lunes, 14 de diciembre de 2020

TENGO UN PELUSA EN LOS OJOS


 


Nacimos en el sur, por designio del norte, en condiciones inhóspitas e inciertas, aferrados a la vida no pedida pero amada al final. Nos han unido los avatares que llevan los hijos de los pobres, que comen carne “cada mes cuando mi padre/madre cobraba”, los zapatos desgastados y un balón de fútbol.

No hay tantas distancias desde Villa Fiorito, al sur de Buenos Aires, Argentina; hasta el barrio Campestre B en Dosquebradas, Colombia. Tan pocas, que en el año de 1986, a través de una pantalla de televisión, dos latinoamericanos provenientes de esas barriadas, sin conocerse, tenían las ilusiones soportadas en una pelota de cuero sintético.

Unos años atrás había estado sentado en la sala de una casa, acompañando a mi tío y a sus amigos de universidad, para ver algunos partidos del mundial de fútbol de 1982. No entendía mucho, y mi interés no era especial. Era aún un niño sin mayor sentido del mundo por fuera de las comidas diarias.

Pero cuatro años más tarde, comenzando la adolescencia, regresaba del colegio a mi casa, cada día de la semana, a la 1:00 de la tarde, calentaba el almuerzo que me había preparado mi madre antes de salir a trabajar, miraba los “trastes” que habían dejado mis hermanos antes de irse a estudiar; y me sentaba frente al televisor para ver los partidos del mundial de fútbol que se jugaba en México y que había comenzado el 31 de mayo.

Aún no tenía consciencia clara de lo que había representado la guerra por las islas Malvinas, y sobre la dictadura militar argentina, sólo tendría referencias a través de la película La noche de los lápices, unos años más tarde. Había visto la toma y retoma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, siguiendo las imágenes de Omaira Sánchez atrapada entre el lodo por la desidia de mandatarios que descansaban cómodos y tibios entre sábanas de olán y almohadas de plumas.

Había observado una histeria colectiva que se desató en Pereira, cuando unos volantes que se repartieron por debajo de las casas del barrio en donde crecí con mis abuelos, anunciaban la visita del ángel vengador que ajustaría cuentas con quienes encontrara en la calle. Ya me había enterado de cómo la Mano Negra estaba marcando con tinta los cuerpos de los habitantes de calle, putas, marihuaneros, hippies y ladrones, los cuales aparecían luego asesinados en las calles de la Perla del Otún.

Ya había asistido a la fastuosidad y prepotencia de Monseñor Castrillón durante las procesiones de Semana Santa; y creo que ya se había dado el primer tumulto de gentes que huían despavoridas cuando en esas procesiones estalló el cilindro de gas de un carro de papas fritas, mientras alguien gritó: “Se entró la guerrilla”.

Ya sabía del genocidio que se había iniciado contra la Unión Patriótica y veía en las paredes aledañas al centro las pintas de A Luchar. Ya había escuchado un miércoles las noticias locales de la radio anunciando la aparición de afiches en los postes aledaños al Lago Uribe Uribe, que denunciaban que Antonio Correa y Alcides Arévalo eran mafiosos. Esa misma mañana vi los afiches y también cómo desaparecieron en cuestión de minutos, tan rápido como se evaporó la noticia del dial. Ya había reventado las tejas de una casa vecina cuando me subí a los techos para caminar sobre ellos por toda la cuadra; y por supuesto, ya me había descompuesto un brazo al bajar del techo.

El fútbol que tenía antecedentes milenarios, los que se referenciaban desde la China, pasando por las tierras europeas y con vestigios en la cultura Maya, había sido estructurado y normado, como lo conocemos, en Inglaterra. El imperio y los europeos imponían condiciones.

México recibió figuras para mi descollantes como los arqueros Jean Marie Pfaff, Rinat Dasáyev, Neri Pumpido, Peter Shilton, Walter Zenga, Emerson Leao, Jöel Bats, Luis Islas. Defensas como Hans Peter Brieguel, Baresi, Passarella, Branco, Guisti, Ruggeri, Galvao, Brheme, Hans Peter Brieguel, Javier Aguirre. Mediocampistas como Michel Platini, Emilio Butragueño, Sócrates, Karl Heinz Rummenigge, Zico, Enzo Scifo, Lothar Matthäus, Ricardo Guisti, Marcelo Trobbiani, Dominique Rochetau, Jean Tiganá, Alemao, Enzo Francescoli,  Rubén Paz, Rubén Paz, Jorge Buruchaga y Diego Armando Maradona Franco. Delanteros como Antonio Alzamendi, Roberto Cabañas, Gian Luca Vialli, Aldo Serena, Telé Santana, Paolo Rossi, Gary Lineker, Careca, Emilio Butragueño, Alessandro Altobelli, Rudy Völler, Sócrates y Jean Pierre Papin. Toda la vía láctea encarnada. No he visto luego, en ningún mundial, una convergencia de figuras de tal calidad, ni un fútbol tan hermoso.

Por primera vez podía asistir a ese espectáculo tan arraigado en el ADN humano como resultado de la herencia de las culturas que nos emparentaron con los vestigios de sus comuniones rituales en el pasado. Ahora podía disfrutar de la magia de esos seres dotados con la fuerza, la plasticidad y la velocidad que todos ansiábamos tener; para ocupar un lugar en el mundo, para ser alguien, para ocupar un sitio en la historia, en la memoria y en los corazones de las gentes.

Quedaban suspendidas temporalmente las escuchas radiales de los partidos del Deportivo Pereira, en medio de las sombras de una pieza oscura, en donde podía ver a través del relato del narrador las imágenes que luego intercambiaba los lunes con mis compañeros de clase, que si tenían el dinero para asistir al estadio.

Las injusticias de los árbitros y jueces de línea eran evidentes cuando tenían que afectar con sus decisiones a los equipos suramericanos –más humildes– frente a los europeos –más poderosos–. El norte y el sur se me revelaban de forma más concreta cuando aún era un niño. Eran decisiones similares a las que los poderosos de mi comarca tomaban contra las putas, los habitantes de calle, los maricas, los marihuaneros, los hippies y los ladrones. También aquellas que ya veía en contra del abuelo o de mi madre en sus trabajos. El pez gordo se come al chico, obispo mata cura, el norte explota al sur.

Maradona ya se había echado al equipo argentino al hombro. Habían viajado (lo supe este año) sin uniformes oficiales y debieron comprar de urgencia aquella camiseta azul que utilizaron el 22 de junio, en tiendas deportivas de Ciudad de México. Los poderosos representantes de la AFA, por supuesto, llevaban sus mejores galas.

