martes, 1 de marzo de 2016

¿CÓMO LLEGAMOS A LA CRISIS ECONÓMICA DE 2016?


 Corazón Grande con las transnacionales mineras, Mano Dura con los colombianos
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Por: Carlos Mario Marín Ossa
         @MarioossaM


El año 2016 inicia con una avalancha de noticias funestas para las clases populares y medias en materia económica, tributaria y social.  Al incremento de un salario mínimo de 7% decretado por el gobierno, cuyo monto una vez más lanza a los hogares ante la incertidumbre de comer o pagar facturas de servicios, se suman las consabidas alzas en las tarifas de servicios públicos, en matrículas estudiantiles, en el precio de los combustibles, en los trámites legales – incluido el pago discriminatorio de la libreta    militar – en las tarifas de transportes de pasajeros y fletes de carga. Para terminar de oscurecer el panorama, el gobierno anuncia una nueva reforma tributaria en donde el aumento en la tarifa del IVA – que pasaría del 16% al 19% - es uno de los anuncios más injustos por tratarse de un impuesto que no discrimina los niveles de ingreso progresivo como una filosofía de equidad tributaria y social, sino que golpea los ingresos y el nivel de vida de la población más vulnerable.

Cabe recordar, que en los últimos años el gobierno nacional con la participación, anuencia y complicidad del Congreso de la República, ha efectuado alrededor de 12 reformas tributarias, las cuales por lo general han soportado su accionar en el incremento de las tarifas del IVA, en la ampliación de la base o en la creación de nuevas tarifas para nuevos bienes y servicios.

Las reformas tributarias de Álvaro Uribe Vélez y de Juan Manuel Santos. IVA e impuestos contra los ingresos del pueblo.

Particularmente durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, se tuvieron cuatro (4) reformas tributarias en donde se afectó el ingreso de los colombianos de menores recursos. En el año 2002, se amplió la base del impuesto al valor agregado, se aumentó además la tarifa al 16% para bienes que traían una tarifa del 10%. En el año 2003, productos que se encontraban excluídos de dicho cobro fueron gravados con un IVA del 7% y se crearon además tarifas del 3% y 5% para otros bienes y servicios. En el año 2006, nuevamente se pasaron bienes con tarifa del 10% hasta el 16%.

En el caso de Juan Manuel Santos, el Gravamen a los Movimientos Financieros GMF continúa en el 4 por 1000, pese a que en la reforma tributaria de 2010 planteó su eliminación progresiva hasta 2018. Adicionalmente, llevó a pagar el Impuesto Mínimo Alternativo Imán a las personas que tuvieran ingresos mensuales por encima de los         $ 3.600.000 lo que en nuestro país afecta a capas de la población de ingresos medios y sobre las cuales recaen una serie de gravámenes y contribuciones como en los servicios públicos.

Ambos presidentes, han mantenido las ayudas incluyendo las ilegítimas a pequeños sectores de ricos como el sector financiero que recibió el salvavidas luego de la crisis de finales de los años noventa con el gravamen del 4 por 1000 el cual cargó la irresponsabilidad de su codicia sobre los bolsillos de los ahorradores. Pero es de recordar además como con la infaustamente famosa política de AIS (Agro Ingreso Seguro), el gobierno Uribe le otorgó créditos multimillonarios a bajísimos interés a un pulpo como Luis Carlos Sarmiento Angulo. Dinero público favoreciendo a la oligarquía nacional y a los oligopolios financieros.

Política económica y destrucción de la riqueza nacional. Locomotoras mineroenergéticas contra el aparato agrícola e industrial. El desprecio por el medio ambiente y los bienes comunes de los colombianos.

1.    La época del impulso industrial en el campo y en la manufactura. La preferencia por el sector financiero. Pérdida del acervo económico de una clase y de dos generaciones.

Durante el período comprendido entre 1950 y 1980, se dio en el país una época económica soportada en un proceso de industrialización que se apoyó con la intervención estatal, Estado controlado por las élites económicas nacionales y estrechamente ligada en relaciones e intereses comerciales y financieros con actores y corporaciones extranjeras, particularmente oriundas de los Estados Unidos de América y  Gran Bretaña entre otras.

