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domingo, 3 de febrero de 2019

El Poder que sostiene al fiscal


Para ver el artículo da click aquí: El Poder que sostiene al fiscal 


viernes, 28 de diciembre de 2018

La unidad del bloque popular



En el mundo, y en particular en América Latina los vientos de la política soplan hacia la derechización de la sociedad e incluso hacia el extremo de ese lado del espectro ideológico. Son los tiempos que vivimos.

Entonces, afloran con mayor fuerza que en los últimos diez años las políticas económicas y sociales que apuntan a utilizar a las mayorías de la población como ganado que, explotado con mayor refinamiento e incluso mayor violencia, contribuyan con mayores márgenes de ganancia para los dueños de la hacienda continental, y en nuestro caso particular, de esa, llamada Colombia.

Esos vientos traen consigo las banderas de la homofobia, de la misoginia, del fundamentalismo religioso, del odio a la diferencia, de la explotación de la naturaleza y de las personas, sin compasión. Se intenta construir un mundo homogenizado que no cuestione las razones de la injusticia ni proponga alternativas humanas; antes bien, que sea funcional a los intereses de los explotadores y que reproduzca no sólo sus formas, su ética, su moral y sus características; sino además que produzca en el seno de una sociedad así a los capataces que serán los verdugos de sus congéneres, mientras que los patrones observan desde las alturas con las manos limpias.

En Colombia, tan sólo con el advenimiento del nuevo “presidente” se incrementó la oleada retardataria y sus vientos soplan huracanados. Los diferentes niveles de este “gobierno” se han nutrido con lo más destacado de la corruptela local, y no se molestan siquiera en disimular, ni se sonrojan. La restringida democracia retrocede de forma evidente, las garantías constitucionales como la protesta o las consultas populares sufren de persecución implacable, los compromisos para la paz adquiridos a nivel del Estado y con responsabilidades internacionales, se hacen pedazos sin consideración. El constituyente primario (el pueblo, como lo señala la Constitución Política) es un títere sin valor, no como otros títeres que tienen valor de uso y cambio para sus patrones.

En el contexto de este período, se realiza un llamamiento para intentar construir esa unidad amplia y real que confronte este régimen y se dispute los escenarios de gobierno y territorialidad.

Un llamamiento desde las comunidades y pueblos que conforman esta Nación

Analizando y sobre todo sintiendo las realidades de la Colombia profunda, de esa en la que viven las gentes humildes e incluso la maltrecha clase media, las comunidades más diversas, los pueblos, se comenzaron a reunir personas desde los territorios y desde las esferas nacionales: dirigentes y activistas, hombres y mujeres de partidos políticos alternativos, de movimientos sociales, campesinado, jóvenes de las ciudades, sindicalistas, indígenas y población afro. El objetivo no es otro que intentar el avance y construcción de ese movimiento de confluencia y unidad que permita juntar la fuerza necesaria bajo una plataforma política común y el tejido minucioso de las confianzas, de forma que se logre confrontar al establecimiento que trae ahora una reedición de los momentos más aciagos sufridos por el pueblo colombiano en los últimos cincuenta años.

Entonces, los diferentes procesos sociales, comunitarios, políticos, sindicales y de variada naturaleza hacen el llamado a la ASAMBLEA LEGISLATIVA, POPULAR Y DE LOS PUEBLOS, la cual se llevó a cabo a mediados del mes de octubre en el municipio de Bosa – Cundinamarca



El gobierno popular, un acumulado real que legisla para una Nación de naciones

 Aunque Colombia como resultado de su “vida republicana” vive en la democracia liberal y en las instituciones propias de la misma – al menos en la letra, aunque la realidad sea otra-  la situación objetiva es que en los territorios se vive en procesos de autogobierno y su devenir se consolida a pesar de las presiones del poder del establecimiento, de las élites. Esto se manifestó una vez más en el espacio asambleario de Bosa, de donde se reconocen las manifestaciones en los siguientes aspectos gruesos de la vida de los pueblos:

1.    El territorio es el espacio geográfico, cultural y económico en donde se viven las realidades de las gentes, en donde se teje sociedad, en donde se proyecta la vida de las comunidades y se construye la historia a partir de los legados de los antepasados, sus sueños y sus luchas. De esta manera se defienden la tierra, el agua y todos los bienes comunes en todos los ámbitos territoriales ( local, zonal, municipal, regional, nacional ).Los énfasis se dan frente a las amenazas que representan para las comunidades la presencia y actividad de las multinacionales en temas minero-energético, ambiental, concesiones y títulos. También sienten la amenaza de políticas públicas como las ZIDRES ( Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social) pues para ellos es la condena a muerte del campesinado a manos de los empresarios ricos.

2.  El gobierno en los territorios (autogobierno) es una realidad que sobrepasa al gobierno oficial de la República. La tradición, la cultura y las realidades de las comunidades dictan la juridicidad que se cumple en la cotidianidad. Sólo se acepta como legítimo el gobierno que sale del seno de las comunidades (rurales y urbanas), pues el gobierno oficial no es el resultado de un proceso democrático ni representa los intereses de la Colombia profunda.

3.    La economía se construye de acuerdo a los usos y costumbres de las comunidades, para suplir las necesidades materiales de las mismas y no se enfoca necesariamente para el mercado liberal. Se han apropiado algunos enfoques y manifestaciones de la modernidad, pero en esencia se soporta sobre características de colaboración y solidaridad.

