Mostrando entradas con la etiqueta Sociología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sociología. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de agosto de 2023

La pregunta como gen de la creación y su inexistencia en la IA

 



Todos los animales son iguales.

pero algunos animales son más iguales que otros.

 

George Orwell (Rebelión en la Granja).

 

 

Escuchose la música de una flauta casi perdida entre el

redoble persistente, regular e implacable de los tambores.

Gustáronle estos a Lenina. Cerrando los ojos, se entregó a

su grave y reiterado redoblar, y dejó que se invadiera cada vez más

por completo su ser, hasta que ya no quedó en el mundo para ella

sino aquella profunda pulsación sonora.

 

Aldous Huxley (Un mundo feliz).

 


Feria del libro de Pereira 2022. Foto: Carlos Mario Marín Ossa


por  Carlos Mario Marín Ossa.

 

La especie humana se encuentra –como tantas otras veces- ante un nuevo cataclismo que conmueve sus cimientos evolutivos y la confronta con los límites de su existencia. En medio del desarrollo de la 4ª. revolución industrial, aparece la tecnología conocida como Inteligencia Artificial, la cual promete simplificar la vida de las personas y responder, virtualmente, a cualquier pregunta que se le plantee, o a cualquier desafío que se le proponga en el espectro del conocimiento humano.

El mundo que habitamos las generaciones vivas del siglo XXI, está organizado de acuerdo al modo de producción vigente, que no es otro que el capitalismo en su fase tardía neoliberal, en donde las relaciones de producción entre las clases sociales son claramente de explotación de los dueños del capital sobre quienes no lo poseen; o si se quiere, de dominio y hegemonía por parte de las personas que poseen el capital, el conocimiento y el poder militar sobre las personas que carecen de las anteriores posibilidades. El desarrollo tecnológico de la imprenta y su consecuente impacto en el desarrollo del telar y la máquina de vapor, que dieron como resultado la revolución industrial capitalista, determinaron no sólo la cultura, el derecho, la educación, la política y la religión; sino que trazaron los caminos para el avance de la ciencia y de la técnica, con lo cual aparecen los desarrollos en torno a la electricidad y la electrónica que marcan los tiempos de la segunda mitad del siglo XX y la primeras dos décadas del siglo XXI.

La sociedad individual del conocimiento aplicado y el regreso a la tribalidad con la aldea global.

Con cada descubrimiento y adopción de una tecnología nueva, el ser humano genera un desplazamiento cultural (McLuhan). En las sociedades anteriores a la invención del alfabeto fonético y de la imprenta, el carácter audio – táctil de la comunicación y de la escritura hicieron de las personas seres tribales, y en consecuencia, dichas sociedades también lo eran. Aquí el carácter audio – táctil de la escritura y de la comunicación conlleva a la utilización de todos los sentidos humanos en el proceso, especialmente a la preponderancia del oído sobre la vista. De esta forma, el aprendizaje y por tanto, la creación humana, depende del contacto de los cinco sentidos con el entorno, con el medio ambiente; y dichos procesos de aprendizaje y creación se dan en términos complejos e inmediatos, los que se depositan en la cultura del manuscrito, que internaliza nuevamente el proceso de forma holística. Por el contrario, con el advenimiento del alfabeto fonético y la creación de patrones y procesos repetitivos y lógicos en línea, que son la base del funcionamiento de la imprenta y el ulterior soporte y desarrollo de la industrialización como de las superestructuras culturales, legales y religiosas; se da el divorcio de los sentidos, en concreto de la vista sobre el oído. Así pues, el conocimiento y la creación se comienzan a dar también de forma desagregada, en lo que se conoce como conocimiento y/o ciencia aplicada. Se termina el proceso tribal de la sociedad y se erige la dirección del mundo íntimo del individuo, como producto de un punto de vista establecido, que es el resultado de los hábitos de observación particularizada [i].

Carnaval en Santuario - Risaralda. Foto: Carlos Marín O. 



