martes, 24 de diciembre de 2013

Cómo votar en blanco

Por. Carlos Mario Marín Ossa


Foto/ Carlos Mario Marín Ossa

En medio de las tensiones cada vez más abiertas, más incisivas e insidiosas, más lacerantes para el futuro de los habitantes de este país colombiano, cuando las aguas sucias de la corrupción nos llegan hasta el cuello y amenazan nuestra dignidad, nuestros derechos y valores, cuando la situación económica, política, social y cultural ha tocado fondo; en tanto que las élites económicas y políticas que detentan el poder desde la conquista y la colonia se tornan cada vez más mezquinas y le niegan a cuarenta y seis millones de compatriotas el derecho al trabajo digno, el derecho a una educación digna, el derecho a una salud digna, universal y de calidad, con goce efectivo de dicho derecho fundamental que garantiza la vida y el derecho a un futuro de autodeterminación; resurge con mayor fuerza el rechazo a esa clase económica y política corrupta que ya ni disimula cuando nos atropellan y nos roban. El voto en blanco es la salida de moda, como una vedette que nos ofrece dichas insospechadas.

Movilizacción campesina en Colombia. Exigieno sus derechos y futuro para el campo colombiano.

Efectivamente, el voto en blanco es una opción para mostrar el rechazo a esta situación calamitosa. Como ya muchos sabemos, otros sospechan y la inmensa mayoría desconoce, si el voto en blanco supera la mitad más uno de los votos válidos en unas elecciones, las mismas deben repetirse con diferentes candidatos.

Hoy por hoy, a lo largo y ancho del país cientos de colombianos lo promueven y recogen firmas para que esta opción aparezca como un candidato más. En los tarjetones a corporaciones y presidencia lo encontraremos en su ubicación habitual. La indignación de vastos sectores organizados de la población pide que se vote en blanco en las elecciones de 2014 para rechazar y combatir la corrupción rampante de la clase que hoy y ayer nos ha gobernado.



Es aquí donde debemos preguntarnos si además de la indignación desde las redes sociales y desde algunos escenarios citadinos y rurales, existen las condiciones reales y materiales de una población colombiana estructurada políticamente para asumir dicho reto a conciencia.

¿Los promotores del voto en blanco han realizado los procesos de educación política de la gran mayoría de la población para que sepan qué van a hacer cuando marquen la casilla voto en blanco, cuál es el objetivo de ello, y tengan la voluntad de hacerlo resistiendo las dádivas de los delincuentes electorales?

Movimiento salud digna. En rechazo al proyecto de reforma a la salud 210. Bogotá, Noviembre de 2013. Foto / Carlos Mario Marín Ossa


Desde mi punto de vista, creo que deben darse ciertas condiciones a saber:

1.    ¿Sabe la mitad más uno de los colombianos inscritos en el censo electoral qué es el voto en blanco, qué representa?

Porque el voto en blanco es el mensaje que envía un ciudadano a la clase política en contienda, y que dice que ninguno de los candidatos inscritos en una elección, representan los intereses del mismo. Es el rechazo al status quo vigente.

2.    ¿Comprende la mitad más uno de los colombianos inscritos en el censo electoral lo que ocurre cuando el voto en blanco triunfa en este porcentaje?

Porque si el voto en blanco alcanza el nivel de votación requerido, las elecciones deben repetirse y ninguno de los candidatos inscritos originalmente pueden participar en los nuevos comicios. Pero los partidos políticos que participen en el nuevo llamado serán los mismos y designarán otros candidatos que al final defenderán los mismos intereses de los inhabilitados por la decisión de rechazo inicial, salvo que la votación se oriente al partido o partidos que proponen y trabajan desde otras orillas de los actuales detentadores del poder (y en Colombia existen).

3.    ¿Los promotores del voto en blanco han asumido realmente la tarea de formación política del pueblo, para que este tome dicha decisión de forma autónoma y consciente?

Es una condición indispensable la educación política de la ciudadanía. Sin ella, no hay capacidad de decisión, de valoración acerca de la responsabilidad que se tiene con los problemas que nos aquejan, ni tampoco de buscar como un frente unido el triunfo del objetivo planteado. Es una cuestión de calidad y cantidad.