Y entonces, llega el domingo 22 de junio de 1986. A las 12:00 del mediodía estaba yo sentado en la sala de mi casa, frente al televisor, con el plato del almuerzo en las manos. Millones de latinos con el corazón como un puño. Frente a la caja mágica, un niño del sur en Colombia, veía a un pibe del sur, en Argentina. Los ingleses comenzaron a golpear al Pelusa, los árbitros a mirar para otro lado, tal como lo hacía la dictadura ante las imposiciones neoliberales de Margaret Thatcher. De pronto, en el segundo tiempo, los argentinos recuperan el balón de un ataque del equipo inglés. El balón se lo entregan a El Diego, se asocia y el rebote va al área, para que este pibe salte y con la mano de Dios doblegue al arquero de su majestad la Reina. Va esa por las Malvinas, por el petróleo robado, por la dictadura apoyada. Y luego, luego, el delirio. Maradona recibe un balón en su terreno y parte como una saeta eludiendo rivales que van quedando  tirados en el piso, impotentes ante la magia, ante la decisión, ante la venganza. Un gol para la historia, una cachetada en los terrenos del imperio, una vez que el sur le gana al norte, una vez que los hambrientos vulneran a los despojadores.

¿Cómo no amar ese sentimiento, esa dignidad alcanzada y saboreada? El tocar al poder en su cara y reírnos, sabiendo que no pueden hacer nada para borrar la historia. ¿Cómo no encumbrar a ese hombre como un Dios del sur? ¿Cómo no hacerle canciones, y dedicarle versos y hacerle una película con miradas, recursos, brazos, ojos, gargantas y corazones del sur?

El Pelusa vulneró por nosotros al poder, se le enfrentó y lo miró a la cara. Él era nuestras manos, nuestras piernas y nuestras ganas en ese momento. Con Maradona pudimos saborear la victoria, el triunfo, el salir un ratico del barro. Y siguió enfrentándose al poder de la FIFA que vulneraba jugadores y aficiones. Y se decidió por Fidel, por el Che, por Chávez, Evo, Pepe, Lula, Dilma, Correa y Cristina. Se decidió por el sur, y el norte nunca se lo perdonó. Si el norte tenía acorazados, submarinos, aviones y tanques, los latinoamericanos teníamos a Maradona, para golpearlos un poco, para imponer nuestro orgullo desde el sur.

Se equivocó en otros aspectos de su vida, como todos nosotros, pero como a un Dios se le empujó a rendir cuentas que no nos correspondía exigir ni revisar. Como lo dijo el gran Eduardo Galeano: “…es el más humano de los dioses”. Tal vez no le alcanzó el tiempo para aprender nuevos caminos como algunos podemos recorrer, para reconocer otras masculinidades. Pero también es cierto que quienes critican sin piedad y desconociendo el contexto, no comprenden nada de las profundas pasiones del alma popular.

Por ahora, ¡Dios ha muerto! ¡Larga vida a Dios!

@MarioossaM

viernes, 20 de noviembre de 2020

EL VIRUS Y EL VIRREY

 


“El patriotismo es la virtud de los sanguinarios”

Óscar Wilde   



Una enfermedad ataca al pueblo colombiano desde los tiempos de la Conquista y la Colonia, cuando estas tierras fueron invadidas y tomadas por vagos, vividores, delincuentes, violadores y frailes; que se impusieron a través de la violencia y de una fe obtusa que negaba de plano cualquier asomo de racionalidad y de ciencia. El objeto era apoderarse de estas latitudes que ofrecían inmensas riquezas para acumular y seres humanos para esclavizar, en la empresa de conseguir sin esfuerzo la fortuna que se le arrancaba a los dueños de los territorios tomados.

El agente infeccioso atacó de forma recurrente todos los espacios de la vida, para reducir los cuerpos, las mentes y las culturas; ha ido mutando a través del tiempo para resistir las defensas de los pueblos en procura de liberarse de tamaño mal y, por el contrario, infectar cada vez más seres incluso dentro de sus víctimas, de tal forma que la materia vital que contiene su poder de destrucción, se envuelva cada vez en mayores capas de protección a los remedios.

El virus se transportó en 1492 a través de los mares del Atlántico por orden de los déspotas que reinaban en la España que aún estaba inmersa en las estructuras de la edad media y el oscurantismo.

Para el 16 de septiembre de 1803, en protección del virus y su reproducción, llegó como agente el Virrey Antonio José Amar y Borbón Arguedas, de la dinastía de los Borbones ibéricos y casado por conveniencia (business are business ) con la integrante de una familia rica que esperaba fortalecer su posición social al emparentarse con alguien de la élite aristocrática.

Aunque se le reconocen desde los libros oficiales de historia una buena ejecución de sus labores militares previas a la designación (por parte de alguien más poderoso) como Virrey de la Nueva Granada, también se reseñan sus escasos o nulos méritos en términos de administración de la cosa pública, del desarrollo de la política y por supuesto del respeto de los derechos humanos (que ya tenían antecedentes en varios lugares del planeta ). Fue a la postre el último Virrey, tanto por su propia ineptitud y decadencia como por aquella que arrastraba el virus peninsular que había infectado a América Latina. Con María Francisca Villanova conformaron la última pareja que encerrada en la burbuja de sus vanidades, no atendieron las necesidades que reclamaba la población y actuando de forma altiva y pusilánime, perdieron el control en manos de grupos criollos. Estos últimos, han seguido propagando el virus y sus mutaciones, pues venían infectados.

En estos tiempos de la posmodernidad, de la posverdad y de la cuarta revolución industrial y tecnológica, aún en Colombia el virus hace presencia. La mutación más violenta y reciente ya cuenta treinta años, dejando como resultado al menos diez leyes que suprimieron las garantías de millones de trabajadores (hombres y mujeres) humildes, otras varias que convirtieron en negocio los derechos de salud y educación, otros efectos letales dieron cuenta del sector agropecuario, de la pequeña y mediana empresa manufacturera y de servicios. Han sucumbido también a la mortal mutación cerca de cinco millones de desplazados y recientemente, alrededor de doscientos muertos en por lo menos cincuenta masacres. El virus también ha atacado y despedazado un proceso de paz. En estas tres décadas, se transportó en camionetas 4 X 4, en avionetas con licencia oficial, a través de las redes sociales y de los reclinatorios de iglesias y sectas llenas de fanáticos.

Por supuesto, el virus ha favorecido con enorme generosidad a todos sus agentes infecciosos.

El actual Virrey, comparte enormes similitudes con aquel Amar y Borbón en todas las esferas de la vida personal, profesional y pública (). Inmerso en una burbuja de vanidad, soberbia e indiferencia para con las gentes vulnerables ante el virus, camina el sendero que otrora siguiera el familiar de los reyes españoles.

Dos referencias recogidas en textos, uno de historia verdel Banco de la República y otro de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, ilustran con pasmosa precisión la realidad del Virus y del Virrey que transitan los estertores del 2020:

“Los virus son como secuestradores. Invaden las células vivas y normales y las usan para multiplicarse y producir otros virus como ellos. Esto puede matar, dañar o mutar las células y enfermarle” (ver).

“Llegaron en 1803, un 16 de septiembre lluvioso, y Santafé los recibió con algarabía, gastando dinerales en agasajos de recepción. Él, con una vejez precoz, más por convicción que por condiciones físicas, padecía de una pronunciada sordera que con seguridad utilizaba a conveniencia. Tenía 60 años cuando fue nombrado virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada, el 26 de julio de 1802. A pesar de sus destrezas militares, poca o ninguna experiencia tenía en las cuestiones administrativas. Ella, varios años menor, era hija del acaudalado comerciante don Eugenio de Villanova, natural de Sadaba, de quien había aprendido a amar el dinero y manipular precios y mercancías. No era especialmente bella y nunca logró hacerse querer por sus súbditos del Nuevo Reino” (ver).