4.    Los espacios institucionales de la democracia liberal (oficial) son válidos como un escenario de disputa que se articula con la movilización que es propia de la naturaleza de los pueblos que conforman la nación colombiana.



5.    El autocuidado se construye con figuras propias de organización y defensa del territorio ( Consejos Comunitarios, Resguardos, Zonas de Reserva Campesina, Territorios Campesinos Agroalimentarios, Procesos Barriales)  y de las comunidades (Guardias Indígenas, Cimarronas, Campesinas, Obreras, Populares). Lo que el Estado niega, las comunidades se lo proveen por sí mismas.

En este marco, la Asamblea Legislativa Popular y de los Pueblos ha legislado de forma inicial para ser compartido y alimentado hacia adelante con la llegada de otros procesos en clave de unidad amplia. Resumiendo se ha legislado lo siguiente:

a.    Declarar apoyo al movimiento estudiantil y de defensa de la educación pública.
b.    Caracterizarse como antipatriarcal, antirracista, antimperialista y anticapitalista.
c.    Socializar en las regiones los mandatos de la asamblea, organizar comisiones de unidad y seguimiento al proceso.
d.    Declararse en Asamblea Permanente, con el fin de avanzar en los objetivos.
e.    Realizar movilización nacional en el primer semestre del año 2019.
f.     Construir una plataforma de carácter político no reivindicativo.

Para que los objetivos del proceso unitario que se pretende, sean logrados, se reconoce la necesidad de invitar a la mayor cantidad de fuerzas de todo orden alternativo y popular, incluir sus perspectivas y apuestas, avanzar en la construcción de la plataforma política común y en procesos permanentes de formación.

La invitación está abierta, y la conformación del bloque es necesario para la disputa con el establecimiento.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Legitimidad de la democracia colombiana y sus instituciones, o legalidad parcializada según la visión de las élites.

(Reflexión a partir de las declaraciones del jefe negociador del gobierno colombiano, en la instalación de la Mesa de Negociación de Quito – Ecuador).


Esta diversidad cósmica en el orden de la paz ha sido fuente de vida y de creación,
porque en los contactos, intercambios y conflictos entre diferencias y
diferentes se han ido formando dimensiones nuevas, funcionales o disfuncionales
para la continuidad de la existencia y para la infinita transmisión del
papel de la persona humana como hacedor de destinos y complejos culturales.

-Orlando Fals Borda-



Por : Carlos Mario Marín Ossa
@MarioossaM

En el año de mil novecientos noventa y cinco (1995), decía el ex constituyente y ex candidato presidencial conservador, Álvaro Gómez Hurtado, en un texto titulado “El Gobierno está preso del Régimen” que : “Hay países que, por encima del orden constitucional, [i] crean un régimen. Lo que los anglosajones llaman establecimiento. Se trata de un sistema de aprovechamiento de las posibilidades de mando y de los gajes de poder que crea una superestructura de connivencias que maneja la política e influye en todos los vericuetos de la vida civil. Está constituido por entidades privadas, por grupos no regulados, por compromisos económicos y también por instituciones que integran el sistema constitucional. Todos ellos participan, no en virtud de su importancia, sino de la magnitud de los provechos repartidos. No es un conjunto de solidaridades lo que les da cuerpo, sino un conglomerado de complicidades” [ii] .

Es un relato del diseño, desarrollo y práctica de la democracia colombiana, la más antigüa y estable del continente. Relato confesado por un exponente privilegiado de ese “Régimen”, de ese “establecimiento”.


Es claro que las posibilidades de mando de los gobiernos que en “democracia” nos han dirigido, son únicamente para las élites económicas y políticas que se remontan a la época de la colonia. Esas élites que develó Jorge Eliécer Gaitán como “el país político” o que llamó Camilo Torres de forma clara y como es “la oligarquía”.  Esas 24 familias que en la década de los años sesenta se repartían el poder. Esos hijos, hermanos, primos de presidentes, terratenientes, industriales y banqueros que llenan el Congreso de la República, las altas Cortes, que han obtenido la Presidencia de la República. Que son designados ministros de gabinete, cancilleres, cónsules, directores de departamentos administrativos y de empresas sociales e industriales del Estado. Aquí se dan las relaciones de complicidad  que reparte los provechos derivados de exprimir la teta del erario construido con la explotación ahora si, de la mayorías nacionales. De la población vulnerable, de los más pobres. Basta mirar los casos como Odebrecht, Reficar, Invercolsa, Dragacol, El carrusel de la contratación, entre cientos; donde aparecen como actores principales esos honorables exponentes de la élite económica y política, tradicional o emergida. Y copan todos los espacios de decisión de dichas fechorías, los espacios de control, investigación, juzgamiento y absolución.

Casi veintidós años después, Juan Camilo Restrepo, otro excelso representante de las clases dominantes, conservador también (cabe aclarar que en lo relativo a sus intereses, la élite política liberal, conservadora o con los nombres mimetizados en otros partidos, son lo mismo), confiesa a través de sus declaraciones que la “tal democracia colombiana no existe”. La participación del pueblo se escucha, se permite, pero NO es vinculante. Hay intereses que no se permitirá sean afectados. Por supuesto, intereses de las minorías. Del Régimen, del Establecimiento.


