Conocimiento y Poder Popular. Lecciones con campesinos de Nicaragua, México y Colombia. Siglo XXI Editores. Primera edición. 1985
[v] Orlando Fals Borda, Socialismo Raizal y el ordenamiento territorial. Ediciones Desde Abajo. 2013

lunes, 4 de mayo de 2015

NO NOS LLAMEMOS A ENGAÑOS


Por: Carlos Mario Marín Ossa

        @MarioossaM

 

En medio de un contexto de agitación política debido a las elecciones territoriales que se avecinan y en donde se juega el poder que establecido determinará el rumbo del país para los próximos años,  de las condenas cada vez más numerosas y sistemáticas del círculo de amigos, subalternos y colaboradores de un reconocido expresidente, del avance del proceso de dejación de armas y desmovilización por parte de las FARC, del  avance y profundización de las políticas neoliberales en este país a instancia de los gobiernos  de las élites económicas de Colombia; veo de nuevo a través de la televisión de canales privados, un documental acerca de la historia criminal de Pablo Escobar Gaviria, los asesinatos de líderes políticos en la década de los años ochenta y el rumbo que tomó el país en manos de un presidente que se encontró el puesto durante un funeral, que nos dio la “bienvenida al futuro” y que hoy nos tiene en ese futuro que ahora no gusta.

 

En este documental como en tantos otros documentos de orden oficial, uno de los planteamientos recurrentes es que Escobar como otros narcotraficantes eran y son los mayores enemigos del Estado y del Pueblo, que son y han sido algo así como la causa de todos los males y del estado de postración de la nación.

 

Sin desconocer que el poder corruptor del dinero del narcotráfico ha causado grandes males en todos los ámbitos, no se puede caer en la trampa de entender este sólo tópico como el gran mal nacional. El mayor mal y causa de todos los problemas que como Nación hemos atravesado a lo largo de nuestra historia es la gran desigualdad social y económica fomentada por un pequeño grupo de familias de la élite criolla, que desde los albores de la colonia se apoderaron de la riqueza nacional a través del despojo de los habitantes originarios y posteriormente de la explotación de los demás colombianos de cualquier extracción social diferente a la suya. Esas élites y la desigualdad que han promovido, son los generadores de fenómenos criminales como el tráfico de estupefacientes y de quienes a través de él han encontrado el camino para salir de la miseria aun cuando sea delinquiendo.

Esa pequeña élite ha sido la real promotora del odio de clases que llevó a grandes sectores de campesinos, obreros y desposeídos a movilizarse y exigir el reconocimiento de sus derechos durante el siglo veinte, pero también a tener que esconderse y armarse para impedir su asesinato sistemático cuando en las décadas de los treinta y cuarenta se decidieron a invadir las tierras de latifundio que se encontraban sin explotación económica mientras millones de campesinos morían de hambre en los campos, pueblos y veredas como en los barrios humildes de las ciudades.

Esas élites han utilizado todos los medios para mantener y aumentar la brecha de desigualdad social, como forma de mantener el disfrute de sus prebendas y su nivel de opulencia y derroche. Las élites han utilizado el fraude electoral a través de la corrupción del dinero, cuando esto no ha sido suficiente han utilizado la violencia de las armas tanto del Estado como las paramilitares. Otra de las formas que utiliza la élite es la del adoctrinamiento de las clases populares para convencerlas acerca de que los voceros de dichas élites y sus partidos representan los intereses de estos pobres crédulos. Es inconcebible ver a un colombiano de las clases populares militando en los partidos políticos de la oligarquía nacional. La religión ha sido otra arma utilizada por la élite para dominar la mente y el corazón del sector popular.

Las élites auparon y sustentaron el acceso de los sectores medios relacionados con el narcotráfico, a los niveles de representación política colegiada y a las administraciones de todos los órdenes territoriales. Esto con el fin de utilizar el conocimiento criminal de estos sectores para coaccionar al electorado humilde y para garantizar el saqueo del erario. Esta opinión se puede apoyar en innumerables documentos periodísticos, históricos e investigativos. Es conocido – aunque oficialmente no se exponga – que en diferentes períodos “honorables” empresarios y colombianos de élite se beneficiaron del dinero del narcotráfico y acrecentaron sus fortunas o salvaron los tiempos de crisis económica a través de este medio. Hoy en todo el país se escuchan voces de esas élites, que claman por recuperar la dignidad nacional, de departamentos y municipios, ahora que esos sectores de “nuevos ricos” que una vez utilizaron para manipular la política y atracar los dineros públicos se les salieron de las manos y ni siquiera respetan su alcurnia y pedigree.

La salud, la educación, los recursos naturales renovables y no renovables, la tierra, la siembra de alimentos, la micro, pequeña y mediana empresa nacional, la vivienda, el trabajo y el futuro de las grandes mayorías han sido el objetivo de explotación y abuso por parte de esas élites para enriquecerse de forma continuada e incluso violan cualquier concepto y sentimiento de patriotismo y soberanía al permitir que los extranjeros determinen nuestras políticas y exploten nuestros recursos y a nuestras gentes.

Si existe un gran mal nacional, ese es el proceder de esas élites. La solución debe ser en consecuencia su remoción de los escenarios de poder y su reemplazo por voceros de los intereses de las mayorías del pueblo. La conciencia de que tenemos el derecho y el convencimiento de que podemos, debe llevarnos a avanzar en la toma del poder político para así convertir los intereses populares en derecho, sin renunciar a la utilizaciones de las acciones movilizatorias y unitarias.

En este escenario preelectoral comenzarán a presentarnos cualquier cantidad de espejismos, pero no podemos equivocarnos : no es con los partidos de las élites, ni con los partidos de los nuevos ricos que encontraremos las soluciones a los grandes males. Las alianzas contra un saqueador para colocar a otro saqueador o a su representante son tan útiles como la alianza que hizo el gobierno con unos narcos para salir de otro narco.

El destino popular está en nuestras manos, pero debemos convencernos de que podemos y decidirnos a hacerlo.