Los desarrollos tecnológicos desde los años sesenta a la fecha, que tienen que ver con la electrónica, el internet, los procesos de hardware y software; y la implantación de los modelos de supercomputadores, poderosos motores de búsqueda y espacios geográficos para el hábitat físico de todas estas estructuras del mundo real que albergan el mundo virtual, nos han traído hasta la promesa (o amenaza) de la llamada Inteligencia Artificial (IA). No se trata ni mucho menos de un desarrollo tecnológico que le debemos a los modernos tiempos del siglo XXI, sino que sus desarrollos datan desde el año 1962 aproximadamente (tiempo en el que curiosamente McLuhan predecía la desaparición del alfabeto fonético y el advenimiento de la aldea global con su nuevo tribalismo, el retorno de la preponderancia audio – táctil), y que en medio de la guerra geopolítica entre Estados Unidos de Norteamérica y la China, es decir entre Oriente y Occidente, se han acelerado los mencionados adelantos de esta tecnología. El trasfondo para impulsar con tal fuerza y celeridad este desarrollo, es la disputa de la hegemonía mundial como potencias económicas entre estos colosos. La tecnología es también ese campo de batalla, que basados en la preponderancia lingüística del imperio gringo, pareciera llevar la delantera en la imposición de sus intereses y matrices ideológicas a través de la IA. La empresa OpenAI, propietaria del reconocido ChatGPT, se alimenta de la inmensa del inmenso cuerpo de contenidos textuales en inglés que componen la web [ii], liderando además desde Silicon Valley los modelos lingüísticos de gran escala (LLM). Pero si lo vemos desde el punto de vista del retorno a la tribalidad de la aldea global y sus códigos visuales, la cultura china es tradicionalmente oral, tribal y audio – táctil. Su escritura es ideográfica y en ese sentido difiere del patrón lógico que supone el alfabeto fonético occidental. Puede encontrar aquí el nicho para la disputa geopolítica por el dominio mundial de la IA, que no es otra cosa que el dominio económico. La IA es entonces una herramienta tecnológica de carácter militar.

La hegemonía lingüística como arma de control y preponderancia geopolítica

Las aplicaciones de IA prometen dar respuesta a los pedidos de los cibernautas, cruzando billones de datos en segundos, los que son tomados de todas las plataformas que han sido alimentadas por personas, con la información relacionada a todo el conocimiento generado por la humanidad, y que ha podido ser digitalizado para tal fin. Esto supone que las personas que alimentan las equipos y plataformas huéspedes de dicho conocimiento, deben hacerlo utilizando los códigos y estructuras lingüísticas que existen, y por lo general realizando las traducciones correspondientes al lenguaje prototípico que es el inglés.

Es el lenguaje humano el que exhibe del modo más claro la diferencia esencial entre el hombre y el animal, en particular la facultad que tiene el hombre de formar nuevas expresiones que manifiesten nuevos pensamientos y que sean apropiados para nuevas situaciones [iii]. De forma análoga, se plantea la diferencia entre la capacidad para crear y utilizar lenguaje por parte de las personas y de las máquinas, como forma de crear a su vez y recrear el conocimiento, el pensamiento y las nuevas realidades a las que se aplican. Aunque las aplicaciones más conocidas de IA logran generar textos, conversaciones con cierto nivel de lógica, compendios temáticos, creaciones “literarias”, imágenes muy aproximadas frente a lo que se pide a partir del texto introducido como instrucciones, procesos de automatización de procesos industriales, entre muchos más; lo cierto es que por más que los desarrollos de software a partir de inteligencia algorítmica logren imitar al cerebro humano, los procesos de sinapsis y en cierto tiempo, los cinco sentidos de las personas; el diseño natural de nuestro cuerpo y la interrelación con el medio circundante da como producto la interpretación de los fenómenos de la realidad que se percibe, el aprendizaje que de ello se deriva y la creación de conocimiento a partir del proceso. Los computadores no tienen piel, que es el sentido más extenso del cuerpo humano y por tanto el mayormente conectado a la sinapsis cerebral (o generador de mayor cantidad de sinapsis).