Ahora bien, si se busca una solución política, dialogada, al conflicto armado y social, se requieren cambios en las estructuras. Y esos cambios provienen de los acuerdos de las partes. Y en #Colombia las partes no son únicamente gobierno y guerrilla. También lo es la sociedad. Las razones son evidentes: esa sociedad, o pueblo, o mayorías pobres, son quienes reciben todo el efecto del conflicto social, de la injusticia, de la falta de educación, de la falta de salud, de la falta de trabajo, la falta de tierras y alimentos, la falta de vivienda digna, del pago injusto y creciente de impuestos, de la exclusión política, de la persecución política por pensar distinto. De ese pueblo o sociedad salen los combatientes ya sea para la guerrilla o para el ejército y policía.

Entonces, esa sociedad, ese pueblo tiene mucho que decir acerca de la realidad que viven, de las problemáticas que sufren, de los sueños que alimentan y de las soluciones que requieren. Ello se da con participación. Las soluciones son participación vinculante, con cambios estructurales. De lo contrario, esa sociedad, ese pueblo, no hace parte del contrato social. No tienen derechos [iii] realmente reconocidos y materialmente garantizados. No aparecen en el texto constitucional, en el consenso de los factores reales de poder [iv]. Y mientras esa sociedad, ese pueblo (que es mayoría) no haga parte de esa “Constitución” no tendrá reconocidos sus derechos y seguirá alimentando (y siendo víctima) el conflicto social y armado.

La ausencia estatal en los territorios ha empujado a que diversas organizaciones e “instituciones” deban hacerse cargo de tramitar las necesidades que surgen ante tal ausencia. Esa ausencia se da porque en esos territorios aunque las élites tienen intereses, no reconocen derechos. Por eso se generan factores de violencia.  La presencia de minería  facilita la aparición de grupos armados que buscan extraer rentas, al igual que en el caso de los cultivos ilícitos. El deficiente índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) habla de la marginalidad y la pobreza. La deficiente cobertura de vías terciarias dramatizan más la situación y son abono para la violencia. La deficiente presencia o ausencia de escuelas y juzgados contribuyen a atizar las condiciones del conflicto [v].


Todas estas cuestiones hacen parte del concepto de poder. Y aunque están quienes utilizando el poder legal que no legítimo, se han hecho a su institucionalidad ejecutiva, legislativa y judicial, y han defendido y garantizado sus intereses; también las mayorías han hecho uso del poder de hecho para obtener derechos y reivindicaciones. Así entonces,  “…si se lo mira de cerca (el poder), no es algo que se divide entre los que lo detentan como propiedad exclusiva y los que no lo tienen y lo sufren. El poder es, y debe ser, analizado como algo que circula  y funciona –por así decirlo –en cadena. Nunca está localizado aquí o allí, nunca está en las manos de alguien, nunca es apropiado como una riqueza o un bien. El poder funciona y se ejerce a través de una organización reticular. Y en sus mallas los individuos no sólo circulan, sino que están puestos en la condición de sufrirlo o ejercerlo…” [vi].

La participación que reclamamos vinculante es también una aspiración de poder. Podemos, debemos y tenemos el derecho a ejercerlo. Los mecanismos a través de los cuales ello se dé, determinan el curso y los alcances de las negociaciones y el grado y tipo de superación del conflicto. Aquí esas instituciones que Juan Camilo Restrepo llama “legítimas”, realmente son “legales”. Legales dentro de esas leyes que ha construido una pequeña facción de personas, pero en las cuales nada ha dicho la mayoría. Son instituciones que deberán modificarse, consensuarse, ajustarse a la llegada de un nuevo factor de poder. “O sea, una revolución, un cambio, así sea pacífico, requiere más que el instrumento jurídico. Pero lo que no podemos es abandonar el instrumento jurídico. Y eso es lo que nos enseña la historia, inclusive de los movimientos democráticos. Para poner un ejemplo, cuando en el Estado se requiere modificar las estructuras, además se deben modificar las instituciones, para modificar las estructuras. La modificación de las instituciones es el medio para lograr el cambio de las estructuras”.[vii]

La modificación de las instituciones no necesariamente es suficiente para superar el conflicto, pero es una necesidad sine qua non.



Cierro con una conclusión del movimiento social y popular colombiano acerca de esas prácticas que se viven y que avanzan en los territorios como expresión de hecho, pero que deben reflejarse también en el derecho como construcción de un nuevo país, de un nuevo gobierno nacional, democrático y en paz: “Contamos con una histórica concepción de poder popular que implica reconocer que la gente tiene el poder de decidir, de cambiar cosas en su vida, como su territorio y las dinámicas organizativas en las que se encuentran. Autodeterminación y autogestión son conceptos básicos de la construcción de poder popular. Esa concepción también cuenta con un método: desde la base, con la gente, construyendo consensos, potenciando organización, comprendiendo las contradicciones.

La construcción y materialización de mandatos ocupa un lugar especial en esta concepción; son los deseos y necesidades de la gente, convertidos en orientación para la acción política y para la vida. Deben seguir siendo las rutas de navegación. Así mismo, los planes de vida digna son una expresión de los mandatos que ya han avanzado en propuestas de autogobierno y gobierno.