La violencia política de los años cincuenta hasta finales del Frente Nacional, desalojó de los campos a grandes masas de campesinos que huían de dicha violencia, que abandonaron sus parcelas buscando conservar su vida o que resultaron desplazados por las políticas económicas de los gobiernos que abandonaron la producción agrícola de alimentos como un Factor Estratégico de Seguridad Nacional y Soberanía Alimentaria. La mano de obra campesina fue empujada hacia zonas apartadas del país en busca de baldíos o hacia las ciudades para alimentar las fábricas y la expansión industrial con mano de obra barata que favoreciera sus estructuras de costos y asegurara importantes ganancias. A su vez, durante el gobierno de Misael Pastrana Borrero (padre del posterior presidente conservador Andrés Pastrana Arango) se procuró dotar de vivienda a esa masa de desposeídos a través del sistema de Unidad de Poder Adquisitivo Constante UPAC, el cual sólo favoreció al sector financiero (alíado y financiador de campañas electorales de la élite económica) al permitir la capitalización de los intereses de las deudas hipotecarias, de forma tal que se hizo imposible para los deudores de vivienda pagar sus acreencias. Los bancos terminaron haciéndose con el dinero pagado por los deudores de vivienda y se quedó al final con grandes cantidades de estas casas o apartamentos que no pudieron ser pagadas a pesar de toda una vida de cumplimiento y vicisitudes por parte de los deudores. Sólo en este tema, se perdió todo el acervo económico de una generación de trabajadores pobres y la contribución económica de una clase que en su segunda generación había podido destinar su esfuerzo hacia la cualificación académica para optar por mejores niveles de ingreso y de vida, como también ayudar a dinamizar de forma creciente el aparato productivo nacional a través de un mayor consumo, de la generación de adelantos tecnológicos y técnicos, y de un mayor apoyo a la producción agrícola con valor agregado además del mantenimiento de modelos agrícolas de mercado y de seguridad y soberanía alimentarias. Todo esto, hubiese permitido un mayor crecimiento del PIB como del PNB; una mejor distribución de la riqueza y la superación del conflicto armado interno por la vía de las reivindicaciones y la justicia social.

El modelo económico de este período o de sustitución de importaciones (modelo cepalino) – aunque realmente se trató de un modelo mixto de importaciones y fortalecimiento de las exportaciones - enfocó principalmente su apoyo a la industrialización pero dejó más relegado el impulso al sector agropecuario. Ello se evidencia en las tasas de crecimiento del sector manufacturero y las tasas de crecimiento del sector agropecuario.

Entre 1945 y 1974 la política económica favoreció de forma especial la industrialización. Las políticas monetaria y fiscal se enfocaron a favorecer la importación de bienes de capital y la tecnología para la manufactura (también en el campo para un desarrollo industrial). Se adoptaron al comienzo niveles de devaluación importantes que favorecieran las exportaciones, aranceles a las importaciones que entre 1959 y 1964 alcanzaron 65,6% de protección nominal [i](1).  La política arancelaria y de control de importaciones permitió el fortalecimiento industrial nacional y su diversificación. Se nacionalizó el Banco de la República asignándosele funciones en cuanto al encaje bancario, control de divisas, tasas de interés, redescuentos y operaciones de mercado abierto. Pero hacia finales de los años setenta el impulso a la industria manufacturera cesó, modificándose las políticas macroeconómicas. De esta forma, la industria manufacturera de textiles, caucho, minerales no metálicos (sustitución intermedia) y papel, productos químicos, derivados del petróleo, metales básicos, maquinaria eléctrica y no eléctrica (sustitución tardía). Esto significó un menor desarrollo en los sectores de mayor valor agregado que tendrían un impacto favorable en la balanza comercial, en el volumen de divisas de sectores no primarios y en la generación de empleo especializado y de mayores ingresos salariales.