Los cada vez más rápidos desarrollos de la IA - al igual que en los días de los avances del software y el hardware de los años sesenta y setenta- promueven presiones muy fuertes para imponer una nueva tecnología educativa (y productiva) y elaborar programas y métodos de enseñanza bajo la luz de los últimos avances científicos [iv]. La alerta que se genera, es que los nuevos conocimientos y las nuevas técnicas definirán la naturaleza de lo que se enseña y del cómo se enseña. Lo que conocemos sobre la inteligencia humana sugiere que disminuyendo el registro y la complejidad de los materiales presentados al entendimiento, a base de establecer la conducta en patrones fijos (dar instrucciones a la IA), son métodos que pueden dañar y tergiversar el desarrollo normal de las capacidades creadoras [v]. La IA promueve la búsqueda del placer y la gratificación inmediata.

La pregunta es el gen creador, y es propio del ser humano.

La gran génesis de la actividad creadora es la pregunta, en contraposición a la respuesta (fundamento de la promesa de la IA), y la pregunta no hace parte de la inteligencia algorítmica, que como característica funcional de la respuesta, se limita a seguir una serie de instrucciones que configuran las formas y estilos institucionalizados que no son nada más que la manifestación del status quo. Estas formas institucionalizadas hacen parte de la presión social manifiesta en la cultura, en la lingüística institucional (inglés), en las razones de la estadística y de las políticas públicas o políticas de las mayorías, que a la postre crean la agenda pública de la IA. Pero la verdadera creación humana se da en los márgenes de la institucionalidad, y es la labor de los iconoclastas, de los outsiders sociales que no se cogen a los códigos establecidos y patronalizados. La IA no tiene ni puede tener la facultad de la pregunta, porque su “inteligencia” es funcional, no creadora.

La profesora María Carmenza Hoyos Londoño, docente de la Universidad de Antioquia, refiere una experiencia de clase de literatura, en donde los estudiantes debían utilizar el ChatGPT para que entregara unas anotaciones de análisis sobre el poema Pequeña elegía, de Raúl Gómez Jattin. La aplicación de IA devolvió como resultado unas notas que referían a la expresión de profundos sentimientos de tristeza (característica por antonomasia de una elegía). Al ajustar las instrucciones en un segundo intento, delimitando mejor lo que se quería respecto al poema, el resultado entregado refiere a otro autor e incluso en un tercer intento, entrega información que no es real respecto del autor [vi]. Y ello se da, porque la IA requiere de instrucciones muy precisas y perfectamente escritas, de forma que el componente lingüístico sea tan ajustado que la IA no requiera de “interpretar”. La condición de interpretación y ajuste al contexto y a la situación concreta, es facultad propia y exclusiva del ser humano.

En otro ejemplo, el fotógrafo alemán Boris Eldagsen, ganó en abril de 2023 un concurso convocado por la multinacional SONY, cuya temática estaba enmarcada en cualquier obra generada por IA. Su fotografía fue la ganadora. En la misma aparecen una mujer joven de estilo clásico, y detrás de ella una mujer mayor que la toma por los hombros, mientras ambas tienen un gesto de consternación.  Boris terminó confesando que las mujeres de la fotografía no existen, no han existido y nunca existirán [vii]. Las instrucciones a la IA fueron tan precisas, que se logró un resultado impresionante y de gran “realismo”. En este caso, como en la organización, robotización y automatización de la producción, pudiese verse como un resultado favorable en términos de creación artística o racionalización económica. Otra mirada puede ser enmarcada en el peligro de crear realidades no existentes o de condenar al ostracismo el trabajo humano productivo.