Tal vez estamos ante el último Virrey que ha sido puesto para proteger la mutación del virus que nos atormenta desde hace treinta años.

@MarioossaM

domingo, 15 de noviembre de 2020






 En este siglo veintiuno, época de la ciencia ficción, de la imaginación como factor económico, de la importancia manifiesta de los medios de comunicación y de todo lo que alrededor de ellos se da, aventurémosnos a inventarnos una historia, de mentiras, un ejercicio literario  y por cierto, disparatado; a propósito de la imposibilidad de acceder a la Feria del Libro 2020, la cual no se ha podido realizar en la ciudad por motivos de la crisis sanitaria del COVID 19. Sólo un ejercicio novelesco, repito, ficcionado; para recordar y honrar también la imaginación de nuestros maravillosos escritores y de nuestras maravillosas escritoras. Para distraernos un poco del tedio al que nos someten la cuarentena y el aislamiento social necesarios para protegernos del virus mortal.

Miranda –  Cauca

Septiembre 24 de 2020

Agencia de Prensa

 

En inmediaciones de la vereda Guatemala, jurisdicción del municipio de Miranda, departamento del Cauca, siendo aproximadamente las nueve de la mañana de este jueves; unidades del ejército nacional, en combates con un grupo narcoterrorista que delinque en la zona, dieron de baja a alias Juliana y a otros tres bandidos que la acompañaban, conocidos como alias el Mozo, alias el Amigo y alias El Invisible.

Los criminales se desplazaban en un vehículo de color beige, en cuyo interior fue encontrado abundante material de intendencia, varios kilos de base de coca, así como de marihuana tipo crippy. Fueron hallados también panfletos alusivos al gao terrorista y listas de empresarios de la zona que iban a ser extorsionados.

Esta casa periodística conoció en EXCLUSIVA detalles macabros del pasado criminal de alias Juliana, quien nació como hombre, pero quien se disfrazaba de mujer para atraer a hombres pervertidos y reclutarlos en la organización criminal. Fuentes de inteligencia del Estado nos indican que alias Juliana inició su vida de desenfreno y degenero hace aproximadamente quince años. Sin embargo, su trágico final fue el resultado de sus acciones criminales.

El alto gobierno felicitó a las unidades de héroes que neutralizaron a estos peligrosos bandidos y devolvieron la paz y la tranquilidad a la zona.

Por su parte, la jerarquía religiosa del país manifestó su apoyo al valiente accionar de las instituciones que salvaguardan la honra, vida y bienes de la gente de bien. Asimismo, señalaron que una vida de pecado, en donde se eligen opciones anti natura, sólo pueden conducir al dolor, a la abominación y a la muerte.

Finalmente, importantes personalidades del sector empresarial resaltaron la fundamental protección que reciben, al tiempo que rechazaron esa vida criminal alejada de las buenas costumbres, de la familia tradicional y del respeto a la tradición y a la propiedad; máxime en un país que está bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen de Chiquinquirá.

La noticia tal vez no fue porque una de las víctimas no murió en el acto y tenía a disposición la cámara de un teléfono celular (Puede ser una variante para el final de este cuento). Y por supuesto, porque se trata de ficción.

@MarioossaM

domingo, 20 de septiembre de 2020

UN DÍA DE FURIA

 



(Publicado originalmente en https://www.lacoladerata.co/opinion/un-dia-de-furia/ )


Comienzo por reconocer que entre la fuerza pública existen hombres y mujeres que genuinamente ingresan a estas instituciones para prestar un servicio serio, legítimo y legal a la población. Lo hemos visto. Pero, desafortunadamente, de forma histórica y en los últimos tiempos, se ha develado una actuación creciente y sistemática en donde una gran cantidad de estos efectivos se dedican a actividades de maltrato, de abuso, de complicidad y liderazgo de redes criminales que atentan contra la población y contra la nación.

La jornada de protestas e indignación que se desencadenó este nueve de septiembre en varias ciudades del país, y de forma concreta en Bogotá, terminó en una violenta ira en contra de la policía y lo que esta representa hoy para una gran porción de la población colombiana. El detonante fue el cruel asesinato del abogado Javier Ordóñez, quien reducido por dos policías, suplicaba para que pararan las descargas eléctricas de la pistola taser, sin que fueran escuchadas sus lamentaciones y las protestas de los testigos del hecho. Posteriormente, al parecer fue golpeado brutalmente en el CAI al que fue conducido, lo que eventualmente le causó la muerte.

Pero la violencia ejercida en contra de la policía, no sólo es la respuesta de una población vejada de forma insistente, creciente y sistemática por aquellos que la “deben” proteger, sino también el acumulado de las violaciones de mujeres detenidas dentro de buses y edificios policiales, los demás asesinatos como el de Dilan Cruz y del grafitero bogotano Diego Felipe Becerra, además de la mofa de muchos policías ante los reclamos de justicia, la arrogancia de los altos mandos para reconocer los crímenes, enmendarlos y erradicarlos, la desconexión e indiferencia del alto gobierno ante la realidad y la súplica del pueblo ante los abusos de todo orden que sufren día a día desde el Estado.

El fuego que se prendió anoche en Bogotá y en otras ciudades, no es sólo por el asesinato del abogado de 43 años, que deja una viuda y dos hijos huérfanos. No, en cada CAI incendiado, en cada piedra lanzada, estaba impregnada la ira y la impotencia por el hambre, por la falta de empleo, por el robo de la educación y de la salud, por la exclusión política de facto que acude a la trampa y a la violencia para “ganar”, por un Congreso que legisla en contra de las necesidades de los humildes.

No sólo se abrasaron edificaciones; también se incendiaron los cincuenta billones de pesos anuales que se roban los corruptos desde las altas esferas estatales y de los grupos económicos. En cada piedra iba encerrada una oportunidad negada, una cita médica no asignada, un muerto a las puertas de los hospitales, un dinero robado por los propietarios de las EPS. En cada vidrio roto, estaba representado el no futuro de ver cómo se le han entregado billones de dinero público a los banqueros, ganaderos, terratenientes y a Avianca, mientras se dejó que quebraran miles de empresas pequeñas y medianas; en tanto millones de colombianos y colombianas han pasado hambre a través de los años y de los meses de cuarentena.

La decadencia y degradación de la policía está a la vista de todos, por más que el actual “gobierno” insista en aplaudir las actuaciones de dicha institución y manifieste que es una institución pulcra, legítima y querida. Ninguno de estos adjetivos le es reconocida por quienes en barrios y veredas ven a diario como una gran parte de los uniformados cohonestan y participan de los males del país y de la población. Por más que desde la televisión y de la radio se intente generar una matriz de opinión favorable, los territorios atestiguan lo contrario.