Al pensarnos e involucrarnos en nuevos campos de lucha que consideramos necesarios para la transformación del país hoy – como es el Estado, la institucionalidad, la construcción de política pública o la política representativa-, los preceptos de nuestra propuesta de poder no deben eliminarse, sino potenciarse; teniendo en cuenta que la concepción y método para construir poder popular también implica la acción en ese campo. El poder popular es reserva estratégica del pueblo, acumulado para mandatar y avanzar con audacia en los nuevos retos” [viii].

Participación vinculante y cambios, son el horizonte de la construcción de una paz cierta y duradera.



[i] Subrayado del autor. No aparece en el texto original.
[ii] Álvaro Gómez Hurtado. El Gobierno está preso del “Régimen”. Disponible en el libro “Memorias para la democracia y la paz: veinte años de la Constitución Política de Colombia”. Camilo González Posso –compilador-. Alcaldía Mayor de Bogotá. Bogotá Humana. 2012.
[iii] El jurista Rodolfo Arango Rivadeneira, en exposición en la Universidad Libre de Pereira en el año 2014, explicaba que los derechos son “relaciones” entre personas o grupos.
[iv] Ferdinand Lassallé explica que los Factores Reales de Poder son esos grupos de interés que tienen la fuerza y cohesión suficientes, para pactar el reconocimiento de sus intereses (por lo tanto de sus derechos), reflejarlos en un texto y “Constituirlos” y “Constituirse” en derecho, en institución jurídica, en orden.
[v] León Valencia y Ariel Ávila. Los Retos del Postconflicto. Ediciones B Colombia S.A, 2016.
[vi] Michel Foucault. Poder, derecho y verdad. Disponible en el libro Poder V.S. Democracia. Fundación para la Investigación y la Cultura –FICA. 2004.
[vii] Jaime Araujo Rentería. La sociedad civil mira la paz. 2016
[viii] Congreso de los Pueblos, seminario político-ideológico nacional “Carlos Alberto Pedraza”. Conclusiones sobre Poder Popular: El poder es para hacer, y hacer es cambiar. El poder no es estar en un lugar. 2015

miércoles, 21 de diciembre de 2016

El Nuevo Código de Policía. Contenido, Alcances y Consecuencias Ley 1801 de 2016


Un acercamiento a lo que nos espera como sociedad colombiana y las consecuencias para el movimiento social y popular.



El Nuevo Código de Policía. Contenido, Alcances y Consecuencias

Ley 1801 de 2016


De click en el vínculo para visitar la presentación en power point.


el-nuevo-cdigo-de-polica-contenido-alcances-y-consecuencias



lunes, 11 de julio de 2016

Reflexiones y aprendizajes para un nuevo socialismo a partir de la movilización contemporánea

“Como ha sucedido a través de toda la historia,
el diálogo entre el patricio y el plebeyo, el señor
feudal y el siervo, el esclavista y el esclavo,
el capitalista y el trabajador, no rindió frutos.
No puede rendir frutos porque la división de
la humanidad y sus sociedades en una minoría
acaudalada y una masa empobrecida, no es un
problema de comprensión o compasión que
puede resolverse mediante la comunicación y
la pedagogía; sino un problema de intereses y de poder.
El conflicto entre los que tienen y acumulan
y aquellos que no tienen y son empobrecidos, no
se resolverá por teleconferencias y filantropismo de
los ladrones globales, sino sólo por la conquista del poder.”

Heinz Dieterich Steffan
(El Socialismo del Siglo XXI)



Por: Carlos Mario Marín Ossa
        @MarioossaM

El reciente paro nacional agrario de mediados del año 2016, llamado MINGA AGRARIA, CAMPESINA, ÉTNICA Y POPULAR, nos trae una serie de reflexiones necesarias como también los aprendizajes correspondientes enmarcados dentro del contexto inmediato desde los niveles territoriales hasta el nacional, desde el desarrollo histórico de los últimos 25 años, los últimos 3 años  y ajustados en el momento actual de negociaciones de fin de la confrontación armada entre la insurgencia de las FARC-EP, la posibilidad de una negociación con la insurgencia del ELN y los tiempos futuros de los post acuerdos. El movimiento social y popular avanza hacia un Nuevo Proyecto Histórico.



1.       Reflexiones sobre el modelo de Estado burgués y el avance de un Nuevo Proyecto Histórico de las mayorías Populares en Colombia.

La democracia que rige en Colombia, cuando se cumplen 25 años de la promulgación de la Constitución Política de la Nación, soporta los modelos de vida, de enriquecimiento y de poder de las élites oligárquicas del país, más allá de la adopción de reformas obligadas por las negociaciones de paz y desmovilización con las guerrillas del M19, Quintín Lame, EPL, PRT y Corriente de Renovación Socialista. Por supuesto dichos procesos de “paz” obligaron a la adopción de medidas más garantistas y a la creación de instituciones de defensa de los derechos de las colombianas y colombianos, al impulso nominal [1] de una nueva forma de democracia negada desde la oficialidad al Pueblo: La Democracia Participativa. Sin embargo, dichas reformas que las élites oligarcas del país aceptan realizar cada vez que las condiciones del pueblo llegan a límites que ponen en peligro sus intereses de forma contundente, fueron aprovechadas para constitucionalizar el modelo de despojo neoliberal en los servicios públicos generales, en la salud y educación, en el sector agropecuario e industrial y llevar a la población, a los territorios y al medio ambiente hacia el límite de una crisis de tal profundidad que pone en peligro la vida y la subsistencia humana de 48 millones de colombianos residentes dentro de las fronteras nacionales.

