lunes, 26 de agosto de 2013

¡Yo Apoyo el Paro Nacional de los Colombianos!

Por: Carlos Mario Marín Ossa

¡Yo Apoyo el Paro Nacional de los Colombianos!

Este debe ser el lema, la consigna de todos los colombianos en estos momentos. Pero no como quien repite un himno memorizado y repetido de forma mecánica y sin reflexión. Por eso, se hace necesario que como ciudadanos, como colombianos de a pie, como integrantes del pueblo colombiano en el cual reside la SOBERANÍA y del cual emana el PODER PÚBLICO -lo dice la Constitución Nacional- nos preguntemos ¿Por qué Colombia está en paro? ¿Por qué los campesinos, los transportadores, los pequeños mineros, los empleados del sector salud, las madres comunitarias, los lecheros, y pronto los profesores, están en paro?

Foto/ Carlos Mario Marín Ossa

Foto/Carlos Mario Marín Ossa


Deteniéndonos un poco, saliéndonos por un momento del vértigo del día a día, encontraremos en las noticias de los periódicos, la radio y la televisión; pequeños vestigios que nos indican la realidad colombiana. Pero se hace necesario también hablar con diferentes personas, con el campesino, con el médico, con el camionero, con el profesor. Saber cómo viven, qué esperan de su país, que le han dado a la patria y qué han recibido. Entonces, comprenderemos por qué estamos en paro.

El modelo neoliberal, que no es más que una forma de hacer las cosas en las esferas económica y política     -luego termina influyendo hasta en las relaciones más íntimas de la sociedad- dicta que el quehacer económico del mundo, lo debe dictar el mercado. El Estado y su función social de Bienestar, debe ser reducido al máximo, porque el mercado manejado por el capital privado, debe proveer todo lo que la sociedad necesita para satisfacer sus necesidades. El "mercado y el capital privado" deben determinar como se combinan y asignan los recursos de la sociedad para producir los bienes y servicios que cubran dichas necesidades. Pero por fuera de los textos de economía, el mercado no es perfecto, existe monopolios, duopolios, oligopolios. Existe concentración económica y financiera en pocas manos, existe el lucro que no tiene piedad con las necesidades ajenas. Tan sólo con las propias.

Por eso, cuando la salud pública, los servicios públicos domiciliarios, la educación pública, el campo y su producción, los recursos mineros; riqueza que le pertenece en conjunto al pueblo colombiano, es entregada al capital internacional (e incluso local en posición monopolista o dominante), podemos estar seguros que no se trabajará en beneficio de la sociedad en su conjunto, sino en beneficio de la ganancia de unos pocos. Y los TLC´s que Colombia ha firmado con E.E.U.U. y la Unión Europea son eso: favorecimiento hacia la ganancia de unos pocos a costa de la miseria y el sufrimiento de millones de colombianos.

Y no significa que esté en contra del comercio o de la ganancia del empresario. No. Significa que estoy en contra de convertir las esferas del Estado encargadas de producir bienestar social y calidad de vida, en mercancías de explotación sumaria a favor de un reducido grupo de personas nacionales o extranjeras. Por ende, estoy a favor de distribuir la riqueza del Estado de Bienestar de forma equitativa, para que exista en colombia un gobierno que combine la mayor suma de bienestar, felicidad y estabilidad -palabras de Simón Bolívar-.

Los invito a ver los siguientes videos, para que entendamos ¿Por qué estamos en paro? 

¿Por qué estamos en Paro?


Documental 9.70 - de Victoria Solano-

viernes, 9 de agosto de 2013

CIUDAD, CIUDADANO Y CIUDADANÍA

Por: Carlos Mario Marín Ossa *
         @MarioossaM

La ciudad desde la época de los griegos, ha sido el espacio en donde se desarrollan las relaciones sociales de quienes habitamos en ella. Dichas relaciones han evolucionado dentro del marco de la democracia que en un principio sólo podía ser practicada por quienes tenían derechos en la “civitas” o ciudad griega. Estos ciudadanos con derechos eran por supuesto los hombres griegos, ya que ni las mujeres ni los esclavos eran considerados ciudadanos. Hoy en día las mujeres participan con plenos derechos ciudadanos y los esclavos no existen –se supone- en una sociedad que ha expandido el concepto de ciudadanía a cualquier organización humana, sin importar el espacio geográfico que habite.

Pero el ciudadano (ya expresamos que el habitante rural lo es también) adquiere además de sus derechos unos deberes para con su entorno tanto físico, como humano. El punto en donde ambos se encuentran son los valores cívicos. Como tengo derecho a la libre expresión, mi deber es respetar las ideas que expresan otros; sin perjuicio de la sana crítica y el debate ante puntos de vista que considero errados o nocivos para la sociedad. Mi derecho a la paz va íntimamente ligado con el deber de procurarla y defenderla, de no ser transgresor del respeto por la persona humana, su dignidad y libertades. Como tengo derecho al sufragio, mi deber es ejercerlo sin vender mi conciencia, actuando dentro de un sistema democrático que garantice que el orden político está sirviendo a los intereses del pueblo del cual emana el poder público. El derecho que me otorga la Constitución Nacional a la participación efectiva, me genera el deber de apropiarla, es decir, de participar efectivamente dentro del marco constitucional y la Ley. Los servidores públicos están en la obligación de garantizar los espacios de participación, para tratar los temas de ciudad y en general todos los asuntos que me afectan como habitante de la ciudad, es decir, como ciudadano. Como tengo el deber de aportar al fisco, tengo el derecho de saber en que se invierten mis impuestos y cómo los administran los servidores públicos, que son mis empleados.

Cuando llevo a la práctica los deberes y derechos que tengo como ciudadano, estoy ejerciendo mi ciudadanía y ayudando con ambos a la construcción y cuidado de lo público.

Algunos servidores, empleados, trabajadores, administradores o como se les quiera llamar a los elegidos o designados para el trabajo público; parecen desconocer esta realidad o ignorarla adrede. Se molestan cuando se les fiscaliza, nos miran con desdén, nos engañan, nos ignoran y en casos más aberrantes, nos asaltan, no sólo en nuestra buena fe sino que a veces el asalto va más lejos.


Deben recordar ellos (y también nosotros), que tenemos la triple condición de seres humanos, ciudadanos y contribuyentes. Derechos por donde se mire, pero también deberes. Y estos servidores públicos también son ciudadanos.