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viernes, 20 de marzo de 2020

Pandemias y prestidigitaciones

Pero lo más próximo, lo más fundamental, lo más extenso,
lo más incalculable no aparecía sino hasta este momento
en mi camino. Había pensado en todos los mundos,
pero no en el hombre. Había explorado con crueldad y agonía
el corazón del hombre; sin pensar en los hombres había visto ciudades,
pero ciudades vacías; había visto fábricas de trágica presencia,
pero no había visto el sufrimiento debajo de los techos, sobre las calles,
en todas las estaciones, en las ciudades y en el campo.
Pablo Neruda – Confieso que he vivido

La relación entre ciencia y magia a través de la historia de la humanidad, no sólo ha servido para explicar los fenómenos que el ser humano va comprendiendo, sino además, para apaciguar el miedo ante lo desconocido e incomprensible. La fenomenología mágica ayuda además a ocultar otras realidades que el poder no desea que sean observadas ni entendidas, como a desviar la atención de las mismas.
Atendiendo a las definiciones de la Real Academia de la Lengua, una pandemia se entiende como una “Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. Por su parte, la prestidigitación se define como un “Arte o habilidad de hacer juegos de manos y otros trucos para distraer al público”.
Las epidemias de enfermedades causadas por virus o bacterias, que han sido catalogadas como pandemias por las “autoridades” mundiales, obedecen a diferentes causas, y mucho se especula acerca de orígenes premeditados, de enfermedades creadas en laboratorios con fines económicos, políticos, militares o de control social (teoría de la conspiración, de la cual me declaro seguidor).
El anuncio de la aparición de un coranavirus que ha sido llamado COVID- 19, coincide entre otras cosas, con la etapa más fuerte y sostenida de alzamiento popular mundial que exige cambios profundos en el modelo económico y político, y que tenía especial protagonismo en Hong Kong (China), en Francia, Italia y España. También en Latinoamérica, fundamentalmente en aquellos países que como Argentina, Chile, Brasil, Ecuador y Colombia, sufrían la conducción de gobiernos fuertemente neoliberales y depredadores de la naturaleza y de los seres humanos explotados por medio del trabajo asalariado. Igual coincidencia se observa en países del cercano oriente, que como Irán, están en medio de una guerra por la hegemonía energética de la que se alimentan las economías de las potencias del planeta, para ser más concretos, de la que se benefician las familias dueñas del gobierno corporativo global.
Entonces, la alarma por el contagio del COVID – 19, milagrosamente ha contribuido para aplacar la manifestación y la subversión global, expresada y concentrada en las calles de aquellas potencias y países cuyos gobiernos legislan y administran en favor de los negocios de la especulación financiera, como la pensional, que sirve como acumulador de riqueza para los dueños del gobierno corporativo global.
Recordemos las declaraciones de la señora Legarde hace unos años, cuando como Directora del FMI señaló que era necesaria la muerte de los más viejos, pues hacían insostenible el sistema pensional mundial. Hoy, casualmente, los más viejos son los mortalmente afectados por este coronavirus.
En el contexto, también aparece la disputa entre un imperio que como Estados Unidos va en franco declive, y China que parece ser el imperio en relevo, quien junto con Rusia, ofrecen a los Yankees una fabulosa disputa económica, política y militar. Por los lados de Latinoamérica, se convierte nuestra región en la retaguardia estratégica gringa, para paliar su descenso y mantener alguna expectativa en el nivel de vida de su población, a expensas de la extracción de rentas del trabajo de sus dominados y del dominio de nuestros recursos naturales.
El control del litio boliviano, del petróleo venezolano, del cobre chileno; del oro, coltán y uranio colombianos; de las fuentes de agua y de la tierra productiva de nuestra América Latina, es la provisión con que cuentan los señores del norte para resistir la disputa imperial.
En lo que respecta a Colombia, cuyas élites y sus gobiernos son socios y servidores del imperio, el pánico que genera el COVID – 19, cuya letalidad es magnificada por su ejército mediático (hasta ahora las estadísticas muestran que de las actuales dolencias de la humanidad, esta tiene mucha menos letalidad que el dengue, por ejemplo), ayuda a distraer la atención de verdaderas pandemias locales como el asesinato sistemático y creciente de líderes y lideresas sociales, el interés por mantener el conflicto armado interno, para no tener que responder por el asunto agrario y el despojo de tierras; la necesidad de hacer olvidar los nexos denunciados de reconocidos políticos con las mafias del narcotráfico nacional e internacional, la captura de todos los poderes del Estado por parte de las mismas mafias, lo que cada vez es más difícil de obviar a medida que aparecen diversas pruebas e indicios, que son desdeñados de forma curiosa por quienes deben asumir las investigaciones y responderle al pueblo. Otra pandemia social que es ya estructural, es el desempleo y el hambre; como también lo son el deficiente sistema de salud convertido en negocio particular, la imposibilidad creciente de acceder a una educación pública y de calidad, o la amenaza real de perder el futuro hídrico de la población por prácticas como el fracking o la megaminería de metales.
La prestidigitación, corre por cuenta de gobernantes dedicados a cantar, hacer la veintiuna con un balón de fútbol, promover el descabezamiento de gobiernos vecinos, o repetir fraseos ingeniosos como una retahíla de Estado. También contribuyen con las artes mágicas los periodistas que con toda intención ponen el foco en trivialidades y escándalos de un día, para encubrir las culpas de sus patrones. Ni que decir de las fuerzas de represión oficial, que cada vez quedan en mayor evidencia sobre sus relaciones con quienes debían perseguir y de la implacable violencia para con quienes deberían proteger.
Las pandemias y las prestidigitaciones le sirven bien al interés económico de esos pocos que se enriquecen con la miseria de la mayoría de los seres humanos y con la extinción de la vida en el planeta. Total, para eso vienen explorando la posibilidad de colonización de otros planetas, como alternativa de escape cuando su ambición colapse nuestro mundo.
Pero también ofrece esperanza el movimiento de las nuevas generaciones en busca de defender y preservar la vida, descubrir a quienes nos ponen en riesgo y su decisión de confrontarlos. Hasta ahora, la naturaleza y la historia humana nos enseñan que al final, siempre triunfa la vida. Paradójicamente, esta “crisis” sanitaria, obligará a la reflexión de que la misma sólo se puede superar asumiendo una postura cooperativa y colectivista.
El COVID – 19 reclama precaución para controlarlo, pues su expansión puede causar la muerte de seres humanos, pero no puede permitirse que sea la legitimación del individualismo, de la codicia y de la desconfianza en las relaciones sociales, verdaderas pandemias, que son el soporte de los opresores.
@MarioossaM