El Estado burgués en el que vivimos, tiene como fundamento el modelo económico capitalista de características neoliberales y efectos de acumulación por despojo. Se sustenta en la entrega de la propiedad pública al capital privado, principalmente foráneo,  en el exterminio de la agricultura para el consumo propio, de producción minifundista o microfundista, que asegura la soberanía y seguridad alimentarias, en el impulso de la agricultura industrial de monocultivo destinada a producir insumos para el desarrollo de combustibles, de alimentos destinados hacia la ganadería, en el extractivismo minero y en el modelo energético, entre otros. También en la sustitución de la industria manufacturera nacional mediana y pequeña, como del comercio nacional, de tienda, de pequeña estructura; en el acondicionamiento institucional y jurídico para la entrada de capitales especulativos de grandes corporaciones transnacionales. Así las cosas, los alimentos agrícolas se importan en lugar de producirse en el país, la industria manufacturera es desplazada por la foránea que maneja mejores estructuras de costos y recibe ventajas tributarias cuando llega a Colombia, la vocación económica (que se entrelaza con el tejido social, las costumbres, la cultura y el territorio) se cambia sin consulta para impulsar el extractivismo minero, el desarrollo de proyectos energéticos que desplazan campesinos, pescadores y destruyen sistemas biológicos.

Este Estado burgués de la oligarquía nacional tiene como argumento de validez su modelo democrático igualmente burgués. Una democracia limitada y de papel que sólo beneficia a dicha élite. La presidencia sólo ha sido asumida por representantes de las élites, el Congreso de la República está constituido en un 95% por representantes o empleados de dichas élites, Las Cortes que han gozado de un aura aparente de respetabilidad, justicia y apego a la Ley, se conforman también por representantes de la élite, sus empleados y socios. Desde la óptica y la propuesta de la oligarquía nacional, los problemas del país sólo se resuelven a través de las elecciones. Las mismas que la élite domina y manipula. La representación mítica de la “soberanía” que reside en el pueblo y que  se delega a los representantes elegidos “democráticamente” no es real, porque una vez elegidos estos, no representan a sus votantes, sino que los sustituyen para actuar en favor de sus intereses particulares.

Este Estado burgués en el que vivimos, defiende su estructura y los intereses de sus dueños mediante la utilización de organizaciones armadas legalizadas con las leyes burguesas, conformadas por hombres y mujeres extraídas de las capas más pobres de la sociedad, quienes hacen uso de la capacitación, el adoctrinamiento y las armas que se les entregan, para defender los intereses de los ricos porque así lo dicen las leyes que hacen los ricos. Capacitación, adoctrinamiento y armas se adquieren con los dineros públicos que se recogen obligando a tributar a todos los habitantes.

Este Estado burgués en el que vivimos hoy, es un agente de grandes corporaciones globales que imponen la economía, la política, la ética, la moral y la cultura al resto del mundo. Corporaciones globales manejadas por unas cuantas docenas de familias que esclavizan a más de 8000 millones de seres humanos. Los empleados – agentes de la oligarquía nacional, reciben una tajada de las ganancias para que cumplan la voluntad de los amos globales.

Este Estado burgués y sus instituciones se encuentran en un proceso de decadencia que se profundiza con rapidez, ya que no resuelve los problemas de las mayorías nacionales – como es lógico, pues está diseñado para favorecer a las minorías – y por lo tanto carece de legitimidad cada vez creciente. Por lo tanto, como proceso histórico desaparecerá y será reemplazado por otro modelo o sistema, el cual debe ser un sistema de Democracia real participativa, Socialismo Raizal, Socialismo del Siglo XXI o Nuevo Socialismo.

1.1.  Un Nuevo Proyecto Histórico de las mayorías explotadas que reemplace al Estado Burgués.

Como se puede inferir de las reflexiones iniciales, los campesinos y campesinas de Colombia han sido y son víctimas del sistema de exclusión que existe desde la invasión española en 1492 y que no varió sus características luego de la guerra de independencia de España, pues quedaron en el poder los hijos de los invasores y se reprodujeron los modelos económico, político, social y cultural de los expoliadores peninsulares.  Lo mismo rige para los pueblos originarios, los afrocolombianos secuestrados de sus pueblos en África, y para todo el mestizaje que se derivó del encuentro entre pueblos y culturas.

La Democracia Participativa ha irrumpido con fuerza con el inicio del nuevo milenio, ya que el acceso a nuevas formas de comunicación e información que permiten una interacción entre grupos humanos con identidades culturales y particulares que los llevan a participar de sistemas más menos homogéneos por cuenta de las características sociales comunes y del proceso dialéctico que los impulsa, lo ha permitido. Pero también la persistencia del movimiento social que ha acumulado procesos, experiencias y aprendizajes para transmitirlos en todo momento. Esta democracia participativa tiene grandes visos de la democracia directa o radical [2] que se ha practicado por las sociedades humanas (de la cual la colombiana no es la excepción) cuando requieren manifestarse ante las injusticias, ante los problemas que las aquejan y en la búsqueda de soluciones. Impulsa la determinación social sobre los ámbitos económicos, sociales, territoriales, políticos, éticos, estéticos, jurídicos. De allí su equivalencia con el Nuevo Socialismo como Nuevo Proyecto Histórico de las mayorías explotadas por las élites que se sustentan en la Democracia burguesa de representación de intereses privados.