Tabla 1
Indicadores Industria Manufacturera período 1945-1983

Año/Variable
Empleo Manufacturero (No. de Trabajadores)
Crecimiento relativo anual del empleo manufacturero
Crecimiento promedio del PIB Manufacturero
1945
135.400
----------
---------
1974
447.900
4,2%
7,3%
1979
516.700
2,9%
--------
Fuente: José Antonio Ocampo Gaviria-Joaquín Bernal Ramírez-Mauricio Avella Gómez-María Errázuriz Cox. Historia Económica de Colombia. Compilación. Fondo de Cultura Económica SAS. 4a. Edición. 2015

En el campo, en un inicio se dio un impulso importante, entre otras cosas porque la tierra estaba atada al latifundio y a la propiedad de los terratenientes. La industrialización del campo se inició con lo cual se presentaron altas tasas de crecimiento en la producción y en la productividad por Hectárea.  En la producción de alimentos y cultivos diferentes al café se dio un proceso de rendimientos crecientes explicados por la utilización de maquinaria, insumos químicos, adecuación de tierras, drenaje, arado y cultivo de las tierras, semillas mejoradas. Pero todo este paquete se concentró en los cultivos de tipo comercial. Para este desarrollo se crearon  campañas y organizaciones como institutos de fomento agrícola en algunos sectores como el tabaco, el algodón y la cebada. Aparecieron la División de Investigación agrícola del Ministerio del ramo, asesorías contratadas con la FAO, la Fundación Rockefeller y otras. Siguiendo estas directrices y los intereses de los sectores enfocados al mercado de alimentos y de los insumos químicos, la Caja Agraria difundió las semillas patentadas y los insumos agropecuarios, atando los créditos del sector agrícola en general a paquetes tecnológicos y su utilización con el fin de impulsar una mayor productividad en el campo y al fortalecimiento de un mercado competitivo.

En paralelo, la concentración de la propiedad de la tierra aumentó debido a la imposibilidad financiera y técnica de los pequeños productores para competir con dichas condiciones de la política agraria del país que estaba fuertemente impulsada y controlada por organismos extranjeros tanto de orden financiero como de producción química y de investigación y manipulación de semillas. Es la política del Consenso de Washington. La expansión de la frontera agrícola agregó más tierras a los grandes propietarios que a los minifundistas. La ganadería extensiva puede considerarse como una estrategia de las clases terratenientes para mantener el dominio sobre la propiedad de la tierra, particularmente de aquellas tierras más fértiles y productivas, como también es una forma de dominación política y social en las regiones donde la misma se practica.

Tabla 2
Estructura de la propiedad de la tierra en Colombia (1960 – 1985)

1960                                       1970                                       1984
Hectáreas
No. Predios
% del total
% del Área total
No. Predios
% del total
% del Área total
No. Predios
% del total
% del Área total
0-20
1.053.624
87,1
17,9
996.759
84,7
15,6
2.114.408
86,06
14,5
20-100
117.338
9,7
22,9
135.333
11,5
23,9
266.819
10,86
24,2
100-500
33.870
2,8
30,2
38835
3,3
31,4
65.844
2,68
26,5
500-más
4.840
0,4
29
5.884
0,5
29,1
9.829
0,4
34,8
Total
1.209.672
100
100
1.716.811
100
100
2.456.900
100
100
Fuente: Aurelio Suárez Montoya. El Modelo Agrícola colombiano y los alimentos en la globalización. Ediciones Aurora. 2007

En el país existen procesos agrícolas enfocados en la seguridad y soberanía alimentarias que no tienen una visión de mercado y buscan producir el alimento para satisfacer las necesidades de la población sobre una óptica de producción limpia y agroecológica no dependiente de los paquetes tecnológicos impuestos por la “Revolución Verde” extranjera. Estas prácticas también aportan económicamente a las familias y al aparato productivo nacional pues garantizan el acceso a los alimentos en cada región, de una forma balanceada, producidos soberanamente, sin los altos costos de los insumos químicos extranjeros, conservando las semillas autóctonas y eliminando el factor inflación por escasez periódica, costos de producción, clima o factores geopolíticos.