El pensamiento crítico como capacidad humana y como acervo de la especie, ha empujado los cambios y transformaciones en la historia. Los mismos se dan en contra de la cultura y no dentro de ella, pues esta es stablishment, status quo que hace acríticos y dóciles a los seres humanos. La crítica surge a través de la pregunta, igual que la duda; preguntar es un distanciamiento de los poderes ya sean estos abiertos o de facto, o sutiles y simbólicos. Por lo mismo, la capacidad creadora la da la pregunta, la creación es introspección humana.

El ejercicio producido por la IA puede conllevar a la simplicidad de hacer del lenguaje y del conocimiento como algo “transportable” (en teléfonos, tablets y computadoras) que priva a la persona de la retroalimentación del medio ambiente. Es resultante también la tensión entre el mundo individual y aplicado de la cultura del alfabeto fonético y la aldea global del retomado mundo tribalizado a partir de los desarrollos cibernéticos y de la web, que dividió en su momento los sentidos para acometer por separado el conocimiento aplicado, y la nueva integralidad mágica proporcionada por la IA. Otras tensiones resultantes son las relacionadas con el tiempo, ya que el hombre tipográfico tiene un sentido del mismo desde lo cinemático, secuencial y pictórico. La aldea global proporciona otra característica al tiempo de forma inmediata e integral. En lugar de evolucionar hacia una enorme biblioteca de Alejandría, el mundo se ha convertido en un ordenador, un cerebro electrónico, exactamente como en un relato de ficción para niños. Y a medida que nuestros sentidos han salido de nosotros, el GRAN HERMANO ha entrado en nuestro interior. Y así, a menos que tomemos conciencia de esta dinámica, entraremos enseguida en una fase de terror pánico, que corresponde exactamente a un mundo de tambores tribales en una fase de total interdependencia y coexistencia impuesta desde arriba [viii].

Iglesia Santuario - Risaralda. 
Foto: Carlos Mario Marín Ossa


Después de todo, la IA es un recurso de carácter militar aplicado a la economía como estructura y a la cultura, la educación, el derecho, la política y la religión como superestructuras. Como en cualquier guerra, los desarrollos entregarán productos benéficos y otros nocivos. Veremos en qué grado.



[i] Herbert Marshall McLuhan, La Galaxia Gütemberg. Editorial Planeta Agostini, Barcelona – España, 1985.

[ii] Evgeny Morozov, Guerra fría 2.0. Periódico LE MONDE diplomatique edición Colombia, mayo de 2023.

[iii] Noam Chomsky, Lingüística Cartesiana. Editorial GREDOS S.A. Madrid – España, 1972.

[iv] Noam Chomsky, El lenguaje y el entendimiento. Editorial Seix Barral S.A. Segunda edición aumentada, Barcelona, 1977.

[v] Ib Idem. Subrayado del autor de este artículo.

[vi] María Carmenza Hoyos Londoño, Inteligencia Artificial para la escritura de textos “Utilizarla o no utilizarla, esa es la cuestión”. Periódico MAESTRO Legal, mayo – junio de 2023.

[vii] Philip Potdevin, Dudas e interrogantes en torno a un dispositivo del capitalismo tardío. Periódico LE MONDE diplomatique edición Colombia, mayo de 2023.

[viii] Herbert Marshall McLuhan, La Galaxia Gütemberg. Editorial Planeta Agostini, Barcelona – España, 1985.

 


martes, 16 de junio de 2015

La nueva Constitución de Colombia tendría principios neofederales, descentralizantes y autonomistas.


Palabras de Orlando Fals Borda durante su participación en la Asamblea
Nacional Constituyente de 1991 en Colombia. De allí nació la actual
Constitución Política de Colombia. Aunque su participación fue
Fundamental en la determinación de conceptos como el
Ordenamiento territorial y la construcción del Poder
Popular a través de la democracia participativa,
Los posteriores representantes del Congreso,
Han impedido el desarrollo de varios de
Estos tópicos, en representación de
Las élites tradicionales[1].



Por. Orlando Fals Borda *[1]


Ante todo, quiero darles un testimonio y transmitir un deseo. Quizás algunos de ustedes recuerden que he escrito cosas fuertes contra la clase política de recinto con muchos de los más importantes exponentes de esa clase política a la que vi con tanto recelo.