El conflicto entre las clases antagónicas explotados contra explotadores, oprimidos contra opresores, sólo puede resolverse mediante la “acumulación de poder de los explotados, de forma tal que logre ser superior a la de los explotadores”. [3] La forma como ello puede darse, es el desarrollo y consolidación de ese Nuevo Proyecto Histórico Popular que es el Nuevo Socialismo, Socialismo Raizal o Democracia Participativa. Esto, porque debe ser el sistema que reemplace la democracia burguesa y sus decadentes instituciones como proceso histórico que se repite a través del tiempo y que como fenómeno social hace parte de un sistema del cual los seres humanos somos elementos integrantes junto con el medio ambiente, los animales, los modelos intelectuales y teóricos.

La teoría que aquí acojo tiene elementos fundamentales de la expuesta por el profesor Heinz Dieterich Steffan quien plantea desde la ciencia el modelo sistémico que a través del conocimiento objetivo sobre los fenómenos del mundo, encuentra cómo de forma análoga a la naturaleza, los procesos sociales como subsistema del natural (conformado por seres humanos) con propiedades de capacidad individual o colectiva de razonar, además de las físicas, físico – químicas y biológicas, tienen como el resto de la naturaleza sólo dos formas de existir: como materia o substancia y como energía. Como la naturaleza misma, los procesos sociales están en permanente movimiento y cambio (revolución). El gran desafío es entender (o inducir) la forma como serán sustituidos y los tiempos en que dicho fenómeno se    dará. [4]

Esa Democracia Participativa se manifestó en todo el país a través de las personas que hicieron parte de la Minga Agraria, Campesina, Étnica y Popular.  Seres humanos con identidades territoriales, de historia, de ideología pero especialmente de carencias como también de una gran consciencia  de dignidad, conformamos un sistema llamado CUMBRE AGRARIA, CAMPESINA, ÉTNICA Y POPULAR que a su vez hace parte de un sistema mayor que es la Patria Grande y el Nuevo Socialismo Latinoamericano. Este Nuevo Proyecto Histórico Popular de Colombia está ajustando la acumulación de poder frente a la explotadora oligarquía nacional.

2.       Lecciones de los procesos de Democracia Directa y Participativa en los primeros 15 años del siglo XXI.

 Retomando el momento de promulgación de una nueva Constitución Política que venía acompañada por la constitucionalización del modelo de despojo que impusieron y mantienen las élites, los movimientos populares y sociales retomaron la dinámica ancestral de la movilización, la asamblea y mandar obedeciendo. Basada en los elementos comunes que motivan su dinámica, los movimientos populares y sociales han logrado superar la capacidad convocatoria, la visión, el análisis, la decisión, la acción coordinada y decidida para la defensa de sus intereses, superando a los tradicionales partidos de izquierda que aún se pierden en los dogmatismos y los egos superlativos de muchos de sus dirigentes.

a.       Sin embargo, el surgimiento del Polo Democrático Alternativo como partido político aglutinado como frente de diversas fuerzas y partidos más pequeños, ha logrado establecer el inicio de una acumulación de poder alternativo al oligarca y disminuir la sangría sobre los recursos públicos, la soberanía, el territorio y la nación. A pesar de las actuaciones de vieja vanguardia, del narcisismo político de algunos dirigentes sectoriales, de la inserción de prácticas desarrolladas en el Frente Nacional oligarca, de la infiltración de personalidades originarias de las castas de la élite nacional o de sus agentes, el Polo como partido mantiene la presencia de un partido de izquierda que juega un papel fundamental en pos del horizonte estratégico del Nuevo Proyecto Histórico Popular de los explotados colombianos. Esto al lado de otras importantes expresiones de la izquierda nacional y de los sectores progresistas a los que también corresponde depurar sus programas y actuaciones de las mezquindades que les impiden cumplir sumisión histórica. La práctica e impulso de elementos de democracia participativa que sólo se logra a través del contacto, el trabajo y la consulta permanentes con las bases sociales, ha permitido su progresiva consolidación como factores políticos de poder. En 2006 se logró demostrar que un proyecto histórico conjunto tiene opciones de poder y más aun hoy en las deterioradas condiciones económicas, políticas y sociales. Cuando primaron los egos y la vanguardia ideológica, se perdieron los acumulados y sólo resultaron beneficiados los caudillos.