En el caso del café, es claro el aporte que el mismo ha hecho a la economía colombiana. Sin embargo, al tratarse de un monocultivo, es más, del monocultivo de un producto que es un estimulante y no un alimento; grandes extensiones de tierra organizadas en microfundios y en extensiones medianas fueron dedicadas a una vocación económica que no contribuía decididamente con la seguridad y soberanía alimentarias. Puede verse a través de la historia como desde las órbitas extranjeras y de los organismos multilaterales de dominio político, administrativo y financiero de los países del norte, se impulsó el monocultivo de este producto a través del paradigma de las ventajas comparativas y como una táctica para llevar hacia los países latinoamericanos los ingresos suficientes que paliaran la precaria situación económica de las mayorías, como parte de una estrategia contrainsurgente en tiempos de la guerra fría y del triunfo de la revolución cubana, que amenazaban con expandir el influjo de las teorías socialistas en pueblos sumidos en la miseria. En esta época “coincidencialmente” los Estados Unidos impulsan el Pacto Internacional de Cuotas del Café, con el cual se regulaba de forma artificial el precio internacional del grano y se permitía el acceso de importantes ingresos a las familias cafeteras y a las economías nacionales. Pero de nuevo y “coincidencialmente” tras la caída del muro de Berlín, el mismo país del norte impulsa la terminación del Pacto de Cuotas. Y a partir de allí se inicia la catástrofe de la caficultura nacional agravada por la corrupción que se desarrolló al interior de la Federación y de los organismos creados por los cafeteros a través de décadas. Es otro acervo económico que se perdió en manos de las élites cafeteras y de los gobiernos de turno, y que hoy tienen a los nietos en altos cargos del Estado con aspiraciones incluso presidenciales, pero que no responden por la riqueza perdida o sustraída de las arcas nacionales. A la vez y durante este tiempo, se impulsó el recambio de los cafetales por variedades supuestamente más productivas y atadas a los paquetes tecnológicos de las trasnacionales químicas, lo que fue agotando la tierra y sus nutrientes como también impusieron a los caficultores una estructura de costos crecientes, una presión financiera y legal a través del gobierno y del sector financiero. Los precios de los cultivos, su producción y productividad nunca fueron los prometidos; y el sector terminó fuertemente golpeado y desapareciendo progresivamente sin que desde las esferas gubernamentales y multilaterales se ofrecieran soluciones eficaces para la debacle. Una nueva historia de explotación del trabajo de los agricultores más pobres, esta vez de los cafeteros.

El sector financiero y especulativo ha sido consentido por los gobiernos de la república, tanto así que varios presidentes del país han tenido nexos de sociedad tanto con bancos nacionales como extranjeros. Durante la hegemonía del Frente Nacional, además de la nacionalización del Banco de la república, se crearon el Banco Ganadero, las corporaciones de ahorro y vivienda con el sistema UPAC a bordo. La reforma financiera de 1974 propendió por un funcionamiento más libre del mercado financiero [ii] (2). Al igual de lo que en ese tiempo ocurría en los Estados Unidos, en Colombia se argumentaba por parte de los banqueros que existía una enorme e innecesaria regulación del sistema operada desde el Estado, lo que frenaba el crecimiento del sector y por ende el desarrollo del país. Para superar esta “represión financiera”, según la terminología que los banqueros pusieron de moda, la reforma elevó las tasas de interés, liberó las que podían cobrar los bancos comerciales, redujo los encajes sobre los depósitos, eliminó gran parte de las inversiones forzosas [iii] (3) de forma tal que el sector de bancos y el asegurador que posteriormente se fortaleció, gozaron de una libertad inédita para realizar sus negocios, estructurar sus productos financieros, captar dinero del público e intervenir el sector real de la economía. Tal como ocurrió en el país del norte en donde el sector financiero lideró la desregularización de sus actividades y llevó la “moda” a los países del sur. En las décadas siguientes el poco o inexistente control del Estado sobre sus actividades permitió que la codicia de los banqueros, aseguradores y calificadoras de riesgo empujaran a los países, a los ciudadanos y al mundo al crash económico de 1998, a comienzos del siglo XXI con las empresas punto .com y en el 2008 con la crisis inmobiliaria y de las hipotecas basura que tocaron el ahorro de trabajadores, sus pensiones y otros activos en Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina. Décadas de trabajo y ahorro se perdieron para trabajadores en tres continentes mientras que los culpables de la crisis económica tanto en USA como en Colombia fueron premiados por su crimen desde los gobiernos que decretaron la salvación de los banqueros con los recursos públicos de los ciudadanos del momento y de los que habrían de nacer.


