viernes, 20 de noviembre de 2020

EL VIRUS Y EL VIRREY

 


“El patriotismo es la virtud de los sanguinarios”

Óscar Wilde   



Una enfermedad ataca al pueblo colombiano desde los tiempos de la Conquista y la Colonia, cuando estas tierras fueron invadidas y tomadas por vagos, vividores, delincuentes, violadores y frailes; que se impusieron a través de la violencia y de una fe obtusa que negaba de plano cualquier asomo de racionalidad y de ciencia. El objeto era apoderarse de estas latitudes que ofrecían inmensas riquezas para acumular y seres humanos para esclavizar, en la empresa de conseguir sin esfuerzo la fortuna que se le arrancaba a los dueños de los territorios tomados.

El agente infeccioso atacó de forma recurrente todos los espacios de la vida, para reducir los cuerpos, las mentes y las culturas; ha ido mutando a través del tiempo para resistir las defensas de los pueblos en procura de liberarse de tamaño mal y, por el contrario, infectar cada vez más seres incluso dentro de sus víctimas, de tal forma que la materia vital que contiene su poder de destrucción, se envuelva cada vez en mayores capas de protección a los remedios.

El virus se transportó en 1492 a través de los mares del Atlántico por orden de los déspotas que reinaban en la España que aún estaba inmersa en las estructuras de la edad media y el oscurantismo.

Para el 16 de septiembre de 1803, en protección del virus y su reproducción, llegó como agente el Virrey Antonio José Amar y Borbón Arguedas, de la dinastía de los Borbones ibéricos y casado por conveniencia (business are business ) con la integrante de una familia rica que esperaba fortalecer su posición social al emparentarse con alguien de la élite aristocrática.

Aunque se le reconocen desde los libros oficiales de historia una buena ejecución de sus labores militares previas a la designación (por parte de alguien más poderoso) como Virrey de la Nueva Granada, también se reseñan sus escasos o nulos méritos en términos de administración de la cosa pública, del desarrollo de la política y por supuesto del respeto de los derechos humanos (que ya tenían antecedentes en varios lugares del planeta ). Fue a la postre el último Virrey, tanto por su propia ineptitud y decadencia como por aquella que arrastraba el virus peninsular que había infectado a América Latina. Con María Francisca Villanova conformaron la última pareja que encerrada en la burbuja de sus vanidades, no atendieron las necesidades que reclamaba la población y actuando de forma altiva y pusilánime, perdieron el control en manos de grupos criollos. Estos últimos, han seguido propagando el virus y sus mutaciones, pues venían infectados.

En estos tiempos de la posmodernidad, de la posverdad y de la cuarta revolución industrial y tecnológica, aún en Colombia el virus hace presencia. La mutación más violenta y reciente ya cuenta treinta años, dejando como resultado al menos diez leyes que suprimieron las garantías de millones de trabajadores (hombres y mujeres) humildes, otras varias que convirtieron en negocio los derechos de salud y educación, otros efectos letales dieron cuenta del sector agropecuario, de la pequeña y mediana empresa manufacturera y de servicios. Han sucumbido también a la mortal mutación cerca de cinco millones de desplazados y recientemente, alrededor de doscientos muertos en por lo menos cincuenta masacres. El virus también ha atacado y despedazado un proceso de paz. En estas tres décadas, se transportó en camionetas 4 X 4, en avionetas con licencia oficial, a través de las redes sociales y de los reclinatorios de iglesias y sectas llenas de fanáticos.

Por supuesto, el virus ha favorecido con enorme generosidad a todos sus agentes infecciosos.

El actual Virrey, comparte enormes similitudes con aquel Amar y Borbón en todas las esferas de la vida personal, profesional y pública (). Inmerso en una burbuja de vanidad, soberbia e indiferencia para con las gentes vulnerables ante el virus, camina el sendero que otrora siguiera el familiar de los reyes españoles.

Dos referencias recogidas en textos, uno de historia verdel Banco de la República y otro de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, ilustran con pasmosa precisión la realidad del Virus y del Virrey que transitan los estertores del 2020:

“Los virus son como secuestradores. Invaden las células vivas y normales y las usan para multiplicarse y producir otros virus como ellos. Esto puede matar, dañar o mutar las células y enfermarle” (ver).

“Llegaron en 1803, un 16 de septiembre lluvioso, y Santafé los recibió con algarabía, gastando dinerales en agasajos de recepción. Él, con una vejez precoz, más por convicción que por condiciones físicas, padecía de una pronunciada sordera que con seguridad utilizaba a conveniencia. Tenía 60 años cuando fue nombrado virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada, el 26 de julio de 1802. A pesar de sus destrezas militares, poca o ninguna experiencia tenía en las cuestiones administrativas. Ella, varios años menor, era hija del acaudalado comerciante don Eugenio de Villanova, natural de Sadaba, de quien había aprendido a amar el dinero y manipular precios y mercancías. No era especialmente bella y nunca logró hacerse querer por sus súbditos del Nuevo Reino” (ver).