b.      Comenzando la segunda década de este milenio, nacen organizaciones populares de carácter social y político como La Minga de Resistencia Indígena, El Congreso de Los Pueblos, La Marcha Patriótica, que como sistemas sociales colectivos aglutinan personas con identidades de diverso orden y concilian las diferencias de las mismas como factor de poder en la diversidad. Son entes sociales que heredan y rescatan sistemas propios de sentimiento, conocimiento y reproducción material. Reconocen y respetan las especificidades culturales de las 11 regiones socioeconómicas conocidas y que participan en el diseño de las políticas de hecho y públicas que las afectan. [5] Han logrado mantener la conexión con las bases sociales y los territorios, cohesionar los sentimientos comunes y ejercer acciones coordinadas para responder a sus intereses. Son los mejores intérpretes de las culturas, las poblaciones y los territorios pues viven con ellos y en ellos. La participación y compromiso del movimiento estudiantil y juvenil dentro de los mismos llena de energía y nuevas ideas su discurrir, a la vez que se desarrolla una relación dialéctica y dialógica que fortalece el conocimiento ancestral con lo nuevo; y además transmite la tradición y la mantiene viva. Marchas, foros incluso nacionales, interlocución con gobiernos locales, territoriales y nacionales, acciones de hecho, acciones de derecho, posicionamiento de agendas propias en las agendas territoriales, locales y nacionales, son algunos de los logros.

c.       La Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, el Proceso Colombiano de Negritudes, procesos locales y regionales, sumados a Congreso de Los Pueblos y Marcha Patriótica, se articulan de acuerdo a las necesidades, identidades y condiciones históricas, creando un sistema social mayor llamado CUMBRE AGRARIA, CAMPESINA, ÉTNICA Y POPULAR.  Este macrosistema interactúa con otros del ámbito local, como del internacional. Todo está en continuo movimiento y revolución. La crisis civilizatoria del modelo capitalista y de la democracia burguesa sólo responde a las preguntas de unas pocas decenas de sus dueños globales. El resto de la humanidad sólo recibe los daños del sistema excluyente y explotador.  De esta manera se ha logrado avanzar en el posicionamiento como actor, vocero e intérprete político de las mayorías populares ante los gobiernos de la oligarquía. Se han logrado posicionar las agendas conjuntas con acento territorial. Se ha constituido dicho macrosistema como un factor real de poder que comienza a pasar del hecho al derecho, sumando a la carga histórica de legimtimidad el espectro futuro de legalidad como constituyente reconocido desde la Nación colombiana. Los paros agrarios de 2014 y 2016, la permanente movilización de territorios y de ideas, el reconocimiento plural, el respeto, la creciente cualificación de sus integrantes ha permitido el avance en esa acumulación que va en pos del Nuevo Proyecto Histórico, del poder de las mayorías.



d.      Las centrales obreras y sindicatos clasistas  comienzan a manejar una nueva dinámica de convergencia con el movimiento social y popular, luego de la debacle sindical generada por los nuevos modelos laborales, las nuevas legislaciones, los errores y vicios históricos de las propias organizaciones y de sus dirigentes, el acomodo o la decepción por los años de lucha obrera, la incapacidad para adaptarse e interpretar los nuevos tiempos tanto del sistema capitalista, de la democracia burguesa, como de las implicaciones de los mismos en sus intereses como trabajadores organizados y a partir de allí, tener la capacidad de visualizar el futuro y las acciones que corresponde tomar para llegar de forma prospectiva a un horizonte táctico deseable. Hoy muchos sindicatos han remozado de actividad, nuevas prácticas y nuevas semánticas que interpretan los nuevos tiempos, los nuevos seres, sin renunciar a los valores y conquistas históricos. Parece ser que llegan prácticas de un nuevo sindicalismo que reclaman las bases, que el encuentro con el pueblo puede llevarlos por vías comunes de fuerza y de interés mutuo, así como de nueva legitimidad. Deberán superar eso si, la vieja vanguardia, la dirigencia acomodada que se soporta en prácticas representativas que sustituyen la voluntad de la base que elige y delega, a la usanza de aquella clase antagónica que dicen confrontar, pero que emulan. Deberán superar la prepotencia de grupo, para catalizarse como actores fundamentales de ese sistema social que avanza en pos de Nuevo Proyecto Histórico.

Existen otras expresiones sistémicas de origen  burgués mediano, que están más atadas a los intereses de la élite nacional, pero que sin embargo en momentos críticos del modelo que también los golpean a ellos, se convierten en alíados coyunturales y tácticos del Nuevo Proyecto Histórico. Es el caso concreto de las Dignidades Agropecuarias, Camioneros, empleados de la salud y de la educación, cuyos integrantes con posiciones de poder y decisión son propietarios medios de la tierra, intelectuales y profesionales de clase media y que poseen parte de los medios de producción o de especulación que tienen que ver con sus intereses económicos y políticos. El resto de sus integrantes son campesinos asalariados, jornaleros y empleados que se movilizan de acuerdo a los intereses de sus jefes y a la disponibilidad de financiamiento para la acción.


3.       Características de poder local de los sistemas sociales populares y su relación con los valores fundantes en la acumulación de poder.

En Colombia, las poblaciones populares que constituyen la génesis de las mayorías, de su diversidad, de su cultura y de su identidad sistémica ocupan dos tercios del territorio nacional. Aun cuando la mayor parte de la población habita la zona andina y allí se produce el mayor porcentaje del PIB, la mayor parte del territorio tiene la presencia de los pueblos originarios de acuerdo a la concepción del sociólogo Orlando Fals Borda. Es allí, en dicho territorio, donde viven y han vivido los indígenas primarios, los negros libres, los campesinos – artesanos pobres, los colonos pioneros y su descendencia[6]. Son estas comunidades quienes han ejercido el poder local a través de sus usos y cultura.  La ausencia del Estado burgués los ha condenado a no recibir los “beneficios” del crecimiento económico o de las políticas gubernamentales. 