2.    El paso al Neoliberalismo, a la venta del patrimonio público y de los bienes comunes de la humanidad. Plan Colombia y la entrega  de los derechos y de la Soberanía


Al paso que avanzaban los nuevos paradigmas económicos desde las esferas del norte con la intención de lucrar a las grandes corporaciones y sus ejecutivos, en las naciones del sur los organismos financieros multilaterales (agentes de aquellas corporaciones) obligaban a los gobiernos, a sus oligarquías, para que adecuaran todo el sistema político, económico y jurídico a la nueva codicia del norte. Una situación similar a la Inglaterra de la baja edad media, en donde el rey otorgaba tierras y bienes a los dirigentes de los territorios que se oponían a las invasiones y a la conquista, con el fin de que traicionaran a sus pueblos y participaran así de la orgía colonial.

Fieles a la defensa de sus intereses de clase oligarca, los sucesivos presidentes de Colombia desde Turbay Ayala hasta Juan Manuel Santos, han adoptado de forma servil las directrices emanadas desde el Banco Mundial, el FMI y otros, agrupados en el llamado Consenso de Washington, para desregular las protecciones estatales a la economía nacional, desmontar el Estado y sus funciones de soberanía, abriendo las compuertas del libre comercio con países de mayor desarrollo tecnológico, fuertes subsidios a su aparato productivo y economías de escala imposibles de soportar por parte de nuestros sectores agropecuario y manufacturero. César Gaviria Trujillo con su “Revolución Pacífica” [iv] (4), Andrés Pastrana Arango con la firma del “Plan Colombia” [v] (5),  Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos con las firmas de los tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y algunos países asiáticos terminaron de darle el golpe de gracia a nuestra economía, al empresariado pequeño y medio nacional, y al trabajo de los colombianos.

Nuestro país por decisión de presidentes, ricos empresarios y extranjeros, dejó de sembrar alimentos claves para los platos de las familias de ingresos bajos y medios. Ahora importamos muchos de los alimentos que producíamos (incluso el café hoy se importa de países como Alemania, el cuál no tiene sembrado ni un solo palo del grano, pero que lo negocia a través de la bolsa de futuros [vi] (6). Hoy dependemos en gran medida de la voluntad de los vendedores de maíz, arroz, cebada, trigo, sorgo entre otros, para suplir nuestra necesidad de alimentos. Por ende, los precios generan procesos inflacionarios en los alimentos que castigan el costo de la canasta familiar de la gran mayoría colombiana.  

De esta forma, mientras en  1999 se importaban 4.975.645 toneladas de productos agropecuarios en 2015 se importaban más de 10 millones de toneladas, y ello debido a que se dejaron de sembrar alimentos para comprárselos a países foráneos. Es la cuota inicial de la llamada “enfermedad holandesa”.

Alimentos claves para el desarrollo de las personas tales como los cereales han tenido variaciones dramáticas en su producción local y en la provisión por persona de los mismos.




Fuente: Aurelio Suárez Montoya. El Modelo Agrícola colombiano y los alimentos en la globalización. Ediciones Aurora. 2007


Pero la política sobre la producción de alimentos agrícolas en el país, además del abandono estatal en cuanto a su promoción campesina, al desarrollo técnico y tecnológico de carácter raizal, a las salvaguardas contra el dumping [vii] (7) y a la protección constitucional como sector estratégico de seguridad nacional, ha sido entregado de forma aleve al capital transnacional de corporaciones extranjeras, entregando de paso la soberanía. Desde los países del norte se han promovido convenios internacionales para adueñarse de las semillas a través de patentes o figuras como Unión para la Protección de Obtentores Vegetales UPOV. Este convenio internacional se creó en el año de 1961 y posteriormente se han establecido dos convenios a los cuales se han suscrito los países miembros: UPOV78 y UPOV91. Colombia hace parte de los países que han suscrito el UPOV78. Estos convenios obligan a los gobiernos a reconocer la propiedad de las semillas para las transnacionales que han desarrollado modificaciones genéticas de diversa variedad.[viii] Dentro de esta lógica ha actuado el gobierno en tiempos de Uribe Vélez y de su hoy fugitivo exministro de agricultura cuando el ICA por medio de la Resolución 970 de marzo 10 de 2010 penalizó la recolección de semilla nativa, su almacenamiento y utilización en nuevas siembras, pues entrega y reconoce el control de las semillas transgénicas para transnacionales extranjeras. Así se han entregado el futuro alimentico de los colombianos y la Soberanía Nacional. Para la historia y la memoria de los colombianos es importante recordar que el gerente general del ICA que firmó esta resolución 970 era Luis Fernando Caicedo Lince.