Desde el nueve de abril de 1948, las élites colombianas conservadurizaron a la fuerza pública, y se transformó, a quienes habían nacido como “un cuerpo armado de carácter civil que tenía la misión de salvaguardar la convivencia y la seguridad ciudadana”, en una policía política. Por eso, la policía depende del ministerio de Defensa y no del ministerio del Interior. Pero, para las actuales condiciones de fascismo reinante, da igual que esté en una u otra cartera.

Durante las elecciones presidenciales de 2018, en mi caso particular, fui hostigado por la policía, tan sólo por llevar puesta la camiseta del entonces candidato Petro. En la visita que realizó la fórmula presidencial Ángela María Robledo a la ciudad de Pereira, entre la primera y la segunda vuelta, los policías asignados para acompañar el evento, de forma abierta hablaban mal de dicha candidatura, para que los asistentes y transeúntes de la Plaza de Bolívar los escucharan. En mi sitio de votación, en donde fui testigo electoral, los policías que se encontraban a la entrada del mismo, hostigaron y le faltaron al respeto a quienes se acercaban a saludarme. Los tildaban de guerrilleros. Es una policía política que no está al servicio de todos los colombianos.

¿Por qué no denuncié? ¿Ante quién, ante la policía?

Desde el gobierno de Uribe se incrementó de forma exponencial el reclutamiento de pie de fuerza (no es claro bajo qué parámetros y filosofía), pero allí mismo se incrementaron los desafueros policiales, dados a conocer preponderantemente a través de la prensa y la comunicación alternativa y ciudadana por medio de las redes sociales, en tanto que son desconocidos o manipulados por los medios corporativos.

Con el confeccionamiento y aprobación del vigente Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana se dio un proceso hegemónico desde las élites y las altas esferas de la institución armada, que excluyó la discusión democrática, las realidades y necesidades de la ciudadanía. Todo lo que en aquel momento se señaló como potencialmente favorecedor de los abusos contra la población civil, el desconocimiento de los derechos humanos y el recorte de las libertades civiles, se ha evidenciado como algo que ocurre al amparo del gobierno y de los medios de las élites.

Haciendo un paneo de estos medios corporativos, luego de la jornada de furia, una vez más ponen el foco en los daños a edificios e infraestructura (situación desastrosa y lamentable), pero ocultan el contexto histórico y lo que es peor, las causas estructurales, las muertes por la brutalidad policiaca, e insisten en adoptar eufemismos oficiales para denotar la situación. Valorizan los daños económicos y desconocen el valor de las vidas arrebatadas. En tanto, replican el programa de entretenimiento oficial de las seis de la tarde. Las decenas de videos y denuncias de policías disparando de forma indiscriminada sus armas de dotación, fueron ignoradas de forma deliberada por los medios de comunicación de los pulpos económicos. Sólo City TV hizo, hasta el momento de escribir estas líneas, un cubrimiento objetivo de los hechos.

¿Qué se le hace en los centros de instrucción, a los pobres que se reclutan para vestir el uniforme, para que levanten las armas contra la población que deberían proteger mientras agachan la cabeza ante los poderosos?

En la policía hay integrantes honestos, que piensan y trabajan en pro del bienestar público. A ellos corresponde desde adentro eliminar a aquellos que son abusadores y criminales amparados por un uniforme, y transformar a dicha institución en algo que esté realmente al servicio del pueblo.

@MarioossaM

sábado, 12 de septiembre de 2020

Pereira rechaza la violencia estatal




La cita para la movilización en rechazo a los más recientes actos de violencia policial en el país, inició en la Plaza de Bolívar de la capital risaraldense, desde las 4:00 p.m, del pasado 11 de septiembre.

Las voces de rechazo y arengas en contra del proceder policial, de la indiferencia oficial y del descaro con que se ha afrontado esta situación, por parte del gobierno, se fueron concentrando alrededor de un acta simbólico sobre el piso de la plaza, con el cual se representó la cantidad de vidas perdidas por la causa en cuestión.

Al son de la batucada y de la música inició la movilización. Malestar y molestia, si; pero no se presentaron desmanes ni violencia por parte de los y las marchantes. Noticias sobre cercos policiales en los posibles sitios de destino, llevaron a cambiar el rumbo final hacia el Parque Olaya Herrera. Los dispositivos policiales, entre ellos con policía a caballo se vieron desde tempranas horas de la tarde.

Previamente, el alcalde de la ciudad anunció el dispositivo y la suspensión del servicio de transporte masivo, debido a la "información" sobre desmanes. Esta actitud, de por si, generó una inseguridad y zozobra sobre hechos que no se presentaron durante el transcurso de la movilización. Sólo a la llegada a la gobernación, se dio el ataque del ESMAD con perdigones y aturdidoras, que dispersó a los manifestantes y generó allí si, zozobra. 




Entonces, se pregunta uno si la configuración de un preámbulo de incertidumbre y miedo pretendía justificar un accionar policial violento.

En un país en donde el derecho a la protesta se respeta desde la retórica, pero se ataca en la realidad, tal como ocurre con la libertad de prensa, especialmente si esta no se da desde los medios corporativos del establecimiento; las palabras del alcalde de Pereira resultaron no sólo inoportunas, además innecesarias.

Para limitar las libertades civiles, también es útil crear la sensación de miedo e inseguridad, para así proceder con la represión.

@MarioossaM

















miércoles, 26 de agosto de 2020

Semiótica de una violación

 


(Publicado originalmente en https://elcuartomosquetero.com/semiotica-de-una-violacion/ )

La violación de una niña indígena de la etnia Embera Katío, el pasado mes de junio, en zona rural del corregimiento de Santa Cecilia – Risaralda, por parte de siete soldados adscritos al batallón de artillería San Mateo, es uno de los más recientes casos ocasionados por la institución castrense, dentro de una actuación sistemática, a pesar de que dicha entidad lo niegue. 

Los perpetradores son soldados jóvenes y de extracción humilde, al igual que su víctima; pero adoctrinados en el desprecio por los indefensos y desvalidos ante la fuerza que les otorga el entrenamiento, el uniforme, las armas y la cultura de encubrimiento llamada “solidaridad de cuerpo” al interior de estas fuerzas armadas. No es nuevo el desprecio que la institución de marras tiene por los derechos humanos que protegen en particular a los habitantes de las zonas rurales de este país, pues es allí donde se ha librado una guerra declarada por las élites coloniales que han practicado a ultranza el despojo en las personas del campesinado y de las naciones étnicas. 

Simbólicamente, desde estos sectores despojadores se ha señalado a sus víctimas como facinerosos, bandoleros, guerrilleros, bandidos; y con ello, son declarados “enemigos internos” del Estado (entendiendo que el Estado al que se refieren son ellos mismos, la gente de “bien”). Como lo manifestaba la familia del asesinado Héctor Abad Gómez, en un documental recientemente transmitido con ocasión de la conmemoración de su martirio: “…ellos (la élite económica y política) invitan a los militares a sus reuniones, cenas y cócteles, mientras van hablando de aquellos “enemigos” que consideran afectan de manera grave sus intereses; y los matriculan en la categoría de aquellos que se debe eliminar. Los militares escuchan y actúan creyendo que hacen lo que los miembros de ese Estado necesitan”.