miércoles, 12 de febrero de 2020

LA GUERRA POR EL PODER SIMBÓLICO




“La democracia está pensada para ser un
conjunto de procedimientos congelados
para excluir y penalizar”.

-       Vicente Romano –

“De algún modo parecía como si la granja
se hubiera enriquecido sin enriquecer
a los animales mismos, exceptuando,
naturalmente, a los cerdos y a los perros”

George Orwell – Rebelión en la Granja.



Por : Carlos Mario Marín Ossa

Como ya sabemos, el proyecto de despojo que tiene la élite global, se manifiesta a nivel orbital y se desarrolla localmente – glocalidad para la explotación y acumulación por despojo -.

Una de las disputas más encarnizadas de la actualidad, es aquella que se da por el poder simbólico. Para ello, cumplen un papel fundamental los medios de comunicación que son propiedad de las élites y aquellos medios denominados alternativos, que son creados desde las bases de la población, para mostrar otras realidades diferentes - a las que se nos presentan mediadas a través de los periodistas, empleados y funcionales de los ricos y poderosos-; enseñarnos las realidades que nosotros vivimos y que se ajustan a nuestros intereses.

En el año 2015, desde El Congreso de los Pueblos en el Eje Cafetero planteábamos que “la clase dominante ha construido tejido social, impulsa valores ligados a la industria cultural, a nacionalismos precarios y ahistóricos. El papel de la educación y de los medios de comunicación es fundamental, pues uniforman el discurso, convirtiendo la voz de los medios en la voz de los poderosos en boca del Pueblo” [1].