La cultura de la democracia participativa como proceso consolidado requiere de un tipo de educación que supera los cánones de la estructura educativa pública y se soportan en procesos de educación popular que forma a individuos y colectividades en los principios y valores de esa Democracia Participativa, de ese Nuevo Proyecto Histórico. Porque además de los elementos teóricos, la democracia participativa se sustenta en las costumbres, tradiciones y valores de esos sistemas humanos variopintos, que históricamente han asumido su destino y su gobierno con autonomía, valor y resistencia. Este Nuevo Proyecto Histórico de Democracia Participativa o Nuevo Socialismo o Socialismo Raizal se debe construir  “sobre la base de otra lógica y de otros valores: un poder asumido como servicio; un poder entendido como responsabilidad asignada en relación a la cual hay que rendir cuentas; un poder que suponga ejercicio compartido y no atribuciones concentradas” [7].

La educación así concebida se convierte en movimiento cultural de choque y transformación que confronta al poder vigente y a sus instituciones. Es por ello que adquiere una connotación e intencionalidad política que son necesarias. No se trata de educar y/o formar para permanecer dentro de las mismas estructuras del modelo que se confronta. Los poderes locales resultantes son precisamente alternativos, sostenidos en una pedagogía que convoca a la ética y a la política y convierte en protagonistas a los movimientos sociales y populares [8].

El Nuevo proyecto Histórico desde lo Popular, debe proponer lo local como respuesta a los estragos de la globalización y del modelo de despojo que utiliza la democracia burguesa y la economía capitalista como puntal y soporte de sus pretensiones privadas. El poder local debe responder a las imposiciones globales basado en la sinergia que producen las identidades del sistema social construido desde las bases y desde la periferia hacia el centro, o desde las regiones.

En las condiciones de Colombia, dicho poder local se construye a partir de la vereda, del barrio y del municipio. De allí parte la fuerza de ese Nuevo Socialismo, del movimiento y cambio generado a partir de la CUMBRE AGRARIA, CAMPESINA, ÉTNICA Y POPULAR.   Es un poder local que se articula globalmente como estrategia de lucha y acumulación. No se concibe la democracia como la apropiación de las tomas de decisión a partir de un puesto de mando o de un caudillo iluminado, sino a partir de la concertación  de los variados esfuerzos y acciones.  El poder local debe ser el punto de acumulación hacia el poder nacional.

Se trata nuevamente de un proceso cultural de cambio que rescata sus propios valores. Los valores fundantes de esos pueblos originarios que constituyen el genoma de nuestro pueblo: Los indígenas primarios, los negros libres, los campesinos – artesanos pobres y los colonos pioneros. Sus valores fundantes son el soporte del Nuevo Proyecto Histórico.




 La esencia de ese Nuevo Proyecto Histórico Popular nace desde las entrañas del colectivo social y popular colombiano y latinoamericano, en contraposición al proyecto histórico burgués que no ha entregado las soluciones que la humanidad y el universo requieren, pero a cambio deja miseria, muerte, destrucción y la amenaza que pesa sobre la especie humana y sobre el mundo en general.

Las correlaciones de poder actuales entre el movimiento social y popular frente a la oligarquía colombiana comienzan a emparejarse de forma progresiva. Dicha oligarquía lo sabe y por ende ha preparado el aparataje para impedir por vías “legales” los reclamos de ese sistema social que ha convergido, de la mutabilidad natural del proceso social e histórico y del ascenso del nuevo sistema que debe remplazar al anterior. El recién aprobado código de policía es una muestra de ello. La aprobación de leyes como la zidres, es muestra de ello. La connivencia o la omisión ante el paramilitarismo es muestra de ello. La instauración de matrices mediáticas y de opinión a través de sus mass media y de los empelados que han alquilado para que los manejen, es muestra de ello. Pero a pesar de todo, el mundo está en continuo movimiento y revolución. El Nuevo Proyecto Histórico está en camino. Resta entender cuándo será el tiempo para  que emerja del todo. El movimiento social y popular, es el sistema que debe inducir y acelerar ese tiempo.


[1] Nominal, ya que en el papel y en el texto constitucional se reconoce y “garantiza” la democracia participativa como por ejemplo a través de la Veeduría Ciudadana, pero no se desarrollan los mecanismos y garantías para que esta pueda ser ejercida de forma real y vinculante. Por ejemplo, las veedurías no cuentan con recursos financieros ni materiales para su trabajo, son burladas de forma permanente por las instancias gubernativas de orden administrativo, legislativo e incluso judicial.
[2] Del latín radix, raíz. Para la discusión, se relaciona con el concepto de los valores fundantes de nuestra Nación.
[3] Heinz Dieterich Steffan. “EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. Colección El Pez en la Red. Fundación para la investigación y la Cultura FICA. 2003
[4] Ib Ídem.
[5] Orlando Fals Borda. SOCIALISMO RAIZAL Y EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL. Editorial Desde Abajo. Bogotá, 2013.
[6] Ib Ídem.
[7] Iosu Perales Arretxe. PODER LOCAL Y DEMOCRACIA PARTICIPATIVA EN AMÉRICA LATINA.  Colección El Pez en la Red. Fundación para la Investigación y la Cultura FICA. Bogotá, 2004
[8] Ib Ídem.