La violación, el asesinato, el abuso de fuerza, lo sustentan en su uniforme, en las armas que pagamos con nuestros intereses y en la interpretación particular que hacen de la Constitución Política. El pueblo humilde, enajenado a su vez durante siglos de enseñanza señorial, agacha la cabeza ante aquellos que les han indicado son “superiores” porque representan “la fuerza legítima del Estado”. 

En diferentes ocasiones, he hablado con militares y policías retirados o en actividad; y me han relatado la dinámica, los procedimientos y la doctrina con la cual los entrenan y los forman. Son de dominio público diferentes videos en donde se muestran a los soldados y policías cantando arengas sobre cómo van a perseguir, matar y violar a guerrilleros y guerrilleras (recuérdese que en Colombia, desde hace unas décadas, el profesorado, el campesinado, el movimiento sindical y social; y cualquiera que proteste en contra de las injusticias, es señalado como guerrillero). En varias ocasiones, me han contado estos uniformados cómo en los años setenta y ochenta se espiaba e interceptaba a los sindicatos; cómo recibían alguna orden a través de sus radios, para que se retiraran de un sector en donde poco después se “daba de baja a un señalado de enemigo interno”, para regresar luego ellos a realizar los trámites para el levantamiento del cadáver. Son conocidas las sistemáticas denuncias que pesan sobre militares por ejecuciones extrajudiciales, pese a lo cual, son ascendidos en el Congreso de la República por parte de las élites que allí hacen presencia. Los entes de control, acaparados por los amigos y socios de este status quo, completan el rompecabezas del dominio. Es todo un ejercicio de poder que avasalla a las minorías y esas clases indefensas y despojadas por dicha conspiración histórica. Y las iglesias diversas hacen parte de este entramado, porque tienen importantes intereses de vieja data. El poder “divino” y el terrenal van unidos en contra de los miserables.

Volviendo al hecho de la violación de la niña indígena, en Risaralda, tenemos la visita del comandante del ejército (Coronel entonces, y General recién ascendido, Eduardo Zapateiro Altamiranda, señalado desde diversas organizaciones como presunto responsable de ejecuciones extrajudiciales) al corregimiento de Santa Cecilia, con el fin de manifestar su malestar por el hecho criminal de sus subordinados. La escena no podía ser más evocadora de los días de la colonia: Los indígenas en el nivel bajo de un auditorio y el señor Zapateiro, junto con las autoridades civiles, en el nivel más alto del mismo edificio. El uso del micrófono utilizado con fruición por los representantes de la élite, y dosificado para los agraviados. Así mismo se ordenan los proyectos de Ley en el Congreso, se aprueban y se hacen cumplir: sin consultar ni escuchar a los de abajo.

Los medios de comunicación que tiene las concesiones del espectro nacional, que también son propiedad de las élites, en un intento por mostrar un equilibrio e imparcialidad que no tienen, presentan las noticias dando prioridad a las fuentes oficiales, otorgándoles mayor tiempo o generando mayorías sobre las voces divergentes y críticas. Así se maneja el poder en este platanal.

Pero no sólo se viola a los indígenas, a las comunidades afro y campesinas. También a los desarrapados de la ciudad (la clase media anda cada día más desarrapada) se les da su dosis sistemática de “vigor” policial, burgomaestre regional y local. Desde gobernaciones, alcaldías, concejos y asambleas, subidos en sus despachos o curules, se legisla y ejecuta en detrimento de la población. Son contadas las ocasiones en donde resultamos favorecidos con una decisión política. En la mayoría de los casos, está la fuerza pública para hacer cumplir la injusticia. Así ha sido desde que los gobernantes conservadores le quitaron las cédulas a los policías y militares liberales, los vetaron y convirtieron a estas fuerzas en organismos políticos armados de ideología goda. Es decir, los convirtieron en fuerzas integradas por pobres que se adoctrinan para defender a los ricos. Por supuesto, hay excepciones en donde militares y policías cumplen con la filosofía original de defender y servir a TODOS los colombianos, hombres y mujeres.

Es importante también recordar que los salvadores militares gringos (green go home) son otros violadores impunes de cuerpos de niñas colombianas y de los derechos y soberanía de quienes habitamos estas tierras nuestras.

Mucha distancia hay de ese ejército libertador que consiguió la independencia de la corona española y que debía guardar nuestra soberanía (ahora arrodillados ante un gobierno y un ejército extranjero), al de hoy que nos ha vejado la libertad y la dignidad. Mucha distancia hay de esa policía que nació como un cuerpo armado de carácter civil, con la misión de proteger a la ciudadanía, a esta que cada vez muestra más casos de abuso, de robo, de violación, de tráfico de drogas, de redes de prostitución, de malos manejos de los recursos que están a su cargo, de complicidad con las mafias.

Ojalá algún día, surja la dignidad y el valor desde quienes integran estos cuerpos armados legales, para perseguir y desterrar a quienes los han prostituido y los han convertido en asesinos de su propio pueblo.

Hay un cambio generacional, que por sobre todo entiende de un asunto tan práctico como profundo, y es que se enfrentan ahora y lo harán, a un panorama en donde sus oportunidades son nulas por cuenta de una minoría cruel y salvaje. Dentro del marco de este Estado Nacional (que decae y se extingue), son estas nuevas generaciones un torrente incontenible que amenaza a esa clase jurásica que nos mantiene atados a las condiciones del medioevo europeo, la misma que sólo conoce como receta de respuesta la represión y la violencia. Esa misma receta que la élite ha dosificado como un remedio, en las mayores cantidades que la viene suministrando, se convierte ahora en el veneno que los está desapareciendo de la historia venidera.

martes, 9 de junio de 2020

La suma de todos miedos



Publicado originalmente en https://elcuartomosquetero.com/la-suma-de-todos-los-miedos/



“Quien controla el miedo de la gente, se convierte en el amo de sus almas”
Nicolás Maquiavelo –
Lo que primero observé tan pronto se declaró la cuarentena nacional por causa de la declarada “pandemia” que produce la enfermedad del COVID 19, fue el silencio.
La orden presidencial a través del decreto correspondiente, habla de limitar la movilidad de la población, con el fin de reducir al máximo la interacción social física, para así, disminuir la probabilidad de propagación del virus. La gente se confinó efectivamente (por lo menos en los sectores más hacia el centro de las ciudades) y asumió el silencio atronador como un componente más del aislamiento en casa.
Los medios de comunicación del establecimiento se han dedicado a amplificar la información sobre el virus, su crecimiento de contagio y mortalidad, las regiones afectadas, el efecto sobre la economía, el mandato de confinamiento por decreto presidencial, las imágenes de fosas masivas en New York y Brasil para recibir los cuerpos de los fallecidos por la enfermedad. Pero nadie ha dicho (por lo menos yo no lo he leído o escuchado) que las familias deben adoptar el silencio como un componente más de la cuarentena.
En el sector en donde vivo, pasaron casi dos semanas antes de que alguien reaccionara y se comenzara a escuchar música de nuevo. Las gentes permanecían encerradas en sus casas y las pocas personas que salían a realizar alguna compra, saludaban con timidez al vecino o vecina que se encontraban. Casi de forma inaudible. Incluso, con la vista agachada, pegada del suelo. Igual situación he encontrado en otros sectores de la ciudad.
Los antejardines cerrados con candados y cadenas descomunales, demuestran ese miedo irracional e hipermagnificado que siente la población. No es una situación general en todo el sentido de la palabra, pero si la he visto en una porción muy importante de las gentes. El peligro, es que esa irracionalidad se contagia rápido y desencadena en violencia, en la delación del otro a quien consideramos no se adapta a los rigores de la prohibición, tal cual la entendemos de forma subjetiva, en la rendición de la razón y de la libertad a cambio de una seguridad que aceptamos para defender la vida con el costo de nuestra vida.
Aprovechando ese silencio mortal, los gobiernos abusan de todas las formas habidas: Limitan las libertades y los derechos civiles, cierran los poderes públicos, gobiernan por decreto sin ningún control, disponen de las finanzas públicas para socorrer a sus amigos, socios y financiadores, en tanto que a quienes producen la riqueza y el desarrollo de los países – los trabajadores y las trabajadoras – se les deja sin el mínimo sostenimiento. Previendo las consecuencias del nepotismo, la plutocracia y la dictadura, fortalecen el armamento de los aparatos de represión estatal (oficiales y no oficiales) para acallar las voces que necesariamente se alzarán pidiendo respuesta a las necesidades que han quedado al desnudo.
“Por que no te callas” le decía el hombre que parasita al pueblo español al expresidente Hugo Chávez, cuando este último denunciaba y cuestionaba el papel explotador de los aliados norteamericanos. “Se callan o los hacemos callar” le decía un expresidente colombiano a los manifestantes, en una correría política. “De qué me hablas viejo” respondió el presidente colombiano a un periodista que preguntaba sobre la violencia policial durante las protestas sociales antes del COVID. “Si pide implementos de protección, lo despedimos” les dicen los dueños de las EPS a médicos y enfermeras. Amenazas y asesinatos de reclamantes de tierras o liderazgos sociales que denuncian al crimen organizado que no han podido parar los militares norteamericanos que “vuelven” a luchar contra el narcotráfico, persecuciones a policías y militares que denuncian las redes criminales que se enriquecen dentro de dichas instituciones. Persecución y amenaza al periodismo investigativo que se encuentra por fuera de las organizaciones privadas del establecimiento, y que denuncia la corrupción estatal, el entramado de relaciones criminales que se mueven desde los gobiernos en contubernio con las mafias varias, y con la complicidad por acción u omisión de los otros poderes públicos.
La gente venía reaccionando antes de la “declaratoria de pandemia” y lo hará de nuevo, tan pronto se reactive una ligera normalidad. Estados Unidos se incendia ante el hartazgo de las poblaciones subalternas que han sido y son víctimas de los explotadores capitalistas, que tienen como característica la supremacía racial y social. El imperio se desmorona desde adentro, y en algunas décadas sucumbirá. La violencia que despliegan desde la élite, es la manifestación de los estertores de una agonía lenta, pero sostenida. Lo mismo le está ocurriendo a algunos poderes en nuestro país.
El silencio que nos imponen es la manifestación del miedo a su decadencia. El silencio es la marca de la larga cuarentena a la que han sometido a la población humilde de nuestro país, para acumular riqueza en sus manos y miseria y dolor en las nuestras. El silencio es el sonido del miedo. La suma de todos los miedos.
@MarioossaM

lunes, 1 de junio de 2020

Los Monstruos



“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. 
Y en ese claroscuro surgen los monstruos”
Antonio Gramsci –
 Por: Carlos Mario Marín Ossa
Los monstruos de la niñez, aquellos que nuestros padres intentaron inocularnos dentro de la psique inmadura, para controlar nuestros actos de ese presente y del futuro, son ahora simples sombras de la cultura judeo-cristiana del miedo y de la culpa.
Bordeando los tiempos de la cuarta revolución industrial, cuando la fusión paradigmática de la robótica, la cibernética, los sistemas de tecnología digital de comunicaciones, la nanotecnología, la infraestructura física, la biotecnología y la reconfiguración de la acumulación del capital se encuentran en el nuevo orden mundial; se vislumbran las realidades de la vida que tendremos en el planeta a partir de los próximos meses, años y décadas. Estas realidades incluyen la imposición de estados de excepción política, en donde la juridicidad conocida, los derechos civiles y las libertades serán objeto de persecución y escrutinio por parte de los regímenes y élites caducas y ascendentes. Los monstruos que se asoman ahora, por debajo de las camas y los comedores, son otros. Estos sí, aterradores.
Todo lo que ha ocurrido durante este “paro” mundial derivado de la crisis sanitaria, especialmente, lo ateniente a las respuestas que han dado muchos de los gobiernos para atender las necesidades sociales, muestran con bastante certeza hacia dónde tiende el futuro inmediato y de mediano plazo.
Lo primero que se ha hecho notar, es la decisión de los gobiernos ubicados más a la ultraderecha del espectro político, para favorecer y solventar los reclamos de las entidades especulativas y financieras. Bancos, sector asegurador y financiero en general, que son los parásitos de la sociedad y de la economía mundial, los “atenidos” del esfuerzo colectivo no aportan nada al sector real, no producen riqueza pero se apropian del producto del trabajo de las gentes en la forma de dinero físico y fiduciario. A ellos, los gobiernos han transferido los salvamentos multimillonarios con los impuestos de los contribuyentes. En contraposición, estos entes parasitarios, ofrecen más alternativas de endeudamiento y succión del trabajo de los seres humanos golpeados por la crisis actual.
En segundo término, se ha notado cómo los sistemas de salud y protección social no estaban preparados para atender una situación exigente, tendiente al caos. Nunca lo estuvieron, porque su función luego de las reformas mundiales iniciadas e impulsadas por el Reino Unido y Estados Unidos a finales de los años setenta, no eran para garantizar la salud y la vida de los seres humanos, si no para extraer rentas crecientes del trabajo y del ahorro de las masas populares y de las clases “medias”. En Colombia, las ARL, ni siquiera con los decretos “presidenciales” han cumplido con proteger debidamente a los trabajadores/as de la salud, por mencionar sólo este ejemplo.