Los seres humanos actuamos basados en las experiencias, el conocimiento que las mismas nos entregan y en las ideas que formamos con base en las opiniones que nos formamos a través de la información que recibimos y acumulamos a través del proceso mencionado. Las élites saben que si nos entregan dicha información y experiencias mediadas por sus mandaderos, nos vamos alineando gradualmente a sus intereses y en contra de los nuestros. Si desde la escuela, a través de la coacción contra los maestros o desde el diseño de currículos y textos, nos dicen que la injusticia es justicia, esa idea se arraigará en nuestra mente y será considerada como una verdad. “Si no reconocemos nuestros intereses, no entenderemos los nexos sociales más sencillos. No se pueden reconocer los intereses si se ignoran las posibilidades de uno. Las posibilidades se conocen gracias a las informaciones. Quienes deciden y seleccionan las informaciones que configuran nuestra opinión, deciden también hasta dónde han de llegar nuestras posibilidades. Por eso, deciden con qué intereses debemos identificarnos” [2].

Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos de Norte América y sus aliados, se repartieron el mundo, crearon entidades multilaterales y fortalecieron sus ejércitos externos e internos. A través del Fondo Monetario Internacional, de la ONU, del BID, de sus medios de comunicación, entre otros, vendieron la idea que estas entidades existen para ayudar al mundo “libre”, pero en realidad existen para garantizar la acumulación de riqueza en sus manos y la distribución privilegiada para ellos. Los bancos y sus propietarios, también hacen parte de los símbolos que se han creado para lograr el cometido de despojo, como cuando “los Rostchild, Baring Brothers y socios, financiaron la guerra de La triple Alianza contra Paraguay, el FMI nos enseñó que hay países ricos y otros destinados a servir a los ricos, que hay quien nace inteligente y quien nace tonto” [3]. En Colombia, se creó el UPAC como símbolo de ayuda a la población vulnerable para que adquirieran vivienda, pero en realidad, servía a los intereses de banqueros como Luis Carlos Sarmiento Angulo y de los que posteriormente se convertirían en oligopolio financiero. También tenemos a los partidos políticos como símbolos del poder de las élites, quienes son las llamadas a decidir por la población, pues tienen la formación, la experiencia y el derecho.

Las banderas, los y las dirigentes, sus modales, sus ropas, y más, son símbolos del deber ser, de lo correcto, de lo ético y moral que debe aceptarse en una sociedad. La misma verdad es un símbolo – lo que corresponde, es descubrir cuál verdad nos interesa -. George Orwell, nos cuenta en su libro Homenaje a Cataluña, como durante su estadía en el Frente de Huesca, durante su servicio en la huestes antifranquistas en España, la verdad como símbolo variaba no sólo dependiendo de si la información la difundía el POUM o el ejército de Franco. Cada cual, iba ganando la guerra. Entre tanto, las facciones apostadas en los campos de Huesca, pasaban frío, hambre y aburrimiento. La guerra allí, prácticamente no existía. Nadie ganaba [4].

Pero la disputa del poder simbólico, no sólo se da de forma binaria entre explotadores y explotados tradicionales, sino también entre aquellos que hoy conocemos como alternativos.

En nuestro país, en los últimos cincuenta años, esta disputa se ha dado fieramente también entre estos sectores. El ánimo hegemónico, el interés para preservar privilegios alineados a los de la élite tradicional y la mezquindad por si misma, han llevado a implosionar procesos unitarios, soportados en falsos dilemas, en la manipulación de la verdad, en el manoseo de la ética, en el posicionamiento de líderes tibios, no polarizantes, pero amigos, familiares o funcionales al régimen.

Si llegamos a la escena local del último quinquenio, encontramos a quienes nos han vendido Cámaras de Comercio, Sociedades de Obras Públicas, Entidades de financiamiento y Clubes Rotarios, que se encargan de impulsar y ejecutar las decisiones y las obras que necesitamos, pues son de interés público, pero que realmente benefician el interés privado, minoritario, por demás.

También podemos encontrar procesos de manipulación y saboteo de posibilidades políticas, sociales y electorales, en nombre de la democracia, de la conveniencia social y de la ética; pero que a la luz de los hechos, de los documentos y de los registros, han obedecido a veleidades y miserablezas, como lo ocurrido con el aborto del proceso convergente de 2019 en Pereira y la consecuente pérdida de la curul del Polo en el Concejo Municipal, todo orquestado desde el MOIR.