4.    ¿Realmente consideran los promotores del voto en blanco que no existe ni una persona, agrupación de personas o partido que representen sus anhelos, que defiendan sus derechos, que trabajen para buscar la solución a los problemas que aquejan a este pueblo en materia de equidad, de mejor y mayor distribución de la riqueza, de defensa de la producción nacional, de defensa de un trabajo digno y de calidad, de defensa de la educación para todos y como derecho, de defensa de la salud como derecho fundamental rechazando el negocio con el dolor humano, de defensa de la soberanía y el territorio rural y urbano, de defensa y movilización para que los impuestos, tasas y contribuciones que se nos cobran sean justos y acordes a las posibilidades socioeconómicas de los ciudadanos, de búsqueda de la paz, entre muchos otros temas?


Porque lo que nos ha mostrado la realidad del país en estos dos últimos años, es que personas organizadas gremial, sectorial y políticamente para la defensa de todos estos temas si existen.

Si las anteriores condiciones se cumplen (pueden ser algunas más), entonces estamos preparados como pueblo para votar en blanco y cambiar a la actual clase política de la nación. Pero si las anteriores condiciones no se cumplen, entonces con la promoción pasional del voto en blanco, terminamos siendo cómplices de los mercaderes electorales, de las bandas delincuenciales que compran conciencias e inducen al delito electoral a la ciudadanía. Y esto, porque la clase política tradicional del antigüo y nuevo frente nacional, negocia con la miseria de los colombianos. Todos sabemos que en los barrios donde impera la miseria, los votos están comprados, ese caudal electoral ya tiene dueño, y es precisamente porque la ignorancia y el hambre son sobornados con dinero, tejas, lechona y todo el vademecun de la corrupción política. Así forma la clase política corrupta sus mayorías electorales y se reeligen indefinidamente para de la misma forma apoderarse del erario.

Y hay cómplices. La clase media, los intelectuales, los abstencionistas, los indiferentes, los pasionales irreflexivos de opciones no planificadas y los temerosos.

En las condiciones actuales de formación política del pueblo colombiano, no es viable apostarle al voto en blanco. Es una gran opción, respetable y digna. Pero mientras que el clientelismo electoral captura con limosnas y dádivas el voto de los más pobres, asegurándose su permanencia en el poder, el voto en blanco le quitará posibilidades de triunfo a quienes encarnan opciones distintas y éticas del ejercicio político en bien de toda la población. Si quienes tienen mayor discernimiento sobre el fondo de los problemas que nos aquejan, y reclaman cambios estructurales, no toman la opción de llevar a los escenarios de decisión política a quienes demuestran día a día que buscan cambios que nos beneficien a todos, entonces estarán condenando a las presentes y futuras generaciones al caos, la miseria y la violencia.

Algunos ahondarán en la historia de quien escribe estas líneas y se encontrarán con que hace parte de un partido político alternativo, y que es además candidato. Las críticas, la desconfianza y el rechazo no se harán esperar. Pero la repuesta es sencilla y contundente: si los indignados reclaman cambios en el estado de las cosas, si exigen derechos, un mejor futuro, justicia y equidad, señalando a la clase política tradicional que se parapeta en el bipartidismo del frente nacional y se esconde en los partidos recién creados como estrategia de engaño y confusión, o de refugio de los indeseables por prácticas que tocan los linderos del código penal; entonces existimos ciudadanos que asumimos el reto de buscar cambios estructurales. Debemos salir de otras opciones diametralmente opuestas a las prácticas opresivas. Por supuesto hay otras personas que siguen esta misma práctica y esta lucha por un mejor futuro. Quienes asumimos el reto, esperamos también que se sumen los indignados de las redes sociales, los promotores del voto en blanco, los que rechazan la corrupción en las salas de su hogar. Sean también candidatos y asuman el deber ciudadano de buscar solución a sus problemas.

Hay esperanza. Movilización social frente al Congreso de la República. Noviembre de 2013. Foto / Carlos Mario Marín Ossa


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