FUENTE: Las semillas patrimonio de los pueblos en manos de los agricultores/Acciones sociales para enfrentar el colonialismo corporativo de las semillas en Colombia. RED DE SEMILLAS LIBRES DE COLOMBIA/GRUPO SEMILLAS. Las 10 principales compañías detentan el 67% del mercado mundial de semillas patentadas.


La producción manufacturera nacional que se había privilegiado en el período anterior, ha sido una de las grandes perdedoras en el modelo neoliberal. Este sector que contribuía con la creación de importantes fuentes de empleo para la población, a partir de la “apertura” neoliberal, inició un proceso de desindustrialización derivado de las políticas de competencia desleal que la oligarquía fomentó con empresas extranjeras que poseían mayores desarrollos tecnológicos, protección de sus Estados y por ende mejores estructuras de economías de escala que los pusieron en franca ventaja con los productores colombianos. A partir de allí se comenzó a presentar una tendencia sostenida en el incremento del desempleo nacional, el deterioro de los niveles de bienestar de los hogares, el aumento en la brecha de la concentración de la riqueza, un incremento en los niveles de inseguridad ciudadana y de violencia derivada de las condiciones de pobreza y miseria. El hecho de importar productos manufactureros que se producían aquí o que habrían podido desarrollarse, dispara los precios al consumidor final en momentos en que la ineptitud de los gobernantes ha sumido al país y sus gentes en un proceso de revaluación del peso que entre enero de 2015 y enero de 2016 llegó al 70%. La inflación se dispara y afecta los menguados bolsillos de los sectores medios y populares. La misma situación se da con los alimentos y productos agrícolas.

Por causa de las decisiones absurdas y mezquinas de las élites, la industria manufacturera perdió aportación al PIB de forma continua, dejó de crear fuentes de empleo y con la política uribista de “confianza inversionista” – continuada con Santos – abrió las compuertas a la inversión de capital extranjero hasta del 100% en empresas ubicadas en Colombia, atraídas por los bajos costos laborales – que desde Gaviria y hasta la fecha los gobiernos facilitaron con la Ley 50/93, Ley 100/93 y reformas que eliminaron garantías a los trabajadores en el gobierno Uribe – por altas tasas de interés y el corazón grande que les permitió repatriar a sus países de origen o a paraísos fiscales las ganancias obtenidas con el esfuerzo y sudor de los colombianos. Aquí no queda nada.

Esta política y el modelo económico y social han conducido por ejemplo a tener tasas nacionales de desempleo que llegaron en enero de 2011 al 13,56%, en enero de 2012 de 12,48% y que llevaron al gobierno a redefinir la metodología para ocultar el sostenido desempleo. La nueva metodología que oculta a las personas candas de entregar hojas de vida (por ejemplo) muestra en diciembre de 2015 una tasa de desempleo de 8,59% pero no habla de una informalidad (que también es desempleo) que se acerca al 60% de la población en edad de trabajar.



El índice de concentración de la riqueza se mantiene en niveles elevados y a medida que la población migra hacia la ciudad, la inequidad aumenta.



Las políticas que hemos venido describiendo y recordando recortan la generación de riqueza nacional, la inversión de las ganancias, la generación de empleo y en general los ingresos fiscales de la Nación que conforman los presupuestos y las partidas entre otras para inversión. Pero a la par, los gobiernos han vendido las empresas comerciales e industriales del Estado, muchas de las cuales le entregaban grandes ganancias al fisco con lo cual se apalancaba el presupuesto. También y de forma abusiva estos gobiernos han disminuido drásticamente las cargas de impuestos a la empresa extranjera pero le cargan la mano al empresario local.

Sólo el caso de las grandes superficies comerciales como en el caso de las tiendas ARA, reciben beneficios tributarios generosos en materia tributaria y arancelaria (distribuyen productos manufactureros de su país de origen), pueden repatriar sus ganancias; y en contradicción los tenderos colombianos pagan impuestos onerosos, no pueden competir en costos y terminan quebrados.

