martes, 4 de noviembre de 2014

Risaralda ¿Cómo vamos?


Por: Carlos Mario Marín Ossa

         @MarioossaM



Este seis de noviembre, se dan a conocer nuevamente y por cuarta vez, los resultados del estudio Pereira ¿Cómo vamos? Una iniciativa del sector empresarial y la academia, sectores que aunque se oculte, en gran medida han participado en el pasado y en el presente del ascenso de la clase política que hoy “desgobierna” el departamento y sus municipios con muy pocas excepciones.

Y aunque los resultados presentados anteriormente muestran una radiografía muy triste para la región – la cual ha sido imposible de ocultar -, dichos sectores impulsores del programa continúan vendiendo una imagen de progreso y positivismo a través de sus procesos y de los medios de comunicación, imagen que no refleja la realidad que se palpa en las calles y en los campos.

Por ejemplo, si miramos lo ocurrido el pasado treinta y uno de octubre en Pereira, podemos decir que vamos mal, muy mal. Hordas de hombres y mujeres se desplazaban por las calles del centro de la ciudad, se concentraron en parques como El Lago, La Plaza de Bolívar y Ciudad Victoria, en medio del paroxismo y la orgía de sentimientos represados, para explotar sin vergüenza en la agresión a sus conciudadanos, destruir bienes públicos, atacar a la policía que impotente vio como a uno de sus efectivos un grupo de muchachos le robaba el arma de dotación y lo golpeaban mientras se amparaban tras el filo de los machetes, el licor y la droga. Varios robos se efectuaron y el espectáculo de la sociedad pereirana de los estratos bajos fue bochornoso. La alta sociedad, se encontraba en sus fincas y clubes en un mundo ajeno al terrenal, planeando cómo continuar la hegemonía del desmadre.

Entre tanto, la prensa hace gran despliegue de las aspiraciones políticas “renovadoras” del cartel de los mismos. Políticos (¿?) investigados, cuestionados por sus actuaciones pasadas y presentes, se niegan a responder a las preguntas ciudadanas sobre el destino cierto del erario, sobre la feria del patrimonio ancestral. Los alcaldes de los dos grandes municipios del departamento, ahora resultaron con lazos y reconocimientos desde México, reconocimientos a unas capacidades que claramente no poseen y a unas gestiones que no entendemos por qué merecen exaltación.

Ad portas de un nuevo año electoral local, curiosamente la gran mayoría de la prensa de esta provincia ha desembocado en una andanada de buena imagen de los mandatarios que hasta hace poco cuestionaban duramente. Escucha uno contar cómo presuntamente en algunos de estos medios han reunido a los periodistas para darles la orden de impulsar la imagen de mandatarios. Y curiosamente, algunos familiares de los “dueños” de los medios están vinculados profesionalmente a las administraciones bendecidas con la prensa sesgada.

Por otro lado, el retirado rector de la universidad más importante de la región        – tristemente célebre por sus maniobras para perpetuarse en el alma mater – ahora funge como candidato a la alcaldía de la capital. Panorama terrible para la casi inexistente democracia local, para la posibilidad de desarrollo sostenible en la región y para el rescate de prácticas políticas idóneas. Es mi opinión.

Como si fuera poco, en todos los círculos de la ciudad, ya se escucha quién será el nuevo rector de esa universidad emblemática. Ni siquiera se ha surtido el proceso, pero ya se sabe quién será. Así como antes del nombramiento de gerentes de las ESE Hospital San Jorge y Salud Pereira, ya sabíamos todos el nombre de quienes irían a ganar. Era vox populi. Y las “predicciones” han acertado.

La red pública hospitalaria se debate en agonía, las carreteras secundarias y terciarias del departamento sufren los embates del invierno, la improvisación y la desidia. El nivel de desempleo se muestra con el pecho inflado en niveles de disminución gradual, pero se esconde la fórmula para calcularlo y se desconoce que el nivel de informalidad supera el cincuenta por ciento de la población económicamente activa. Las demandas ciudadanas como en el caso de los avalúos en Dosquebradas, duermen el sueño más injusto, en los anaqueles de los tribunales regionales.
 
Son muchas más cosas. Que me tilden de pesimista. Pero cerrar los ojos a la realidad no cambia dicha situación. No me seduce la ilusión de amor general de los realities, entiendo los métodos de manipulación mediatica y me rebelo contra el intento de confundir a través de la sobreinformación sin profundidad ni análisis. Se que soy minoría, pero es mejor saber aunque ello genere angustia.

Risaralda ¿cómo vamos? En las calles se obtiene la respuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario