sábado, 27 de febrero de 2016

CAMILO TORRES RESTREPO : UN REFERENTE PROPIO DE DIGNIDAD Y AMOR EFICAZ

Es necesario que los jefes sepan que
no podrán llegar a servir lealmente a la revolución
 si no es mediante un sacrificio personal,
por ese ideal, hasta las últimas consecuencias.

Camilo Torres Restrepo





Por. Magisterio Alternativo de Inclusión Social.
Un Pueblo que a la usanza de los referentes implantados por las élites nacionales y extranjeras, se ve a si mismo como un elemento mínimo de la historia, subyugado ante el poder y la decisión de una minoría que protege sus intereses de clase, encuentra en la persona de Camilo Torres Restrepo ese ser que los confronta con su propia realidad. Un hombre mestizo que nace en el seno de una familia anticlerical, de clase media, heredera de las ideas del liberalismo radical y socialista; toma decisiones trascendentales derivadas de su contacto permanente con ese pueblo que ES a su imagen y semejanza, que vive las necesidades generales que también lo alcanzan, que requiere encontrarse en un rostro y unas ideas con las cuales su mundo, sus vicisitudes y su esperanza confluyan y encuentren eco.
Así el Camilo estudiante, sacerdote, sociólogo, educador, político y revolucionario surge al lado de la memoria de Jorge Eliécer Gaitán, María Cano, José Martí, Ernesto Guevara, Simón Bolívar, Fidel Castro y otros latinoamericanos que asumieron su papel histórico hasta las últimas consecuencias.
Camilo decide ser sacerdote en medio de un pueblo profundamente religioso porque entiende que es la mejor forma de dialogar con ese pueblo, caminar con él, aprender de él y con él, interpretar sus anhelos, sus problemas y buscar las soluciones que lo dignifiquen.
Camilo decide ser sociólogo porque entiende que es necesario realizar un diagnóstico científico de la nación como de la misma forma debe realizar una propuesta de país al lado de los sectores populares.
Camilo decide ser educador porque reconoce en la juventud un caudal incontenible de fuerza revolucionaria, de futuro de un país digno.
Camilo asume muy a su pesar reducirse de las funciones sacerdotales ante el embate de las élites seculares y eclesiásticas que resintieron sus propuestas, las mismas que tocaban sus intereses mezquinos en favor de las mayorías nacionales, pero lo hace porque su compromiso con el pueblo era superior a su interés personal por el sacerdocio. Es el avance en la materialización de su propuesta de amor eficaz.
Camilo decide ser ejemplo de teoría y práctica política porque entiende que el sustrato filosófico de la propuesta de un mundo mejor es un hecho político que requiere sujetos políticos comprometidos y probos.
El diagnóstico y propuesta de país que realizó se encontraba entre los vericuetos del ADN de las clases populares, de los pueblos originarios y afros; y que nos es otra cosa que la decisión soberana de construir un mundo digno a la medida de su cosmovisión, de su historia, de su derecho a ser humanos, a ser autónomos. Es la visión de un mundo justo y noble.
Su legado histórico trasciende el señalamiento de la élite de su condición de revulsivo social, de revolucionario comprometido y coherente. Su figura humana se alza victoriosa por encima de la táctica de miedo a su nombre y a sus ideas, a sus decisiones más estremecedoras. Su ejemplo se remonta a través de los laberintos del tiempo, de las generaciones, porque su práctica del amor eficaz al lado del pueblo es sincera, porque caminó con los estudiantes, con los creyentes y no creyentes, con los trabajadores y sindicalistas, con las fuerzas políticas que tenían elementos revolucionarios a favor del pueblo, porque fundió su ser y su esencia con la de esos sectores populares que amó, defendió y acompañó.
En su vida y legado, Colombia, América Latina y el mundo popular encuentran al ser histórico que trasciende su paso material por la vida y se vierte en la historia.
Sólo morimos de verdad cuando nos olvidan. Camilo es recordado y su propuesta está vigente. Camilo Vive.

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