Al mejor estilo de Rebelión en la Granja, de George Orwell, los animales rebelados, ante la incapacidad de leer, por ende de comprender y organizarse, son manejados por los cerdos, que se organizan. Los perros son los esbirros que cumplen la función de amenazar a quienes pongan en cuestión a los jefes, las ovejas terminan como un coro que a las órdenes de los jefes, sabotean cualquier voz que cuestiona. Los gansos se transforman en un escuadrón que lleva y trae las informaciones sesgadas que ordenan los jefes difundir. Los demás animales, se convierten en mansos trabajadores de los mañosos dirigentes, y terminan hundiendo el proyecto emancipatorio de La Granja Animal, cuando los jefes los convencen de cosechar las codiciadas manzanas y otorgárselas en exclusividad a los cerdos (los jefes), pues estos deben mantener la salud, ya que su trabajo mental es más desgastante que el de los demás y todo lo que ellos hacen sólo obedece a la intención magnánima de pensar en el bienestar colectivo. El manifiesto libertario inicial, termina reducido a un sólo mandamiento: “TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES, PERO ALGUNOS ANIMALES SON MÁS IGUALES QUE OTROS” [5].

La disputa del poder simbólico, se da a la derecha y a la izquierda; y no toma partido en el centro.

@MarioossaM










[1] Congreso de los Pueblos. Memorias del Seminario Político Ideológico “Carlos Alberto Pedraza”. Bogotá, 2015.
[2] Vicente Romano. La formación de la mentalidad sumisa. Fundación para la investigación y la cultura. 2002.
[3] Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América Latina. 1970
[4] George Orwell. Homenaje a Cataluña. Penguin Random House. 2011.
[5] George Orwel. Rebelión en la Granja. 1945

viernes, 31 de mayo de 2019

EL GRAN HERMANO TE VIGILA




LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
(George Orwell – 1984)




Por: Carlos Mario Marín Ossa

Los eventos acaecidos durante los meses de “gobierno” del señor Iván Duque, relacionados con la prensa y los periodistas que no convergen con la ideología y los intereses del partido de gobierno, nos traen al recuerdo la novela distópica 1984, del escritor británico (nacido en la India) George Orwell.

Un régimen totalitario somete a la población a la dictadura de la “verdad” que emana desde el designio del Gran Hermano, figura omnipresente que encarna  los intereses del Partido, y que se construye y canaliza a través del Ministerio de la Verdad. Allí, se construye la verdad cada día, de acuerdo a cómo evolucionan los acontecimientos y estos se alinean o no con los intereses del Partido, que es a su vez la reunión de los factores reales de poder de Oceanía (1), es decir, de los ricos de dicho país. Quien se atreve a cuestionar la “verdad” que se arma en cada jornada, es detectado por los ojos del Gran Hermano y su red de patriotas cooperantes; y es sometido a la persecución, al destierro, al lavado de cerebro o la muerte.

La realidad que vivimos las personas en estos tiempos de post modernidad, es altamente mediatizada, y su representación nos la presentan los medios masivos de comunicación. Y en el mundo capitalista, los medios de comunicación son en su mayoría propiedad del poder económico y político. Por lo tanto, la realidad que dichos medios y sus periodistas nos muestran, es aquella que a los dueños de los mismos les interesa que veamos; es la agenda pública que ellos quieren que pensemos y discutamos, mientras esos ricos se dedican a explotar a las masas humanas para enriquecerse más.

El partido de gobierno en Colombia hace parte de un sector de los ricos que han acaparado la tierra a través de diversos métodos de despojo, que tienen intereses en la explotación de la riqueza del suelo por medio del extractivismo, método primario de la economía que no implica desarrollo común ni generación de valor agregado para la sociedad, y por lo tanto, no genera desarrollo de las fuerzas productivas, con lo que la sociedad permanece en un estado de subdesarrollo que amplía cada vez más las brechas de la desigualdad social. Los acompañan en su cruzada, los ricos del poder financiero, industrial y comercial. Todos ellos en ministerios y embajadas. He aquí las razones de los ataques incesantes al proceso de paz, al conocimiento de la verdad del conflicto social y armado, a la Justicia Especial para la Paz, al resarcimiento de las víctimas, al asesinato genocida de los reclamantes de tierras.