Tal vez estamos ante el último Virrey que ha sido puesto para proteger la mutación del virus que nos atormenta desde hace treinta años.

@MarioossaM

domingo, 15 de noviembre de 2020






 En este siglo veintiuno, época de la ciencia ficción, de la imaginación como factor económico, de la importancia manifiesta de los medios de comunicación y de todo lo que alrededor de ellos se da, aventurémosnos a inventarnos una historia, de mentiras, un ejercicio literario  y por cierto, disparatado; a propósito de la imposibilidad de acceder a la Feria del Libro 2020, la cual no se ha podido realizar en la ciudad por motivos de la crisis sanitaria del COVID 19. Sólo un ejercicio novelesco, repito, ficcionado; para recordar y honrar también la imaginación de nuestros maravillosos escritores y de nuestras maravillosas escritoras. Para distraernos un poco del tedio al que nos someten la cuarentena y el aislamiento social necesarios para protegernos del virus mortal.

Miranda –  Cauca

Septiembre 24 de 2020

Agencia de Prensa

 

En inmediaciones de la vereda Guatemala, jurisdicción del municipio de Miranda, departamento del Cauca, siendo aproximadamente las nueve de la mañana de este jueves; unidades del ejército nacional, en combates con un grupo narcoterrorista que delinque en la zona, dieron de baja a alias Juliana y a otros tres bandidos que la acompañaban, conocidos como alias el Mozo, alias el Amigo y alias El Invisible.

Los criminales se desplazaban en un vehículo de color beige, en cuyo interior fue encontrado abundante material de intendencia, varios kilos de base de coca, así como de marihuana tipo crippy. Fueron hallados también panfletos alusivos al gao terrorista y listas de empresarios de la zona que iban a ser extorsionados.

Esta casa periodística conoció en EXCLUSIVA detalles macabros del pasado criminal de alias Juliana, quien nació como hombre, pero quien se disfrazaba de mujer para atraer a hombres pervertidos y reclutarlos en la organización criminal. Fuentes de inteligencia del Estado nos indican que alias Juliana inició su vida de desenfreno y degenero hace aproximadamente quince años. Sin embargo, su trágico final fue el resultado de sus acciones criminales.

El alto gobierno felicitó a las unidades de héroes que neutralizaron a estos peligrosos bandidos y devolvieron la paz y la tranquilidad a la zona.

Por su parte, la jerarquía religiosa del país manifestó su apoyo al valiente accionar de las instituciones que salvaguardan la honra, vida y bienes de la gente de bien. Asimismo, señalaron que una vida de pecado, en donde se eligen opciones anti natura, sólo pueden conducir al dolor, a la abominación y a la muerte.

Finalmente, importantes personalidades del sector empresarial resaltaron la fundamental protección que reciben, al tiempo que rechazaron esa vida criminal alejada de las buenas costumbres, de la familia tradicional y del respeto a la tradición y a la propiedad; máxime en un país que está bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen de Chiquinquirá.

La noticia tal vez no fue porque una de las víctimas no murió en el acto y tenía a disposición la cámara de un teléfono celular (Puede ser una variante para el final de este cuento). Y por supuesto, porque se trata de ficción.

@MarioossaM

domingo, 20 de septiembre de 2020

UN DÍA DE FURIA

 



(Publicado originalmente en https://www.lacoladerata.co/opinion/un-dia-de-furia/ )


Comienzo por reconocer que entre la fuerza pública existen hombres y mujeres que genuinamente ingresan a estas instituciones para prestar un servicio serio, legítimo y legal a la población. Lo hemos visto. Pero, desafortunadamente, de forma histórica y en los últimos tiempos, se ha develado una actuación creciente y sistemática en donde una gran cantidad de estos efectivos se dedican a actividades de maltrato, de abuso, de complicidad y liderazgo de redes criminales que atentan contra la población y contra la nación.

La jornada de protestas e indignación que se desencadenó este nueve de septiembre en varias ciudades del país, y de forma concreta en Bogotá, terminó en una violenta ira en contra de la policía y lo que esta representa hoy para una gran porción de la población colombiana. El detonante fue el cruel asesinato del abogado Javier Ordóñez, quien reducido por dos policías, suplicaba para que pararan las descargas eléctricas de la pistola taser, sin que fueran escuchadas sus lamentaciones y las protestas de los testigos del hecho. Posteriormente, al parecer fue golpeado brutalmente en el CAI al que fue conducido, lo que eventualmente le causó la muerte.

Pero la violencia ejercida en contra de la policía, no sólo es la respuesta de una población vejada de forma insistente, creciente y sistemática por aquellos que la “deben” proteger, sino también el acumulado de las violaciones de mujeres detenidas dentro de buses y edificios policiales, los demás asesinatos como el de Dilan Cruz y del grafitero bogotano Diego Felipe Becerra, además de la mofa de muchos policías ante los reclamos de justicia, la arrogancia de los altos mandos para reconocer los crímenes, enmendarlos y erradicarlos, la desconexión e indiferencia del alto gobierno ante la realidad y la súplica del pueblo ante los abusos de todo orden que sufren día a día desde el Estado.