En tercer lugar, el campo y la manufactura de alimentos, están sujetos a los intereses de las potencias que obligaron a firmar tratados de libre comercio, para favorecer las economías de escala de sus territorios y la distribución de sus excedentes de producción en las neo colonias. Así, el abastecimiento soberano de alimentos no puede atender la necesidad de las gentes en las ciudades de los países sometidos a tales designios y ha sufrido los vaivenes de las tasas de cambio y del intercambio externo. Por lo tanto, los ingresos de las gentes pierden el poder adquisitivo para adquirir los bienes que estas requieren, con lo que el suministro dietario por persona disminuye notablemente. El hambre es un monstruo que ha mostrado su cara en todo su horror.
Un cuarto elemento que queda al desnudo, es el alto nivel de desempleo en los países subalternos, por cuenta del sometimiento del aparato productivo local a los intereses de las potencias imperialistas que obligaron a los primeros a firmar TLCs con el beneplácito de las élites locales, que también llevan su parte en el negocio. En los países industrializados también se presentan altos índices de desempleo en razón de la creciente apropiación de técnica y tecnologías que reemplazan el trabajo humano como producto de la inobjetable realidad de la cuarta revolución industrial. A la par, los sistemas de protección social son frágiles cuando no inexistentes, para apoyar las necesidades de subsistencia de los sectores poblacionales más vulnerables.
Una quinta observación, es la amplificación sistemática del miedo, operada por los grandes medios de comunicación, con lo cual se justifican las decisiones arbitrarias y plutocráticas de los gobiernos de la élite, legitimando de paso los mecanismos de control social, tanto jurídicos como armados, sean estos estatales o paraestatales. El gobierno global en estado de excepción, limita la juridicidad conocida y aceptada así como las garantías y libertades civiles, con el argumento de una seguridad etérea pero reclamada casi al unísono. El totalitarismo está en ascenso, y con mayor razón, ahora que la actual crisis cerró las puertas a la insurrección global que tenía contra las cuerdas a los beneficiarios del status quo, en reclamación de derechos y dignidad para la vida. En Colombia, los reclamos de la gente con hambre no se responden con soluciones alimentarias, si no con pie de fuerza policial y militar.
En sexto lugar, se observa la inversión creciente y sostenida en los aparatos policiales y militares, que se fortalecen y preparan para responder con violencia ante el inminente y necesario estallido que vendrá con el regreso a la “vida productiva” una vez termine el confinamiento general, y el desempleo, el hambre, la pérdida del patrimonio, empuje a las calles a quienes reclaman soluciones de ese Estado en que depositaron todos sus sueños y esperanzas, pero que no les responderá; porque el resultado de cualquier guerra es la concentración de la riqueza en menos manos. Y esa tarea ya va quedando definida. Como se decía en la segunda guerra mundial: “Cuando veas sangre en las calles, compra”.
Una séptima observación, corre por cuenta de la pugna que comienza a asomarse entre los capitalistas de los sectores reales de la economía (agropecuario y manufacturero) y los especulativos o financieros. A los primeros, los gobiernos les han negado en diferentes medidas los instrumentos de salvamiento, mientras se los han prodigado con esmero y generosidad al sector especulativo. Esto puede llevar a una reconfiguración de bloques de poder que se disputen la producción y acumulación de la nueva riqueza luego de la “pandemia”.
Un octavo elemento que se observa, es la disputa global entre los gobiernos de Estados Nación y los gobiernos de las corporaciones mundiales, según los segundos le van sirviendo a los intereses de los imperios tradicionales o de los emergentes. En este marco, las relaciones geopolíticas, diplomáticas, económicas y de guerra, marcan otros escenarios en donde la llamada cuarta revolución industrial plantea las condiciones del juego. La biopolítica comienza a mostrar un horizonte que regirá los estadíos de guerra y de paz.
Hay un mundo conocido que muere y otro que se avecina aún en muchos rasgos insospechado. Los monstruos han comenzado a mostrar su cara. Los fascismos ya venían retomando espacios físicos, como en la moral y ética sociales y sus usos. El rechazo y amenazas que en Colombia han sufrido los trabajadores de la salud por parte de comunidades que, presas del miedo irreflexivo, los ven como amenazas a sus vidas y no como sus probables salvadores. La humillación y la esclavitud a la que sometieron a Doña Edy Fonseca, vigilante de un edificio residencial de clase alta en Bogotá, muestra el grado de utilización de las personas como objetos y recursos explotables, y el desprecio por la condición humana del otro. Las guerras geopolíticas por el dominio global entre Estados Unidos y el Bloque Asiático sumen al mundo en nuevas miserias. La amenaza del control de la vida de la gente a través de la nano y biotecnología están a la orden. El papel del brazo armado de las élites es cada vez más evidente y brutal.
Los monstruos hablan de la paz, de la democracia, de la riqueza para todos, de la seguridad y la felicidad. En la mayoría de los casos se disfrazan de centro o tercera vía, incluso citan de nuevo a Keynes y a Mao, pero en sus actuaciones y convicciones más íntimas buscan la segregación y el establecimiento de procesos de élite que los alumbren como designados naturales para regir los destinos del mundo y de las gentes.
Como en toda la historia de la humanidad, a los monstruos se les conjura mirándolos a la cara, para vencer el miedo y confrontarlos según lo requieran las circunstancias. Los monstruos se deslíen ante la solidaridad, los procesos y las convicciones comunitarias. Es en esos terrenos que los monstruos se asustan, y tratando de mostrarse fuertes con la represión y la violencia, terminan sucumbiendo a su miedo vital.

@MarioossaM

jueves, 2 de abril de 2020

El virus, el abrazo y el beso



"Mientras en Colombia los militares no tienen límite en el número de balas que usan para la guerra,
 a los médicos se les restringe el número de apósitos en una cirugía.
 Un país que no tiene límites para matar, pero sí para curar, es un país enfermo".
 -Víctor De Currea Lugo-



En la medida en que pasa el tiempo, cuando en Colombia llevamos trece días a partir de la notificación oficial del primer caso de COVID – 19, y tras una semana de la declaratoria gubernamental de “cuarentena” nacional, comienzan a aflorar no sólo informaciones más precisas y documentadas acerca de los reales alcances del virus biológico, sino también, manifestaciones de desesperación por el confinamiento obligatorio, la ebullición de los problemas sociales estructurales asociados a la gran desigualdad socio económica, la posibilidad creciente de un alzamiento popular empujado por el hambre; y el panorama del posible establecimiento de un modelo totalitario, no sólo en Colombia, sino también en diferentes partes del mundo.

Quiero plantear en esta ocasión, la necesaria reflexión que deberá tener la sociedad global y en particular, la colombiana, de cara a los asuntos más apremiantes que ha dejado al desnudo la actual crisis sanitaria mundial. Pero, lo que es aún más importante y crucial, las acciones que se deberán emprender para corregir las aberraciones actuales y contener o evitar las que se pueden desatar.

La vida, la salud y la alimentación como relaciones sine qua non.

El miedo general que ha desatado el actual coronavirus que desarrolla la enfermedad llamada COVID – 19, se soporta en la posibilidad “inminente” de perder la vida como resultado de la infección con dicho virus.

La vida, es pues, el valor supremo que se quiere hacer prevalecer y defender. Y para que el ser humano conserve la vida, necesita salud; y para tener salud y por ende vida, necesita alimentación.

Así pues, que debemos acometer las acciones colectivas organizadas, para que la soberanía alimentaria - entendida como la autonomía de una Nación para sembrar, cosechar y producir su alimento – se restablezca en Colombia, y de forma solidaria, en los países sometidos a la dictadura de las potencias económicas y militares. Pero el asunto no se queda allí, porque en paralelo se debe accionar para que al interior del país, sea un hecho la democracia en el acceso, uso y posesión de la tierra para el campesino no terrateniente ni corporativo, como también la producción para asegurarse la subsistencia digna y para abastecer la demanda en las ciudades. 