En el epígrafe se lee LA GUERRA ES LA PAZ LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD LA IGNORANCIA ES LA FUERZA, conceptos tergiversados y anclados en el inconsciente colectivo de las gentes de Oceanía, con el fin de redefinir la realidad y la historia a través del accionar del Ministerio de la Verdad. Es el mismo método que utilizan Duque, sus socios y socias del partido de gobierno, redefiniendo la narrativa histórica del país. Los desplazados son ahora migrantes, los despojadores son tenedores de buena fe, los criminales de cuello blanco son buenos muchachos, los que defienden los derechos populares son terroristas vestidos de civil, la imposición de la élite en el Plan Nacional de “Desarrollo” es un pacto por Colombia. El anclaje, lo hacen los medios de comunicación de los ricos, que presentan el interés privado como si fuera público (Jürgen Habermas).

Al someter a la población a un torrente incesante de noticias sin profundidad, los medios contribuyen a que las personas se sientan informadas, pero sin comprender lo que les llega ni a qué intereses responde dicha información. Es de nuevo la instalación de la agenda pública que responde a intereses privados. Son formas de violencia organizada y de coerción masiva (M. de Moragas).

No en vano, Orwell nos describe en su novela como el Ministerio de la Verdad es un edificio de forma piramidal, pues este responde a la organización de la sociedad en donde el lumpen desprotegido se encuentra en la base y el Benefactor, el Gran Hermano, se encuentra en la cima. Desde las alturas todopoderosas y perfectas de esta distribución se irradia la “verdad” y se designa lo que es correcto y lo que no. Es la composición del fascismo, es la cualidad del gobierno colombiano y de sus socios.


Los periodistas e intelectuales colombianos como Diana Uribe, Santiago Rivas, Daniel Coronell, María Jimena Duzán y el equipo de Noticias Uno, han sido sometidos a inclemente persecución por parte del Gran Hermano colombiano y su Partido. Revista Semana se alineó con dicha persecución, pues sus propietarios son parte de la élite que comparte intereses (2). Ya había ocurrido en 1977, cuando los dueños del periódico El Tiempo despidieron al periodista Lucas Caballero Calderón –KLIM, cuando este publicó una columna en la que cuestionaba al entonces presidente Alfonso López Michelsen por una decisión de gobierno que favorecía sus intereses en una finca de su propiedad. Los entonces dueños del periódico El Tiempo eran los abuelos del actual director de la Revista Semana, y el presidente López, padre de Felipe, quien fue el que notificó a Daniel Coronell sobre la cancelación de su columna en la revista. 

Pero como durante toda la historia de la humanidad, al totalitarismo se le oponen las sociedades organizadas que buscan los derechos y la libertad.

Si el poder responde al ánimo de lucro, a la concentración de la riqueza, entonces, al poder se le toca en los bolsillos.

@MarioossaM

(1)     Oceanía, es el país imaginario en donde se desarrolla la novela 1984.
(2)     Ardila Lulle es dueño de: Canal RCN, WIN, LA FM, RCN Radio. 
        Sarmiento Angulo de: El Tiempo, City TV, Portafolio. 
       Santo Domingo de: Caracol, El Espectador, Blu Radio. 
       Jaime Gilinski de: Semana y Dinero.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Genealogía de la nueva guerra*

El contexto actual de beligerancia social inducida a través de los medios de comunicación masiva colombianos y extranjeros frente a las diversas crisis sociales, económicas y políticas que se presentan, trae a la actualidad este texto escrito posteriormente a los ataques del 11S en Estados Unidos y muestran como se desarrollan las nuevas guerras en las mentes, desde el extremo del control remoto del televisor sin necesidad de salir de bajo de las sábanas.



Por: Josep Ramoneda (1)

  
Las claves de los conflictos bélicos han cambiado por completo. Como han demostrado los atentados terroristas contra los Estados Unidos, son enfrentamientos globalizados, sin fronteras y sin bandos estatales organizados. Las nuevas guerras son guerras de exclusión donde la principal víctima es la población civil, según se deduce de las más recientes novedades editoriales sobre el tema.