El fuego que se prendió anoche en Bogotá y en otras ciudades, no es sólo por el asesinato del abogado de 43 años, que deja una viuda y dos hijos huérfanos. No, en cada CAI incendiado, en cada piedra lanzada, estaba impregnada la ira y la impotencia por el hambre, por la falta de empleo, por el robo de la educación y de la salud, por la exclusión política de facto que acude a la trampa y a la violencia para “ganar”, por un Congreso que legisla en contra de las necesidades de los humildes.

No sólo se abrasaron edificaciones; también se incendiaron los cincuenta billones de pesos anuales que se roban los corruptos desde las altas esferas estatales y de los grupos económicos. En cada piedra iba encerrada una oportunidad negada, una cita médica no asignada, un muerto a las puertas de los hospitales, un dinero robado por los propietarios de las EPS. En cada vidrio roto, estaba representado el no futuro de ver cómo se le han entregado billones de dinero público a los banqueros, ganaderos, terratenientes y a Avianca, mientras se dejó que quebraran miles de empresas pequeñas y medianas; en tanto millones de colombianos y colombianas han pasado hambre a través de los años y de los meses de cuarentena.

La decadencia y degradación de la policía está a la vista de todos, por más que el actual “gobierno” insista en aplaudir las actuaciones de dicha institución y manifieste que es una institución pulcra, legítima y querida. Ninguno de estos adjetivos le es reconocida por quienes en barrios y veredas ven a diario como una gran parte de los uniformados cohonestan y participan de los males del país y de la población. Por más que desde la televisión y de la radio se intente generar una matriz de opinión favorable, los territorios atestiguan lo contrario.

Desde el nueve de abril de 1948, las élites colombianas conservadurizaron a la fuerza pública, y se transformó, a quienes habían nacido como “un cuerpo armado de carácter civil que tenía la misión de salvaguardar la convivencia y la seguridad ciudadana”, en una policía política. Por eso, la policía depende del ministerio de Defensa y no del ministerio del Interior. Pero, para las actuales condiciones de fascismo reinante, da igual que esté en una u otra cartera.

Durante las elecciones presidenciales de 2018, en mi caso particular, fui hostigado por la policía, tan sólo por llevar puesta la camiseta del entonces candidato Petro. En la visita que realizó la fórmula presidencial Ángela María Robledo a la ciudad de Pereira, entre la primera y la segunda vuelta, los policías asignados para acompañar el evento, de forma abierta hablaban mal de dicha candidatura, para que los asistentes y transeúntes de la Plaza de Bolívar los escucharan. En mi sitio de votación, en donde fui testigo electoral, los policías que se encontraban a la entrada del mismo, hostigaron y le faltaron al respeto a quienes se acercaban a saludarme. Los tildaban de guerrilleros. Es una policía política que no está al servicio de todos los colombianos.

¿Por qué no denuncié? ¿Ante quién, ante la policía?

Desde el gobierno de Uribe se incrementó de forma exponencial el reclutamiento de pie de fuerza (no es claro bajo qué parámetros y filosofía), pero allí mismo se incrementaron los desafueros policiales, dados a conocer preponderantemente a través de la prensa y la comunicación alternativa y ciudadana por medio de las redes sociales, en tanto que son desconocidos o manipulados por los medios corporativos.

Con el confeccionamiento y aprobación del vigente Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana se dio un proceso hegemónico desde las élites y las altas esferas de la institución armada, que excluyó la discusión democrática, las realidades y necesidades de la ciudadanía. Todo lo que en aquel momento se señaló como potencialmente favorecedor de los abusos contra la población civil, el desconocimiento de los derechos humanos y el recorte de las libertades civiles, se ha evidenciado como algo que ocurre al amparo del gobierno y de los medios de las élites.

Haciendo un paneo de estos medios corporativos, luego de la jornada de furia, una vez más ponen el foco en los daños a edificios e infraestructura (situación desastrosa y lamentable), pero ocultan el contexto histórico y lo que es peor, las causas estructurales, las muertes por la brutalidad policiaca, e insisten en adoptar eufemismos oficiales para denotar la situación. Valorizan los daños económicos y desconocen el valor de las vidas arrebatadas. En tanto, replican el programa de entretenimiento oficial de las seis de la tarde. Las decenas de videos y denuncias de policías disparando de forma indiscriminada sus armas de dotación, fueron ignoradas de forma deliberada por los medios de comunicación de los pulpos económicos. Sólo City TV hizo, hasta el momento de escribir estas líneas, un cubrimiento objetivo de los hechos.

¿Qué se le hace en los centros de instrucción, a los pobres que se reclutan para vestir el uniforme, para que levanten las armas contra la población que deberían proteger mientras agachan la cabeza ante los poderosos?

En la policía hay integrantes honestos, que piensan y trabajan en pro del bienestar público. A ellos corresponde desde adentro eliminar a aquellos que son abusadores y criminales amparados por un uniforme, y transformar a dicha institución en algo que esté realmente al servicio del pueblo.

@MarioossaM