Confieso que aún me siento deslumbrado por ello, y he tratado de sobreponerme escuchando y aprendiendo de todos ustedes. Es una gran experiencia. Pero lo más extraordinario ha sido descubrir otras facetas de la personalidad de aquellos políticos, aspectos sólo advertibles mediante el contacto directo. Con la vivencia que ahora tengo, esas personas están adquiriendo rostros más cordiales y humanos. Por lo menos aquellos con quienes he conversado en estos días intensos. Me están demostrando no sólo la proverbial inteligencia que se ha reconocido internacionalmente a los políticos colombianos, sino también una cierta apertura inesperada para comprender las situaciones nuevas, y para aceptar el surgimiento de los nuevos movimientos políticos que han retado al bipartidismo. ¿De buen grado? Unos más, otros menos. Pero me da la impresión de que muchos de ellos responden ante el país que marcha y buscan acomodarse a las actuales circunstancias de cambio, con un grato espíritu de patriotismo y de realismo político.

He tenido, pues, que empezar a corregir mi anterior visión satánica de la clase política, y ello me alegra como sociólogo y como colombiano. Porque quiero seguir abrigando la esperanza de que esta atmósfera constructiva y respetuosa que se respira en la hermandad de la Asamblea, continúe hasta el final. Que sigamos pensando más en las necesidades y urgencias de nuestros pueblos que en nosotros mismos, o en nuestros partidos como pudo ser antes. Que ese empeño de construir entre todos la Colombia nueva de que nos hablaran aquí los doctores Vásquez Carrizosa y Maturana, culmine en la fiesta de una patria en paz, con justicia y prosperidad.

Voy a seguir los pasos de los doctores Gómez, Calaz, Garzón y Rodado, para referirme también a la filosofía de la participación democrática, en vista de que nuestro mandato exige que el nuevo pacto político y social de los colombianos se dirija a construir una democracia participativa.  Como en el caso de otras ideas fundamentales, también esta se presta a diversas interpretaciones como ya lo hemos escuchado aquí. Ahora me permito ofrecer a esta Asamblea, como simple referencia y con todo respeto, algunas ideas pertinentes, sólo en aras de la mayor claridad que necesitamos para alcanzar coherencia ideológica en el texto constitucional final.

Empecemos por lo que muchos observadores sostienen sobre lo que no puede ser democracia participativa. Así, aunque fuera masiva, no lo fue la política de nazis y fascistas [2], que justificó la opresión y la manipulación de los pueblos europeos. Tampoco lo fueron los regímenes de Ferdinand Marcos y Augusto Pinochet, aunque así lo autoproclamaran. No lo es la política de tutelaje que mantiene en el poder a gobiernos democráticos amenazados por desequilibrios estructurales de la sociedad, como los nuestros, porque desconoce la esencia de la participación auténtica.

¿Cuál es esa esencia? Hay que partir de alguna fuente, especialmente de las que ofrece la autoridad histórica. Apelo por eso a la de Juan Jacobo Rousseau en El Contrato Social (Libro III, Cap. 18, Libro II, Cap. 3), el primero en plantear esta idea dentro de la tradición occidental. Recordemos rápidamente esos dos grandes ejes teóricos que ofreció Rousseau para definir a la democracia participativa: primero como un proceso educativo que implica la construcción de una sociedad participativa e igualitaria a partir de sus instituciones, con una formación congruente de actitudes y valores individuales; y segundo como un derecho de los ciudadanos para ejercer control  y vigilancia efectivos sobre sus representantes a todo nivel, con el fin de asegurar toda la vigencia de la “voluntad general”. Así ilustración y poder popular[3] son esenciales en este concepto, con la presencia activa y determinante de las gentes del común esclarecidas para el manejo de los intereses de la colectividad.