 
Lo importante es que los procesos conocidos con el nombre de globalización están destruyendo las divisiones culturales y socioeconómicas que definían los modelos políticos característicos de la era moderna.  Sobre esta idea, Mary Koldor construye su teoría acerca de la nueva guerra. La vieja guerra, la guerra que Occidente ha conocido desde los siglos XVII y XVIII, era una guerra entre Estados o coaliciones de Estados. Con ejércitos organizados, una economía de guerra basada en los recursos de cada Estado y unos objetivos políticos. Las necesidades de la guerra tuvieron un papel fundamental en la configuración de las Naciones – Estado modernas: impuestos y disciplina militar. En el siglo XIX, la guerra moderna hizo énfasis “en la dimensión y en la movilidad” y “en una necesidad creciente de organización racional y doctrina científica”. El siglo XX incorporó los ejércitos de masas y la guerra revolucionaria, portadora de algunos gérmenes de la guerra del siglo XXI. La culminación de esta lógica de la guerra moderna fue la guerra fría, construída sobre el principio  de la disuasión que se resolvió con la quiebra del bloque comunista. Lo que Kaldor llama la nueva guerra se generaliza a principios de los noventa como consecuencia de la gran inundación provocada por la caída del muro de Berlín.

El orden bipolar estable de la guerra fría desapareció. Occidente había ganado, Estados Unidos aparecía como una potencia sin parangón, con la única sombra de lo que pueda ser en el futuro la misteriosa y secreta China. La desigualdad entre adversarios había dado lugar a las llamadas guerras limpias, en que la potencia americana operaba  con su avasallador poder aéreo sin exponer la vida de sus combatientes. Guerra sin combate, en que los muertos eran invisibles, inscritos en la lista de los efectos colaterales. Vía libre para que la mundialización  se hiciera bajo la égida del modelo liberal – democrático. De pronto, sin embargo, se ha empezado a constatar que el gran hipertexto que tenía que unificar el mundo – del que Internet es a la vez expresión y metáfora, y el fin de la historia el argumento ideológico – no era tal, que en realidad lo que aparecía era la fragmentación y el conflicto.

Durante este tiempo se han producido cambios esenciales para pensar la guerra: los estados plurinacionales del mundo ex comunista se fragmentaron, dando vía libre a las pasiones nacionales y a una nueva irrupción de lo que Amin Maalouf ha llamado las identidades asesinas. Como recuerda Mary Kaldor, por lo menos desde los años setenta, en la Unión Soviética las nacionalidades se convirtieron en el paraguas legítimo que cubría la lucha de intereses políticos y en especial la competencia por los recursos en una economía de escasez.

Algo parecido ocurrió en Yugoslavia, otro Estado unido por el monopolio del partido comunista. Al hundirse los sistemas de tipo soviético, funcionó la alianza entre lo rojo y lo
pardo, entre las antiguas nomenclaturas (incluida la dirección de los ejércitos) y el nacionalismo que en muchas cosas evolucionó hacia lo étnico. “El nacionalismo”, dice Kaldor, “representaba la continuidad con el pasado y al mismo tiempo una forma de negar u olvidar una complicidad con ese pasado”.  Coincidiendo en el tiempo, en Africa, se ha llegado al agotamiento de los regímenes poscoloniales. A menudo regímenes personales, construidos sobre liderazgos forjados en la lucha anticolonial, no superaron el paso del tiempo. La corrupción, el despotismo, la dificultad de remplazar los líderes históricos, la avalancha de ciudadanos hacia las ciudades en unas economías completamente desequilibradas, la pérdida de protección del sistema de potencias – tutores de la guerra fría y el poder destructivo de epidemias como el Sida y la malaria han creado situaciones insostenibles, que en lo tribal y lo mafioso se cruzan ante cualquier intento de crear Estados modernos.

Europa ha iniciado un proceso de desmantelamiento del Estado de Bienestar, en una espiral de privatizaciones que incluirá la venta de parte de los activos del monopolio de la violencia legítima, que caracterizaba al Estado moderno.
 
 

En fin, como ha explicado Ives Michaud, “el valor de la universalidad de los derechos del hombre pone profundamente en duda las soberanías nacionales, en beneficio de un gobierno de funcionarios de lo universal y de jueces transnacionales”. Pero la incapacidad política de dotar de poder y legitimidad a este Gobierno agrava la sensación de vacío.

En este vacío político, “de pérdida de ingresos y legitimidad de los Estados”, de “desorden creciente y fragmentación militar”, estallan las nuevas guerras que describe Mary Kaldor. Son guerras globalizadas, porque en un mundo que se ha hecho más pequeño lo que ocurre en un sitio puede tener repercusión en muchas partes y porque desde los combatientes locales hasta las organizaciones internacionales y los Estados intervencionistas pasando por la ayuda humanitaria y las ONG son muchos y de muy distintas procedencias los actores que intervienen. La televisión consolida la globalización y configura la actitud de las opiniones públicas de los países occidentales, entre la compasión y el miedo.