Con la venta de la empresa pública, se acaban fuentes de ingresos fiscales necesarios para apalancar la inversión social y estatal. Como las necesidades son permanentes y aumentan con el tiempo y el crecimiento de la población, los dineros que ahora no llegan por concepto de ganancias estatales, por pago de impuestos y regalías de la empresa extranjera, se le cobran al ciudadano colombiano a través del incremento de la base y de la tarifa del IVA, de los incrementos en los avalúos catastrales y de impuesto predial, de las reestratificaciones que aumentan los cobros en universidades, notarías y libreta militar entre otros.

La corrupción de las empresas privadas de los grandes conglomerados crece y crece, la estatal y de las élites es descarada y cada mañana amanecemos con un nuevo escándalo. Sobrecostos en la refinería de Cartagena en los cuales tienen responsabilidad funcionarios de los gobiernos (aunque lo nieguen) como el actual ministro de hacienda, Mauricio Cárdenas – nieto del antiguo gerente de la Federación de Cafeteros y que debería explicar la quiebra de las empresas de los cafeteros como la Flota Mercante Gran Colombiana, Bancafé y otros – Agro Ingreso Seguro a cargo del fugitivo ex ministro de agricultura Andrés Felipe Arias, Los fondos de bolsa que quebraron a miles de compatriotas. La venta de Isagén en contra de todas las voces nacionales, permitió la pérdida de un activo estratégico que influye en los costos de la energía para los hogares y las empresas, que tiene un acumulado de prácticas ambientales positivas, que garantizaba la generación soberana de energía eléctrica. En el momento y ante los niveles más bajos de los embalses, se anuncian racionamientos y la necesidad de comprar energía eléctrica en el extranjero. Estos son nuestros gobiernos y el de Uribe no se salva.

Para colmo de males, se celebra por parte de la élites, el aniversario quince del Plan Colombia que entregó la soberanía nacional al ejército gringo a través de las bases extranjeras en nuestro país, la utilización de las “generosas donaciones” en personal militar y de inteligencia gringo, en equipos y suministros gringos para los aparatos de guerra y el accionar impune de los violadores soldados norteamericanos.

3.    Economía extractivista, peores indicadores económicos, enfermedad holandesa y crisis humana.

Con la llegada de los cuatro gobiernos de Uribe – Santos, a partir de la primer década del siglo veintiuno, decidieron estas élites económicas tradicionales y emergentes (nuevos ricos a través de diversas violencias) decidieron que el país debía dedicarse a la extracción minera y petrolera (siguiendo las exigencias de sus socios de Banco Mundial, el FMI, la OMC y del Consenso de Washington. La industria manufacturera y el sector agropecuario fueron abandonados a su suerte y perseguidos impositivamente.

Las multinacionales se premiaron con mayores garantías para la explotación de las riquezas de nuestro subsuelo. El ingreso de capital extranjero llegó a niveles sin precedente histórico. La especialización económica en sectores de bajísimo valor agregado y creación  de empleo empujaron al país a nuevas crisis.

Al desindustrializarse el país, el empleo del sector disminuye, lo propio ocurrió en el campo. El enfoque minero energético no crea empleos como lo vaticinan los gurús locales de la economía de las élites. En los años de altos precios del petróleo y otros productos mineros, la producción creció aproximadamente en un 52,3% en tanto que el empleo sólo lo hizo en un 11,5%. Los ingresos de los altos precios de los productos mineros se derrocharon en corrupción y gasto irresponsable. No se apoyaron las estructuras agraria ni industrial nacionales.

Terminado el auge de precios, el menor ingreso de divisas, la disminución de los capitales buitre extranjeros, han elevado de forma exorbitante el precio del dólar, encareciendo las importaciones muchas de ellas de productos que ahora no producimos por decisión de los gobiernos. Así los precios al consumidor se han disparado, es decir la inflación. Y debemos recordar que la inflación para los sectores más pobres es mayor y tiene una alta influencia de la inflación de alimentos (maíz, sorgo, trigo, cebada, arroz, productos lácteos, carnes, etc se importan). Los sectores productivos que se abandonaron, no pueden paliar la crisis. Los ingresos fiscales disminuyeron dramáticamente y ahora la gente más pobre debe cubrir el déficit con mayores impuestos.