 Sobrevivió hasta nuestros días a pesar de incomprensiones, y apareció en diversas formas que fueron desde los primeros soviets de 1917, al desarrollo comunitario de las Filipinas de los años cincuenta que importamos aquí poco después, como “acción comunal” para que el caciquismo la desvirtuara. Estudiantes y sindicalistas la han enarbolado y, últimamente, por su trascendencia, ella ha sido tema de estudio serio en las ciencias políticas.

La discusión entre politólogos se ha centrado en ese punto: ¿es deseable o no, para la estabilidad de los gobiernos, que haya una mayor participación de los ciudadanos? Algunos neoliberales temerosos (Berelson, Huntington), sostienen que es peligroso aumentar el nivel de la participación popular y prefieren seguir alimentando democracias restringidas o limitadas, con mecanismos de tutelaje y represión armada. Otros aceptan que haya un matrimonio entre los mecanismos de representación electiva y los de participación directa, de lo cual salen los ya conocidos plebiscitos, referendos, juntas, talleres, consultas populares, cabildos y concejos. Hay dificultades obvias en este matrimonio, que proviene de la ilegitimidad de los actuales mecanismos de representación aún en países avanzados, así como de las prácticas políticas corrientes: gamonalismo, la líbido imperandi, la represión y persecución contra movimientos de masas, el clientelismo, las distancias entre las clases sociales, todo lo cual es antiparticipativo por antonomasia.

Recordemos que una condición de la participación auténtica es que de ella emerja un poder popular local, regional y nacional. Este poder ha sido dinamizador de movimientos sociales [4] y políticos, regionales, cívicos, comunales, culturales, ecológicos, femeninos, de indígenas, de negros, en muchos países. En Colombia, han dado un revolcón a la política partidista en sólo diez años de lucha. Muchos de esos movimientos postularon candidatos para esta Asamblea, y algunos lograron llegar [5], en lo que demostraron el valor de la organización y la resistencia práctica en la construcción de la democracia participativa.

Es evidente que esta democracia de participación, de las bases hacia arriba, de la periferia hacia los centros, ya se ha venido por ello implementando entre nosotros y que la Constitución nueva sólo deberá reconocerla, consagrarla e impulsarla. Se ha visto que resulta tanto o más importante practicar la democracia participativa de manera cotidiana, gradual y no violenta, desde ahora mismo y donde estemos, aún en esta misma Asamblea, que esperar a la toma total del poder para imponerla desde arriba a la fuerza, como fue diseño de muchos partidos en el pasado, y lo es desde la guerrilla activa. Porque la democracia participativa es, en el fondo, una filosofía de la vida, una actitud constructiva ante la realidad, una ética, una vivencia personal.

He dicho que hasta en esta misma Asamblea. En efecto, aquí ha habido esbozos prácticos de esta filosofía, como cuando implantamos consensos y cuando procedimos a elegir sucesivamente mesas directivas colegiadas. Esto rompió tradiciones rígidas, y es sintomático de nuestro tiempo. No me huele a componenda, como se ha dicho, que las nuevas formas de hacer política que surgen hoy incluyan un mayor y explícito reconocimiento de los derechos de las minorías a hacerse oír y sentir en corporaciones públicas como  esta, hasta hacernos remover las conciencias.

Pero no es necesario reducirnos a citar extranjeros de autoridad para justificar la decisión plebiscitaria del año pasado. También existen antecedentes participativos en nuestro propio pueblo., que tienen que ver con las tradiciones de la ayuda mutua y la solidaridad que aparecen espontáneamente en zonas de colonización campesina, en combos y palenques de negros y en resguardos y reservas indígenas; antecedentes que se relacionan también con los cabildos antiseñoriales y los cabildos abiertos de españoles y criollos. Hay muchos casos de  “republiquetas” autónomas que vienen desde el siglo pasado, no sólo los de El Pato y Guayabero.