Las nuevas guerras son guerras de exclusión, basadas sobre la adhesión a principios identitarios, con diversidad de actores militares, que rehúyen el combate convencional y provocan muchas más muertes entre la población civil que entre los propios combatientes organizados y no reconocen ninguna regulación ni legislación internacional.

Los principios identitarios las diferencian de las guerras revolucionarias. Los señores de la guerra provocan la adhesión a una etiqueta más que a una idea. Una marca, como si de un producto de consumo masivo se tratara. No hay más proyectos de futuro que la homogenización étnica y religiosa.

El fracaso de los Estados va acompañado de una privatización cada vez mayor de la violencia. Las unidades de combate son diversas: los ejércitos convencionales o lo que queda de ellos, los grupos paramilitares, generalmente formados por gente proveniente de los ejércitos que trabajan para el propio Estado o para carteles mafiosos, los mercenarios, los ejércitos de las instituciones internacionales que generalmente no entran en combate, los ejércitos extranjeros. Ignatieff explica que para los jóvenes guerreros el arma como emblema ha sustituido el papel del uniforme. La sexualidad primaria del varón adolescente preside la subcultura de unas guerras en que las bandas paramilitares actúan a menudo como franquicias de los Estados para hacer los trabajos más sucios que estos prefieren delegar.

Naturalmente, esta privatización de las unidades de combate afecta la economía de guerra. Los combatientes acuden a la extorsión y el pillaje para sustituir los salarios que no reciben. Las unidades en conflicto buscan ayudas externas, se apoyan en traficantes internacionales y se queda parte de la ayuda humanitaria.

La estrategia no es tanto de ocupación de un territorio como la expulsión de una población y busca, por la vía de la adhesión identitaria, máxima implicación de la ciudadanía en l conflicto.

Las nuevas guerras son causa permanente de oleadas inmigratorias. La política de identidades excluyentes cierra las expectativas de futuro.

Las nuevas guerras son muy difíciles de terminar por las complicidades de los protagonistas, por la trama económico-mafiosa que se teje sobre ellas. Y por la incapacidad de la comunidad internacional de operar positivamente sobre ellas. El ejemplo de la ex Yugoslavia es evidente, el resultado final de un conflicto largo y superinternacionalizado ha sido la legalización de la limpieza étnica. Una sociedad plural se ha convertido en un mosaico de fragmentos étnicos.

Corresponde el ataque terrorista a Estados Unidos a este nuevo modelo de guerra definido por Mary Kaldor? Hasta ahora las nuevas guerras ocurrían extramuros: fuera de Occidente, a lo sumo en espacios fronterizos. Esta vez la violencia globalizada ha dado en el corazón del sistema. A través de la televisión, los occidentales asumíamos el papel de voyeaurs con conciencia humanitaria (Ignatieff), de unas guerras degeneradas (Martin Shaw).

De un modo súbito y dramático nos sentimos incluídos en el territorio del estado de violencia. Había habido avisos, todos los países han sufrido fenómenos de terrorismo, pero este ataque es de otra dimensión: es, para decirlo en términos de Clausewitz; la subida a los extremos de la nueva guerra. Y en el extremo, la guerra se convierte en estado de violencia salvaje.

“Una vez abatidas las barreras de lo posible”, decía Clausewitz, “es extremadamente difícil volver a colocarlas” . El ataque a Manhattan rompe definitivamente los límites de lo posible. Pero es un ataque hecho por un comando invisible, que se desconoce de que Estado es franquicia. Es un salto efectivo en la globalización de la nueva guerra, que nos sitúa en un estado de violencia generalizada. La violencia lo simplifica todo, y sin embargo, como concluye Mary Kaldor, sólo desde la reconstrucción política de la legitimidad se puede controlar la violencia.

Ignatieff ha descrito así el orden causal que conduce a las guerras identitarias: primero cae el Estado, luego aparece el miedo hobbesiano, sigue la paranoia nacionalista como respuesta a la destrucción del orden y de la convivencia, y, finalmente, estalla la guerra.

Es la genealogía de la nueva guerra.

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* Publicado en El País de España. Sábado 22 de septiembre de 2001.
 
(1) Josep Ramoneda (1949) es Filósofo, periodista y escritor español.