La deuda externa se ha incrementado cerca de un 400% y se le sigue apostando al extrativismo. El efecto de los TLC, sólo con Estados Unidos ha llevado a que se  perdieran 30 billones de pesos en comercio en 3 años. Multinacionales como la Drummond no pagaron un solo peso por concepto de renta para las exportaciones de 10 millones de toneladas de carbón en el año 2014 de la mina El Descanso. Agro e industria redujeron su participación en el PIB de 21,9% en 2003 al 17,2% en 2014.[ix] (9) Las políticas de Uribe y de Santos. Se intenta permitir la explotación a cielo abierto de la minera Anglo Gold Ashanti en el Tolima, para sacar oro en contra de la voluntad de los habitantes e intentando desconocer la misma Ley nacional como en el caso de la Consulta Popular en el municipio de Piedras. No se respeta ni la Ley que la propia élite hace a su antojo.

La estructura económica nacional del campo y la industria acabadas, inflación desbordada, crecimiento del desempleo y crisis social, dependencia de aparatos productivos foráneos, endeudamiento externo que se refleja en los déficits de cuenta corriente y balanza de pagos; configuran la enfermedad holandesa, situación que bien conocían los gobiernos y los ministros de hacienda como Mauricio Cárdenas. De hecho han escrito y alertado sobre ello. Pero actúan contrario a sus propias predicciones. Son traidores y mezquinos. No deben gobernar. Deben responder ante el pueblo.

Conclusión.

Faltando una gran cantidad de análisis, el bosquejo de la evolución económica, política y social de Colombia desde los años republicanos de comienzos del siglo veinte hasta hoy, nos muestran a ese minúsculo grupo de élite que manipula al país y decide para sus intereses particulares afectando el interés de las mayorías.

Han sumido a las mayorías nacionales, a los sectores populares en la pobreza y la miseria. Lo ocultan a través de tecnicismos y metodologías, lo ocultan a través de sus medios de comunicación y desinformación masiva. Lo imponen a través de sus organismos de violencia y represión.

Sólo ante el evento de grandes convulsiones sociales han respondido aunque de forma tímida para reconocer derechos y reivindicaciones sociales.

Es el momento de una crisis que han generado y que justifica un gran paro cívico nacional que obligue a reformas estructurales.

Estos gobiernos y estas élites han demostrado ineptitud, mezquindad, egoísmo y falta de humanidad. No merecen gobernar.

Paro Cívico Nacional.





[i] (1) José Antonio Ocampo Gaviria-Joaquín Bernal Ramírez-Mauricio Avella Gómez-María Errázuriz Cox. Historia Económica de Colombia. Compilación. Fondo de Cultura Económica SAS. 4a. Edición. 2015
[ii] (2) Ibidem
[iii](3) Ibidem
[iv](4) Nombre del Plan de Desarrollo del gobierno Gaviria.
[v] (5) Plan diseñado por el gobierno y las corporaciones de Estados Unidos para intervenir militarmente en Colombia, pero que contiene además exigencias frente al funcionamiento del Estado y de la economía nacional con el fin de favorecer los intereses económicos corporativos del norte en desmedro del interés nacional de nuestro país y entregando la soberanía en todas su formas.
[vi] (6) Transacciones en las bolsas de valores de New York y Londres sobre productos básicos como los alimentos, productos agrícolas y otros. Se negocian las producciones de varios meses o años en el futuro, productos que no existen físicamente pero que se transan de forma especulativa para controlar tanto el precio como la oferta y la demanda.
[vii] (7) Proceso de competencia desleal que consiste en producir o participar del mercado por debajo de los costos de producción del competidor e incluso de los propios.
[viii] (8) Las semillas patrimonio de los pueblos en manos de los agricultores/Acciones sociales para enfrentar el colonialismo corporativo de las semillas en Colombia. RED DE SEMILLAS LIBRES DE COLOMBIA/GRUPO SEMILLAS.
[ix] (9) Justicia Tributaria en Colombia. FIN DEL AUGE PETROLERO Y CRISIS ECONÓMICA COLOMBIANA: Causas, Responsables y propuestas.

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