De forma transversal, es necesario renunciar al “desarrollo” de megaproyectos que vulneran el futuro hídrico y medioambiental, sin lo cual, lo arriba mencionado no es posible.

En lo que respecta al sistema de salud, queda en evidencia durante el inicio de esta crisis, que el desmonte del aparato de salud público que iniciaron los gobiernos desde inicios de los años noventa, no sólo fue configurado como el negocio de unos pocos comerciantes y financieros, adicional a ello, llevó a los mayores niveles de precariedad laboral a todo el personal asistencial y de apoyo. Contratos por OPS, sin prestaciones sociales, sin capacidad de asociación sindical, sin dotación adecuada para la protección de su propia salud y de los riesgos que su labor implica, el sometimiento del ejercicio médico a los dictámenes e intereses de castas politiqueras que parasitan las instituciones sanitarias y sus recursos, la pérdida de la autonomía médica y de la respetabilidad de la profesión.

Con la Ley 100 de 1994, el sistema de salud colombiano sufrió el ataque de una enfermedad mortal llamada Entidad Prestadora de Salud – EPS, que se queda con el 30% del dinero de la salud de la población, dinero que entra como ganancias a los bolsillos de los propietarios de las entidades parasitarias. Se cerró gran parte de la infraestructura de salud pública, y con ello, se perdieron camas, unidades de cuidados intensivos y personal idóneo – que es lo que más reclama la actual situación-. No se puede olvidar el robo de los recursos de hospitales y clínicas que hoy hace falta para habilitar las condiciones de salud pública que exige el ataque del coronavirus. Tampoco se puede olvidar que el presupuesto de guerra – para matar – es mayor que el presupuesto para la salud – para salvar vidas – [1] o que el enfoque de prevención en salud es menos importante para los gobiernos, que el enfoque de atención a la enfermedad – que es donde hacen negocio las farmacéuticas, los intermediarios financieros, los propietarios de clínicas privadas, de distribución de equipos e insumos médicos.

Finalmente, cabe preguntarse si la mayor afectación territorial del coronavirus, en términos de casos fatales, tiene una asociación directa a la situación de la contaminación ambiental, a los “clusters” industriales que manejan materiales tóxicos en sus procesos – como al parecer ocurre en el caso italiano, en la región de Lombardía [2] - y a la combinación de esta condición con el desmantelamiento del sistema de salud pública.

Un modelo económico que no naufrague ante las guerras comerciales imperiales.

Colombia debe enfocarse en un modelo económico que no dependa del petróleo o de la explotación a gran escala de minerales, lo que no sólo deja graves afectaciones al medio ambiente, al tejido social de las comunidades y territorios, sino que además poco o nada aporta en términos de generación de empleo y de dignidad del mismo. Hay que retomar la senda abandonada de la industrializaciones de sectores estratégicos y del desarrollo de las fuerzas productivas [3].

La dependencia de los ingresos de la Nación como aporte de estos productos, nos somete al vaivén de las guerras comerciales de las potencias, como bien se aprecia con lo que ocurre ahora mismo entre China, Estados Unidos y Rusia. Al momento de escribir estas líneas, el precio del petróleo de la referencia con que hacemos los cálculos económicos en el país, había caído hasta 22 dólares por barril. Con el menor ingreso de dólares por este concepto y el retiro de capitales especulativos, el precio de la divisa alcanza precios históricos de sobrepasan los 4000 pesos por dólar. Y recordemos que la deuda externa se paga en dólares, al igual que las importaciones; y hoy por hoy, importamos cerca de 16 millones de toneladas anuales de alimentos agrícolas, que bien podíamos producir en nuestro país. Agreguémosle a este coctel, el desempleo estructural sumado al que van a producir la recesión económica y la quiebra de empresas, por  cuenta del paro obligado de las empresas, para cumplir la cuarentena. El batido puede traer como resultado un estallido social de proporciones insospechadas. La política económica ha sido la de despojar al máximo a la población, de sus condiciones materiales de supervivencia; y ante la actual situación, el hambre aflora con gran rapidez y pronto desatará el instinto animal de supervivencia. Ya sabemos lo que ocurre en esta situación.

La defensa ideológica, del tejido cultural y social en contra del totalitarismo.

Como he leído durante estos últimos días, en algún medio alternativo, “lo primero que se requiere para que exista una pandemia, es que haya una declaratoria de pandemia por parte de un ente oficial” [4]. Y en el caso que nos acomete, dicha declaratoria ha corrido por cuenta de la OMS –Organización Mundial de la Salud – la cual como ellos mismos lo reconocen, se financia en un 75% a través de donaciones “voluntarias” de “asociados” [5]. Y de acuerdo a la información que suministran diversos investigadores, muchos de esos asociados corresponden a quienes tiene participación y otros intereses en la corporación farmaceútica. Por supuesto, una declaratoria de pandemia, los pone en el centro del negocio de la cura para la enfermedad. No quiero desconocer con esto, el riesgo de contagio de una nueva cepa de coronavirus, que compromete la salud y la vida de los contagiados, y cuyo coeficiente de contagio parecer ser mucho más alto que el de otras enfermedades, pero su tasa de mortalidad, mucho menor que otras. Tampoco entraré a debatir sobre el origen biológico natural o inducido.

Lo cierto, es que la propagación del miedo tiene un coeficiente muchísimo mayor que el propio virus que nos alarma, el que es por demás un “enemigo invisible” que nos pone en ciernes ante la tumba. Es tan invisible ante nuestros ojos, como lo es el asesinato sistemático de líderes y lideresas sociales en la periferia de Colombia, pero esta última situación, no genera tanto alboroto en la sociedad ni en los titulares de la prensa oficial.
Y ese miedo altamente difundido y reforzado por el aparato mediático y las redes sociales, utilizando como vehículo el omnipresente teléfono inteligente, legitima las acciones coercitivas, policiales y militares, la restricción de las libertades civiles, las políticas de salvamento de la corporación financiera, y el establecimiento de un modelo totalitario que se va convirtiendo en paisaje común y voluntariamente aceptado – requerido y amado – por quienes anhelan con fervor escapar de la muerte a las que los somete ese enemigo invisible, que es pregonado con insistencia por el amplificador mediático.

Si bien es cierto, que ante el desconocimiento del actual virus y de sus alcances finales, se hacen necesarias las llamadas medidas de aislamiento social, no podemos perder de vista que es imprescindible la defensa de nuestra cultura de cercanía física y emocional, como fundamento de nuestro tejido social y cultural.

Yo me niego a que el miedo a ese enemigo invisible, me lleve a aceptar la proscripción del abrazo y del beso. Me niego a ver al otro como el potencial vulnerador de mi bienestar sanitario, por el simple hecho de existir.

La posibilidad del hiper control de nuestras vidas a través de la informática, la biometría y la invasión subcutánea del GPS biológico, es algo que debemos rechazar y resistir.

La humanidad sobrevivirá a la enfermedad, pero no lo hará frente a la destrucción del planeta, ni frente a la claudicación de la autonomía personal y colectiva de las culturas y de las Naciones.

@MarioossaM