La historia nos lo enseña. Hubo participación democrática en la elección de curas párrocos por los feligreses en 1851; las hubo en las comunas de autogobierno local que siguieron al asesinato de Gaitán; en las experiencias de búsqueda de la paz en el Caguán y en La India (Cimitarra) antes de ser destruídas por los paramilitares; en las tomas de tierras para baluartes campesinos de Córdoba y Sucre en los años setenta. Hubo asomos de democracia participativa, medio socialista, en el gobierno de Melo en 1854 y ella surgió por unos meses con las Leyes del Llano en 1953. Luego, si podemos realizar los ideales de la participación democrática auténtica, con lo que tenemos y con lo que somos.
Los movimientos sociales y regionales a que he aludido, como puntas de lanza de la participación popular, se inspiran en ideas tales como el respeto a la diversidad y a las identidades culturales, el altruismo, el pluralismo y la tolerancia, todo lo que ha hecho posible el avance de la civilización. Es el Rousseau contra el Hobbes del Leviatán al que aludió aquí el doctor Pastrana. ¿Qué tal que no fuera así entre nosotros? La violencia sería peor de lo que está, ni habrían ocurrido los portentosos hechos de la vuelta a la civilidad y a la paz del M-19, el PRT, el EPL y el Quintín Lame, que rompen la maligna tradición de la violencia en Colombia, ni se habrían registrado las valientes luchas por los derechos humanos y la heroica resistencia inerme de compañeros de la Unión Patriótica, hechos que rompen la maligna tradición de la violencia en Colombia.

Por último, muchos han señalado que los regímenes federativos conducen más a la democracia de participación que los centralistas. No es volver a los esquemas ya superados de los Estados soberanos del siglo pasado, sino el enriquecimiento de la unidad nacional con la diversidad regional que nos caracteriza como nación, y de lo cual debemos enorgullecernos. Parte de la violencia actual podría explicarse por la incongruencia entre disposiciones autoritarias y centralistas vigentes y la realidad autógena, las aspiraciones y necesidades de las poblaciones en sus regiones.

Si la nueva Constitución de Colombia ha de ser inspirada por la democracia participativa, como es nuestro mandato, ella tendría que inclinarse hacia principios neofederales, descentralizantes y autonomistas, como se expresa en el texto de la Alianza Democrática M-19 que acabamos de presentar a la consideración de esta Asamblea. Es muy gratificante que estos principios generales hayan sido acogidos por ilustres constituyentes, algunos de ellos mis vecinos de curul, como lo hemos escuchado en anteriores intervenciones.

Muchas gracias.


Abril 12 de 1991



[1] Introducción del Editor.
[1] Nació en Barranquilla, departamento del Atlántico (1925 – 2008). Doctor en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia. Historiador, investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Nacional y escritor. Miembro de la Comisión de Límites con Venezuela. Miembro de la Comisión Segunda de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Desarrollador de la metodología Investigación, Acción Participativa (IAP). Cofundador de varios partidos de izquierda democrática como la Alianza Democrática M19 y del Polo Democrático Alternativo.
[2] Guardando las distancias, los consejos comunitarios del gobierno colombiano entre 2002 y 2010 tampoco son muestra y práctica de democracia participativa, ya que la voluntad del constituyente primario en la práctica no se tiene en cuenta, por cuanto la delegación del primer mandatario en subalternos, para que presuntamente dieran respuesta a las demandas de los asistentes, no se materializaban, como lo testimonian numerosos casos. En muchos de estos espacios, la asistencia era dirigida por los organizadores. (Nota del Editor).
[3] Subrayado del editor.
[4] Como ocurrió en abril de 2014, cuando la participación del movimiento agrario y campesino colombiano, así como de los movimientos urbanos nacionales, dieron nacimiento al proceso nacional de convergencia social y política CUMBRE AGRARIA, CAMPESINA ÉTNICA Y POPULAR. (Nota del Editor).
[5] También en 2014 el movimiento campesino y popular colombiano logró llevar al Senado de la República para el período Constitucional 2014 – 2018, a un campesino, salido desde los procesos sociales y de la fuerza política P.U.P que hace parte del POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO. (Nota del Editor).